Jorge Javier Vázquez temblando del susto, “Yo no vuelvo nunca más a Lisboa”

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Pocas cosas tan ciertas como que si algo va mal, aún puede ir a peor. Puedes estar en una situación con el agua al cuello, pensando que has tocado fondo, y la vida se saca otra bofetada de la manga que te deja temblando y sin saber qué hacer. Ahí la llevas.

Un ejemplo de lo que empieza como unas merecidas vacaciones en Lisboa y acaba en un “pero cómo demonios he llegado hasta aquí” la narraba Jorge Javier Vázquez en el blog que publica en la revista Lecturas. El presentador desconectaba de sus múltiples trabajos con un fin de semana de asueto en Lisboa, y nada más llegar, sus planes de plácidos paseos por la ciudad portuguesa se iban al traste por las fuertes lluvias y su mala elección del calzado, que a punto estuvo de llevarle al suelo en más de una ocasión.

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Pero Jorge no se dio por vencido, y después de un buen almuerzo y una reparadora siesta, salió a la calle cámara en mano para realizar unas fotografías maravillosas”, pero todo se comenzó a torcer “en el restaurante en el que entro a cenar a las siete de la tarde” donde “sucede la tragedia”.

La tragedia de la que habla el presentador es que en dicho restaurante le robaron todas sus pertenencias, incluida la documentación y teléfono móvil. Después de denunciar en comisaría, y de que los agentes le asegurasen que no tendría ningún problema en coger un avión destino a Madrid, la cosa empeora a su llegada al aeropuerto, convirtiéndose la historia en una película de terror. 

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Jorge Javier explica que, aunque les detalló la situación e incluso les dijo que trabajaba en televisión, los empleados del aeropuerto no le hicieron mucho caso. Parece que la emisión de Sálvame no cruza fronteras: “Nervios. Colapso. Les digo que trabajo en televisión, que tienen fácil saber que soy yo el de la tarjeta de embarque mirando en internet. Pero todo les debe sonar muy marciano porque no me hacen ni caso. Que vaya a la embajada para que me den un salvoconducto. Como si estuviéramos en guerra”.  

Finalmente, gracias a la ayuda de un chico de Puertollano y a su insistencia, el presentador pudo abandonar Lisboa, eso sí, con la promesa de no volver a la capital portuguesa ni para cobrar una herencia: “Les digo al borde del llanto que tengo función por la tarde. Me ven tan desesperado que se conforman con que les enseñe vía mail mi DNI. Un chico de Puertollano me deja su móvil y mi cuñado me envía el dichoso documento. Me dejan volar. Todavía estoy temblando. Así como la Jurado dijo “No vuelvo más nunca al AVE” yo no vuelvo más nunca a Lisboa en un ratito”. Una historia que pone los pelos de punta.

 

 

 

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