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10 historias que demuestran que es posible encontrar a tu media naranja en cualquier lugar

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El proyecto The Way We Met publica historias reales, fotos y vídeos de parejas felices, las cuales cuentan sus grandes historias de amor.

Hoy hemos querido recopilar las 10 que más nos han emocionado:

Se enamoró por segunda vez

 

 
 
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Después de una serie de ataques epilépticos, Jessica Sharman perdió la memoria. No recordaba su nombre, ni a sus seres queridos y su novio Richard Bishop se convirtió para ella en un desconocido junto a quien se sentía incómoda. Pero Richard no se rindió y comenzó a ganarse la confianza de Jessica otra vez. Su amor y su paciencia volvieron a conquistarla.

“Yo no lo conocía para nada, pero él se comportaba como si nos amáramos. Traté de cortar la relación, pero él se veía muy vulnerable. Me prometió que me ayudaría a recordar lo bien que la pasábamos juntos. La fuerza de sus sentimientos y sus cuidados finalmente me convencieron de darle a la relación otra oportunidad. No recuerdo la primera vez que me enamoré de Richard, pero sin dudas recuerdo la segunda”.

Un encuentro en el tren

 

 

 

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“Recuerdo la primera vez que vi a Mark en el tren, camino al trabajo. Fue amor a primera vista. Después lo veía todos los días, pero él siempre estaba absorto en un libro. Me atreví a una acción desesperada: le entregué una carta, en la que lo invitaba a salir. Estuve loca de nervios todo el día, hasta que a las 17.30 me respondió que no podía aceptar mi invitación porque tenía novia.

Pasaron ocho meses. Mark y yo seguíamos siendo compañeros de viaje que no se hablaban. Pero un día, recibí un mail en el que él me invitaba a salir. Resultaba que su relación había terminado unos meses antes. Nuestra primera cita fue perfecta, tres meses después ya vivíamos juntos y tres años más tarde él me propuso matrimonio. En un tren, por supuesto”.

Intereses en común

 

 

 

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“Hoy en día me parece una locura haber encontrado el amor en un sitio de encuentros. Cuando nos conocimos, yo tenía 33 años y Chris, 35. Ambos estábamos preocupados porque creíamos que ya no encontraríamos el amor, pero, por suerte, no fue así. Chris y yo somos fanáticos del fútbol. Cuando vi su foto, me llamó la atención porque llevaba puesta la cazadora de su equipo.

Como hacía frío, me negué a ponerme un vestido (incluso para una primera cita) y le propuse a Chris pasar la tarde en un ambiente informal. A él no le importó. Fui a su casa, pedimos comida y simplemente nos quedamos viendo televisión. Nos sentíamos como si nos conociéramos desde hacía una eternidad. Desde entonces pasaron dos años y medio, estamos casados y hace poco nació nuestra hija”.

En el lugar correcto, en el momento indicado

 

 

 

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“Conocí a mi esposa por estar en el lugar correcto, en el momento indicado. Mis amigos me habían invitado a una discoteca. Yo no quería ir, pero uno de ellos me convenció diciéndome que quería presentarme a una linda mujer. Era, en efecto, guapa, pero cuando comencé a conversar con ella vi de reojo a otra mujer y ya no pude quitarle los ojos de encima. Se llamaba Claire.

Enseguida la invité a bailar y más tarde le pedí permiso para besarla. Se puso colorada hasta las orejas y asintió. Ese beso me pareció pura magia. Volvimos a la mesa y conversamos durante horas. Después volvimos a vernos y cinco meses más tarde le hice la pregunta más importante. Ahora, ya hace siete años que estamos juntos, tenemos dos hijos y muchos momentos de felicidad vividos”.

Un equipo único

 

 

 

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“Conocí a mi marido Pete en la universidad. Su hermana Nancy era mi compañera de cuarto y vi una foto de Pete que ella tenía. Le comenté que me parecía lindo y ella insistió en organizarnos una cita. Eso pasó hace 34 años. Desde entonces somos inseparables. Soy diseñadora de interiores, Pete es ingeniero y nuestras habilidades nos ayudaron a crear un equipo único.

Hemos criado a tres hijos maravillosos que ya tienen sus propias familias. Valoramos cada instante que pasamos con ellos y con nuestros dos nietos (¡el tercero en camino!). Desde hace muchos años tenemos una tradición: varias veces por semana salimos de paseo con nuestro labrador. Solo es una manera de muchas que tenemos de fortalecer nuestro matrimonio.

Encontraron el amor en una lavandería

 

 

 

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“Conocí a Josh en una lavandería. Yo vivía temporalmente en la casa de una amiga que no tenía lavadora, así que debí buscar una lavandería. No fue fácil encontrar una, pero al fin vi a un joven que caminaba con una canasta llena de ropa sucia y le pregunté dónde podía lavar la ropa. Él me mostró la lavandería que usaba, era un cuarto con dos lavadoras.

Yo hablaba alegremente con él, pero al principio no le presté mucha atención. Me pareció que era tímido, aunque guapo. Nos separamos para hacer nuestras cosas y cuando volví a buscar la ropa limpia, encontré una nota: Josh me invitaba a beber un café. Después de la primera cita nos vimos todos los días. Ahora estamos comprometidos. No puedo esperar para lavar su ropa hasta el fin de mis días (es broma)”.

Es el destino

 

 

 

 

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“Nuestra historia de amor se parece a las que nos muestran en las películas. Yo regresaba de un viaje de negocios por Asia. Estaba haciendo el check-in en el aeropuerto de Bangkok cuando, de pronto, a mi derecha vi a la mujer de mis sueños. Pero cuando recibí mi talón de embarque y quise hablarle, ella ya no estaba ahí. Pasé las siguientes dos horas pensando: “¿y qué hubiera pasado si…?”

Llegó el momento de subir al avión. Adivinen a quién me crucé. Conversamos durante todo el tiempo que duró el vuelo y entonces entendí que ella era la mujer perfecta para mí. El avión aterrizó en Doha, yo partí hacia los EE.UU., ella, hacia Barcelona. No podía quitarla de mi cabeza y unas semanas después volé a España. Tres días más tarde decidí que me mudaría allí para siempre. Me arriesgué y no me equivoqué”.

La pareja más demente

 

 

 

 

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“Conocí a Thomas en una web de encuentros. Él vivía en Canadá y yo en Nueva York. Una semana más tarde, ya estábamos enamorados. Nos enviábamos SMS, hablábamos por teléfono y por Skype todos los días y tres semanas más tarde él dejó todo, excepto su perro y vino a Nueva York. El mismo día que nos vimos por primera vez nos mudamos juntos, con dos perros, a un estudio de 27 metros cuadrados.

Todos pensaban que estábamos locos, pero fue la mejor decisión de nuestras vidas. Él me propuso matrimonio con un caramelo de cereza en forma de anillo y nos casamos en un registro civil: solo nosotros dos y nuestros perros. Fue el casamiento de nuestros sueños. Somos la pareja más demente de la Tierra, lo sé, pero no lo cambiaría por nada en el mundo”.

Imposible de inventar

 

 

 

 

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“Hace tres años fui a hacer compras a un supermercado. Cuando salí, desbloqueé las puertas de mi 4×4 pero, al acercarme, vi a un hombre junto a él. Estaba guardando sus compras en mi capó. Le dije que el coche era mío, pero él se echó a reír y dijo que era su 4×4. Entonces volví a bloquear las puertas y se dio cuenta de su error: su coche estaba estacionado al lado.

Se puso pálido y se disculpó y yo, para desdramatizar el momento, hice una broma: “Puede dejar sus productos, me los quedaré con mucho gusto”. Y él respondió: “Solo si me prepara una cena con ellos“. Un par de semanas más tarde en verdad le preparé una cena en mi casa y así empezó todo. Cuando contamos nuestra historia, la gente a veces no nos cree, pero algo así es imposible de inventar. Es el destino”.

Nunca es tarde para dar el “sí”

 

 

 

 

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¡Nunca es tarde para encontrar el amor! Es lo que quisieran transmitirnos Murphy Wilson, de 70 años y Lucinda Myers, de 67. Al principio se admiraban a distancia. Lucinda creía que quien debía dar el primer paso era el hombre, pero cuando vio que Murphy dejó de asistir a la misa de los sábados, hizo una excepción. Se armó de valor y le dijo: “Últimamente ya nunca veo su maravillosa sonrisa”.

Comenzaron a salir y, un mes más tarde, Murphy le propuso a Lucinda matrimonio. Cuando vio a su novia caminando al altar se puso tan nervioso que quedó petrificado. El pastor hasta debió darle al novio un pequeño empujón, algo que le hizo bastante gracia a los invitados. Ninguno de los dos se estaba casando por primera vez: la esposa de Murphy había muerto en el año 2013 y Lucinda se había divorciado de su primer marido. Ella volvió a encontrar el amor 30 años más tarde.

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