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15 padres comparten el momento en el que empezaron a ver a sus hijos como pequeños adultos

Los padres creemos que conocemos a nuestros hijos a la perfección. Pensamos que sabemos cómo son porque, a fin de cuentas, vivimos con ellos. Pero hay ocasiones en las que su manera de comportar nos deja descolocados.

En ese momento nos damos cuenta de que no solamente no sabemos todo sobre ellos, sino que son más independientes de lo que sospechábamos. Atento a estas historias sobre cosas que hicieron los niños que cambió para siempre el modo de mirarlos de sus padres, es posible que te identifiques con más de una anécdota.

1.

2.

Hace poco estuve jugando a las escondidas con mi hija menor. Mi esposa estaba contando y los dos corrimos a la casa para escondernos. Nos escondimos en su habitación y mi esposa no pudo encontrarme. Pero sí encontró a nuestra hija. Cuando le preguntó dónde estaba yo, ella le dijo: “No lo sé, mami. ¡Vamos a buscarlo!”. Tomó su mano y se llevó a mi esposa. Pude oírla correr en medio de la confusión, asegurando a su madre que no sabía dónde estaba yo y tratando de guiarla inocentemente para que no revisara su habitación. Cuando finalmente mi esposa volvió a revisar el cuarto y me encontró, mi hija soltó una risotada, corrió hasta mí, me chocó los cinco y dijo: “¡Sí, papá! ¡No te he delatado! ¡¿Viste cómo la alejé?!”. Todos nos reímos, pero ahora sabemos que tendremos que vigilarla de verdad. Es muy astuta y miente demasiado bien para ser una niña de cuatro años.

3.

Mi esposo y yo tuvimos algunas conversaciones pasajeras sobre un familiar cercano que está luchando contra la depresión. Que sepamos, no lo habíamos discutido delante de nuestro hijo (que tiene apenas 3 años) ni tampoco habíamos mencionado ningún nombre. Pero la siguiente vez que fuimos a ver a esa persona, nos enteramos de que el niño lo llevó aparte y le dijo: “Te quiero, tío J. Lamento que tu corazón esté triste”. Fue un gesto dulce, él solo intentaba ayudar, pero mi marido y yo nos sentimos avergonzados. Ese día aprendimos que los chicos oyen TODO y que no podemos asumir que por parecer absortos en una actividad, no están prestando atención a lo que hablamos.

4.

5.

Mi hija siempre había sido “la callada” y “la tímida”, la que “tenía que salir de su caparazón”, la que “se intimidaba con facilidad”. Sin embargo, cuando tenía 4 años, nos mudamos a una hora de distancia de donde vivíamos y tuvimos que cambiarla de kínder. Estaba por terminar el año escolar, así que entró en una clase donde los grupos de amigos ya estaban establecidos. Pero ella se hizo amiga de una niña con la que nadie jugaba, y, lo cuento porque tiene que ver con la historia, tenía una gran marca de nacimiento en su cara. A las dos semanas de haber comenzado, me citaron en la escuela. Resulta que un niño le había dicho a la amiga de mi hija: “Creo que tienes la cara más fea del mundo”; y mi hija salió en su defensa y le respondió: “A nadie le importa lo que piensas, no eres importante”. La maestra pareció sorprenderse cuando notó que a mí su reacción no me había parecido mal. Pero no fue hasta que hablé con ella sobre este asunto que realmente me di cuenta: ella estaba siempre muy atenta a su entorno. Me contó todas las veces que el niño había hostigado a su amiga durante dos semanas; lo había asimilado todo y había reaccionado de una manera realmente apropiada. Cuando fue creciendo, ese rasgo de su personalidad se hizo aún más notorio: es callada porque lo observa todo, no porque sea tímida o algo la intimide.

6.

Cuando mi hijo tenía unos 3 años, estábamos en un parque a unos 2 minutos a pie de nuestra casa. Antes de salir, yo había puesto la cena en el horno y ya era casi la hora de sacarla. Pero el niño quería seguir jugando, así que le dije: “¡Vamos, Jay! ¡Vamos a casa a comer pescado! ¡Te encanta el pescado!”. Él no quería bajarse de la trepadora donde estaba y me respondió: “No quiero comer pescado. Quiero comer… delfín”. La forma en que lo dijo hizo que un grupo de niños grandes que había allí se riera. Me di cuenta de que lo había dicho específicamente para ser gracioso, y hacerlos reír. Entendí entonces que era un niño fuera de serie, y que probablemente sería la persona más divertida que jamás haya conocido.

7.

8.

Yo estaba doblando la ropa y mi hija parecía algo inquieta. Me acerqué para prestarle toda mi atención por un rato y me incliné sobre su corralito. Últimamente ha empezado a “darme” cosas, como su toalla, su servilleta o galletas durante la comida. Esta vez me dio su conejito de peluche. Yo lo hice saltar y se lo devolví; luego tomó su chupete ¡y casi me lo mete en la boca! Yo lo tomé e hice como si lo succionara durante unos segundos; se lo devolví y le agradecí por ser tan dulce y atenta. Porque en ese momento me di cuenta de que mi hija estaba tratando de compartir conmigo las cosas que ella disfruta. Sus servilletas, su osito que lleva a todas partes y su chupete. Estas son cosas que le gustan y quiere compartirlas conmigo. Mi hija es amable, considerada y compasiva. Me siento muy afortunada de tener una niña tan dulce 💖.

9.

Pasé la noche en el hospital con mi hijo menor, mientras que el mayor se quedó en casa con la abuela. Para cuando regresamos, hacía 26 horas que yo estaba despierta. Un rato después, no podía mantener los ojos abiertos, así que le pedí a mi hijo que mirara televisión en silencio y comiera algunos bocadillos. Necesitaba una siesta. Cuando desperté, la casa estaba impecable; él había guardado los libros y todos los juguetes. Estaba tan orgullosa de sus esfuerzos que lloré como una niña. Todavía me sorprendo de lo que hizo; podría haberse sentado a mirar dibujos animados durante una hora, pero eligió ayudar a mamá y limpiar.

10.

11.

Amo a mi hijo, pero reconozco que durante mucho tiempo fue algo obstinado y bastante antipático. Sin embargo, cuando era solo un adolescente y a duras penas nos hablaba a su padre y a mí, me sorprendió gratamente saber que pasaba mucho tiempo con nuestros vecinos cercanos, una pareja mayor. Ese pequeño niño malhumorado se había hecho amigo de la gente más amable de la cuadra. ¡Incluso los ayudaba con las tareas! Nunca había conseguido que limpiara su cuarto ni bajo amenaza, pero estaba allí afuera sacando la basura de otra mujer… Nunca estuve tan contenta y orgullosa.

12.

Cuando mi hija tenía 3 años, dijo que le gustaban las lunas. Entonces le conté que la Tierra tiene solo una; pero que otros planetas tienen más. Recuerdo que íbamos caminando hacia la tienda en ese momento y de repente se echó a llorar. Ella no quiso decirme qué le pasaba, pero cuando llegamos a la tienda, me rogó que le consiguiera un osito de peluche. Dijo que era un regalo y que tenía que hacerlo. Ya en casa me pidió escribir dos cartas: una era para Santa Claus (faltaba poco para Navidad), para preguntarle si podía recoger el oso y entregarlo a la Nasa si pasaba por allí. La segunda fue a la Nasa, preguntando si podrían llevarle el osito de peluche a la luna para que no se sintiera sola. Lo publiqué en la Nasa y puse nuestro correo electrónico. ¡Y pronto recibimos noticias de allí! Enviaron una foto con Photoshop de Teddy en la luna y explicaron (solo a mí) que donarían el Teddy a un hospital infantil. Ella siempre ha sido un amor para sus amigos y familiares, pero ese día me di cuenta de lo grande que es su corazón.

13.

14.

Recientemente perdí a mi perro, y he vivido con él durante 17 años. Y aunque puedo decir que mi hijo de 4 años no llega a comprender completamente lo que sucedió, sí entendió que yo estaba de duelo y quiso consolarme en mi dolor. Cuando llegué a casa después de haberlo puesto a dormir en el veterinario, él (que normalmente es muy independiente) me preguntó si quería jugar. Siguieron varios días así: me pedía salir, leer, armar rompecabezas y jugar en su habitación. Luego de un tiempo, sus actitudes volvieron a ser las de siempre. Entonces entendí que, aunque no podía comprender la muerte, sí creía que yo estaba muy triste y que las cosas que lo hacían sentir mejor a él también me harían sentir mejor a mí.

15.

Acabo de comprar un auto después de no tener uno durante bastante tiempo. La compra me costó la mayor parte de mi dinero. Le había mencionado a mi hija de 10 años que necesitaba comprar un asiento de coche para su hermana de 2 años, pero que tendría que esperar a volver a cobrar mi salario. Entonces ella, para ayudar a pagarlo, se ofreció a darme los $20 que su abuela le había obsequiado por su cumpleaños. Obviamente no los acepté, pero fue un gesto muy dulce, realmente me hizo feliz escucharla decir eso.

Y tú, ¿has sido testigo de historias como estas?