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25 mujeres que no quisieron a seguir los estándares de belleza y se negaron a teñir sus canas

Las canas no siempre son sinónimo de vejez, muchas veces el dejarse canas es una declaración de principios, o también, en muchos casos, porque las mujeres se ven mejor y más favorecidas con el pelo blanco.  Una serie de mujeres han compartido en instagram su historia y el por qué de este cambio.

Nos encantan tanto los testimonios como lo guapas y favorecidas que están con este look. Y es que sentirte con confianza y seguridad es sin duda el mejor tratamiento de belleza para resplandecer, como lo hacen ellas.

1.


“Noté que tenía canas casi al terminar mi adolescencia, pero no les presté mucha atención en su momento. Ahora me adelantaré rápidamente al principio de mis treinta, ¡después de dos hijos y con canas brotando por todo el lugar!
Estoy aprendiendo lentamente a aceptar que no debo verme como hace 20 años, ya que dejé de ser esa persona. Mis canas son parte de quien soy ahora. Todas mis alegrías y sufrimientos en estos últimos 47 años”.

2.

“Descubrí que tenía una elevada toxicidad metálica, altos niveles de plomo, mercurio y gadolinio. Me dijeron que me hiciera una desintoxicación completa, que no usara nada que tuviera muchos químicos, incluidas ciertas lociones. Además, me recomendaron dejar de usar tinte para el cabello.

3.


“Hace 10 años, mi esposo pasó 8 meses y medio en el hospital recuperando su aliento, su voz y su capacidad de comer sólidos. Después empezamos un año donde mis cuidados en casa y la gran ayuda de una grúa ortopédica eran nuestra vida. Tenía 56 y, cuando finalmente me miré a mi misma, vi que mis rizos castaños con un toque de gris se habían transformado en un impactante blanco brillante.
Fui con un estilista y felizmente me convencieron de ’seguir la corriente’. Y lo hice. Amo mi cabello brillante y plateado, recibo muchos cumplidos y preguntas sobre cómo hice que se viera tan bello. Usualmente solo sonrío y digo: ’Suerte, tal vez’. Tuve que aprender a ajustarme a un sistema de valores diferente en mi guardarropa, pero considero que encontrar nuevas combinaciones de colores es un reto emocionante”.

4.


“Actualmente tengo 24. Encontré mi primera cana cuando tenía 11, pero recientemente, ¡mi mamá me dijo que halló una cuando tenía 8! He dejado que crezcan desde febrero de 2020. Estoy destinada a ser una hermana plateada, ¿por qué resistirme?
En marzo de 2020, se volvió evidente que era hora. Después de unos meses, me decoloré las puntas de mi mechón delantero y estoy esperando que mis canas lo pinten”.

5.


“En diciembre de 2016, tenía 42 y un bebé de 11 meses, y me quejaba de mi ’irrespetuoso’ anillo de canas, a las que necesitaba poner henna. Bueno, unos meses después, en mayo de 2017, todavía no me lo había pintado. Y mis canas se habían hecho más grandes.
Estaba de vacaciones con la familia de mi esposo, encerrada en el baño en una sesión maratónica de lavado de mi cabello. Después de terminar, miré las botellas y pensé en mi familia, en las dos horas que había perdido y que pude haber pasado con mi hijo de año y medio. Y pensé en las dos horas extra que tendría que pasar aplicándome el tinte, esperando, enjuagando, poniéndole acondicionador y dándole forma. Estaba cansada. En ese momento, estaba harta. Y, sin saberlo, mi camino con las canas había comenzado oficialmente.
Estoy muy feliz de haber tomado la decisión, ya que amo mi cabello plateado y estar cómoda en mi propia piel. Mis compañeras del trabajo tenían razón: tengo 48, y ¡tengo mi cabello gris antes de llegar a los 50!”.

6.


“Mi confianza parece desvanecerse tan pronto como mi novio, fotógrafo profesional, quiere tomarme fotos con rollos análogos. Sé que no hay una vista rápida de las imágenes mientras las toma, no hay correcciones ni segundas oportunidades.
Esta soy yo tratando de detenerlo. No estaba usando maquillaje, había tenido un mal día con mi cabello y me sentía cansada. Pensé mucho en compartir esta imagen o no. Aunque me siento confiada en mi propia piel y no necesito esconder mis ’imperfecciones’, esta parece ’muy natural, muy real, muy imperfecta para mí’. Cuando veo esta foto, recuerdo el momento que compartimos en el parque. Él me dijo que me veía hermosa, y yo me rehusaba a que me tomara fotos, porque ese día, por alguna extraña razón, yo misma no creía eso”.

7.


“Mi madre encontró mi primera cana cuando tenía 12 años (¡yo ni siquiera sabía que eso era posible!). Ella siempre me advirtió que probablemente empezarían a salirme antes que a la mayoría, pero no sabía que sería tan joven. Mientras crecía, el parche gris en la mera punta de mi cabeza se volvió cada vez más difícil de cubrir. Mi amada estilista me convenció de aceptarlo y dejar de teñir las canas a los 24.
Ahora las he dejado crecer por dos años, y en ocasiones me hago unas mechas ligeras para combinarlas, porque no soy totalmente gris. Estoy aprendiendo a integrarlas más y más cada día. ¡Nadie cree que tenga tantas canas a los 26! Soy maestra, y mis alumnos están sorprendidos. Solo los culpo por estresarme. Pero a quien realmente debería culpar, o, más bien, agradecer, es a mi mamá”.

8.


“Dejé de teñirme en febrero de 2019, y había esperado pacientemente a que creciera lo suficiente para aparecer en una foto. Siempre he asociado el cabello gris con términos negativos, ser vieja, desaliñada, haberse dado por vencida. Me pinté el pelo por años, tratando de pelear con el tiempo para parecer ’más joven’ y ’mejor’ con un cabello más oscuro.
Pensar que podía amarme a mí misma con todo y cabello gris, como una mujer de 51 años con canas, parecía inalcanzable. Muchas personas cercanas a mí, incluido mi esposo y algunos de mis amigos más queridos, me recomendaron continuar pintándome el cabello. Aceptaron que me veía ’mejor’ con el pelo oscuro y que debería esperar a ser mayor para dejar el tinte. Casi seguí su consejo. Hasta que seriamente uno de esos amigos me enseñó una cuenta de Instagram.
Me siento cómoda y empoderada mientras dejo ir la necesidad de verme de cierta manera y, en su lugar, acepto mi cambio como un reflejo de mi sabiduría en crecimiento. Me encantan estos mechones plateados. Y ahora sé que podré amar y tener compasión por los que están alrededor de mí si primero me amo y me tengo compasión”.

9.


“24 semanas en mi camino gris. ¿Notan el cansancio en mis ojos? Hace mucho tiempo me di cuenta de que estos revelaban prácticamente todo. Una epifanía como esa a tan corta edad me sirvió para volverme una persona particularmente honesta. Al pasar el tiempo, la honestidad se volvió habitual y cómoda (afortunadamente), y me di cuenta de que era una manera muy sencilla de vivir.
Pero el pensamiento de la deshonestidad era tan incómodo que cuando la gente le hacía un cumplido a mi cabello negro, me ponía a explicar y a tartamudear que estaba teñido y que no era realmente mío. Espero que ahora sea capaz de solo decir ’gracias’ a cualquiera que le guste el gris de mi pelo. Qué alegría será librarme de este peso que yo misma me puse”.

10.


“Hola, soy Jaqueline Bergrós, tengo 30 años, y soy actriz de musicales en Alemania. Tuve mi primera cana cuando tenía 18. En estos momentos no pienso mucho al respecto. A los 21 comencé a pintarme el cabello de manera regular. A los 25 tenía que pintarlo cada 3 semanas.
Me dijeron que era muy joven para tener el cabello gris. Pero constantemente me preguntaban si tenía una deficiencia o defecto genético. De cualquier manera, era claro para mí y para todos los demás que tenía que ocultarlo. Nadie debía saber que tenía canas ’muy joven’. Especialmente en mi nuevo trabajo. Estaba trabajando sobre el escenario y debía tener un perfil en las audiciones. ¿Quién querría ver a una Jasmín con canas en Aladdín? Estaba lista para soportar más reacciones alérgicas, rompimiento y caída de mi cabello. Lo consideraba ’normal’. Mientras más rápido lo pintaba, mis canas se hacían cada vez más visibles. Hoy lo sé: mi pelo blanco quiere ser visto.
El 5 de marzo de 2020, me pinté mi cabello por última vez, y entonces decidí que mi salud es más importante que tener mi pelo castaño. No quiero esconderlo y encerrarme en una jaula por más tiempo. Tenía mucho miedo de mostrarme como soy, en especial por las reacciones negativas.
Desde que dejé crecer mi cabello gris, he recibido muchos cumplidos y gran admiración. Brillo en una nueva luz porque simplemente soy yo. Decidí tomar este viaje y no me arrepiento ni un solo día. No puedo esperar hasta que ya no tenga color y sea gris hasta las puntas”.

11.


“Mi nombre es Alex, y no me he teñido el pelo desde junio de 2017. Decidí dejar de hacerlo porque al paso que crecían mis canas, tenía que darme un retoque cada semana. No suelo gastar mucho en mí, por lo que fue una decisión sencilla. Estaba emocionada de adentrarme en este camino y ver en quién iba a convertirme y cómo me vería con el cabello gris.
Ha sido una fabulosa aventura hasta ahora. Aceptar mis canas ha sido muy poderoso y liberador. He aprendido a aceptar y amar mis imperfecciones. Mi lema es imperfección es perfección. Somos quienes somos por las cosas a las que tenemos que enfrentarnos, y descubrir quiénes somos es un regalo incalculable para nosotros mismos”.

12.


“Estoy rebelándome. Estoy dejando que mi cabello tenga su color natural. Estoy cansada de ir a que me lo pinten cada 3 semanas, y prefiero usar el dinero para otras cosas. No estaba segura de que me gustaría. Al enfrentarme con las canas, me llegaban pensamientos de que era vieja, de que no había logrado lo que quería, que el tiempo pasaba volando, y cosas así. ¡Es liberador! He ahorrado mucho tiempo y dinero por no ir a pintarlo.
Obviamente envejecemos, y el tiempo sí parece volar, pero aceptar el cabello gris significa aceptarte a ti misma, al menos para mí. Significa que he tenido mis logros, me he rodeado de verdadera alegría, y espero brindar cosas que sean de valor y significado para otros”.

13.


“A los 40, usaba rastas y me preparaba para mudarme fuera de Estados Unidos para una oportunidad laboral, cuando una amiga me dijo que tenía algunos mechones grises que necesitaban teñirse y me ofreció pagar para que lo hiciera. Por diversión, acepté su propuesta. Poco después de llegar al país, comencé a trabajar como cantante y sentí que tenía que seguir pintándome. Se volvió una tarea muy pesada y mis rastas comenzaron a verse secas y con poco brillo.
Con el consejo de una estilista africana, me corté mis rastas dañadas, dejé de teñirme el cabello y nunca miré atrás. Es curioso vivir en un país donde las mujeres están realmente insatisfechas con las canas y la mayoría se las pinta. Yo no noto las mías. Pienso que es porque he llegado a ver y disfrutar mi belleza natural. Es liberador, y me alegra”.

14.


“Después de tener mis primeras canas a los 16, hace un año decidí dejar el color natural de mi cabello después de pintarlo por años. A los 35 tenía problemas de salud mental, y usar mi color natural fue parte de mi proceso de sanación, de aceptarme y amarme realmente por quien era. Ahora, a los 39, estoy muy orgullosa de mí y de decir que estoy bien”.

15.


“Empecé a tener canas a mis 30, y por veinte años estuve cubriéndolas diligente y compulsivamente. ¿Visitas constantes al estilista? ¡Esa era yo! ¿Usar espray o productos para cubrir las raíces? ¡Esa era yo! ¿Mal humor cuando las raíces comenzaban a aparecer? ¡Esa era yo!
Teñirme en casa no es lo mío, así que dejé que mi cabello blanco tuviera una mayor aparición, asegurándome de cortar su entusiasmo usando un espray oscuro también. Un día, después de ponerme champú, ¡me di cuenta de algo! Mi cabello blanco era realmente brillante. Me dije a mí misma: ’Oye, espera, ¡tú tienes el pelo plateado!’. Lo amaba, amaba mi nuevo look, y desde ese momento nunca volví a quitármelo”.

16.


“Mi familia me invitó a una boda en 2012; yo estaba casada, tenía dos hijos y 40 años. No había manera de que fuera con mis mechones canosos, por lo que tenía que pintarme el cabello en la estética. Fue una buena idea ir dos semanas antes del casamiento, porque cuando me bañé por primera vez, tuve una reacción alérgica a los residuos del tinte.
Uno de mis ojos se hinchó casi al grado de cerrarse, y mi mejilla, nuca y cabeza parecían arder. Me tomó una semana mejorarme. Desde entonces, le dije adiós al tinte, y no pienso volver a usarlo”.

17.


“Mi esposo y yo estábamos teniendo una conversación casual sobre las mujeres y su cabello gris… Él me dijo que no era fanático. Por supuesto que ese día me comprometí a dejar que mis canas crecieran, jajajaja. ¡Empezaron a aparecer cuando tenía dieciséis! Era hora de dejar de usar todos esos químicos en mi cabeza. ¡Mi cabello nunca había estado tan saludable! ¡Mi esposo cambió de opinión y ahora lo ama! Desearía haberlo hecho antes. ¡No me arrepiento!”.

18.


“Aunque aceptar que tienes canas es un acto de vanidad, yo lo sentí como más que eso. Siempre he hecho un esfuerzo por verme bien, vestirme bien y mantenerme en forma, y me gusta el maquillaje y la ropa. Todas estas cosas contribuyen a mi bienestar.
Me tomó unas semanas ser capaz de verme a mí misma en el espejo y que me gustara lo que veía. Me dio mucha vergüenza y me preocupé mucho sobre cómo me percibirían los demás. Sabía que tenía que lucir el look gris, pero no sabía realmente cómo creérmelo. Ahora estoy en la semana 12 y sigo aquí, aceptando las canas y, por ende, a mí misma. Sé que este será un viaje largo, pero es mío”.

19.


“Siento que leí una regla del cabello gris que decía que no debías tenerlo. Entonces, mi decisión se la dedico al acto de romper todas las normas, porque estoy descubriendo que amo cómo me veo con el gris (con mi pelo y mi ropa). ¡Y todos los colores que quiero probar!”.

20-

“Era muy joven para tener canas, era muy autoconsciente. Me veía muy vieja y me preocupaba mucho lo que los demás pensaran. Esas eran las dudas y los miedos que me hacían pintarme mi cabello cada 3 semanas. Pero, en realidad, me encantaba ver a mujeres con su pelo gris natural. Me inspiraban y me hacían soñar con tener la valentía de tomar ese paso.
Por 3 años negocié conmigo, considerando cada beneficio y desventaja que vendría de liberar mis raíces, hasta que me cansé de pensar y decidí actuar. El cabello no define quiénes somos. Plateado, gris, blanco, ceniza… todos son colores hermosos, y estoy aprendiendo a celebrar el mío”.

21.


“Mi abuela tenía una hermosa ’franja de zorrillo’ en su mediana edad. A mi mamá ya estaba saliéndole la suya por esa época, y yo no quería quedarme atrás. Pero parecía muy lejano. Todo eso cambió cuando desarrollé una seria infección bacteriana mientras viajaba. No me recuperé fácilmente.
El estrés llegó hasta los folículos de mi cabello. La mayoría de mi pelo se cayó, un mechón plateado se tornó gris oscuro casi de un día a otro, y me encontré a mí misma haciendo lo que nunca soñé hacer: comprar de esos horribles kits de farmacias para tratar raíces dañadas.
Un día fue suficiente. Miré en el espejo a la sombra de mí misma y me di cuenta de que no tenía nada que perder. El doloroso proceso de dejarlo crecer comenzó. Empecé a estar bien de nuevo y el cabello que había perdido volvió a crecer. Y finalmente, algunas de las canas de estrés se volvieron castañas de nuevo. Un día me miré en el espejo y me di cuenta de que mi sueño se había vuelto realidad: después de todo, tenía los mechones de mi abuelita”.

22.


“Mi hija me inspiró a dejarme de pintar el cabello, ya que ella está dejando que sus canas reluzcan. De hecho, nunca había visto las mías, y debo admitir que estaba nerviosa por cómo se me verían. ¡Amo mi color natural! Si tan solo hubiera sabido qué grandioso se vería, ¡nunca me lo hubiera pintado! Amo el apoyo que mi hija les da a mis canas”.

23.


“Estoy cansada… ¡agotada de sentirme autoconsciente y con miedo! He tratado y fallado varias veces cuando se trata de dejar crecer mis canas. Todos en el mundo opinan sobre mi decisión de no terminar el proceso. Siempre escucho: ’¡Tienes 37, no 50!’. O ’Eres muy joven para comenzar a verte vieja’. ¿Por qué las canas tienen que definir nuestra edad?
¡A seguir creciendo, canas! Mirar a todas estas hermosas mujeres de cabello gris me motiva. Es una batalla conmigo misma, pero cada vez es más fácil. No puedo esperar a ver el resultado final”.

24.


“Comencé a tener canas a la tierna edad de 13. Me teñí mi cabello en mis 20 y 30. A los 39, con el apoyo de mi mamá, dejé crecer mis canas, y ahora amo mi corona de sal y pimienta. Con mi madre, que no tiene Instagram”.

25.


“La ascendencia griega del lado de mi madre fijó el destino de mis canas desde una edad temprana. Me crecieron mechones grises en mi cabello castaño, justo en la punta de mi cabeza, en preparatoria. Me teñí el pelo durante tres décadas. Finalmente, en mis 50, me lo dejé crecer y entré en una fase de patito feo por un año. Me divertí mucho con mi cabello blanco en mis 60, y no me lo pintaría de nuevo. Ahora soy un cisne”.