Francisco, el vecino de Pedralba que fue encontrado bajo los escombros de su casa

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Una tragedia en Valencia tras la DANA.

El reciente temporal en Valencia ha dejado cicatrices profundas en la localidad de Pedralba, donde las lluvias torrenciales y la crecida del río Turia se cobraron una vida. Francisco, un hombre de 44 años que vivía y trabajaba en este pequeño pueblo, es una de las víctimas de esta DANA, una devastadora Depresión Aislada en Niveles Altos que ha azotado el Levante español con fuerza implacable. La familia de Francisco, todavía conmocionada por los acontecimientos, denuncia la falta de respuesta y colaboración por parte de las autoridades locales en los momentos más críticos de su búsqueda desesperada.

La última noticia que tuvo su hermano Joaquín de él fue un video enviado a las dos de la tarde, en el que Francisco mostraba la fuerza del río que, a su paso por Pedralba, comenzaba a desbordarse. “Creíamos que podía estar incomunicado, y estábamos preocupados, pero no tanto como estuvimos luego”, relata Joaquín, mientras recuerda cómo la angustia fue en aumento cuando los mensajes dejaron de llegar. Tras horas de incertidumbre, el desenlace fue devastador: encontraron a Francisco bajo los escombros de su propia casa, en un estado que mostraba la magnitud de la catástrofe natural y la vulnerabilidad de su localidad frente a fenómenos extremos.

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La tormenta como presagio.

La situación se complicó con la escasa coordinación de las autoridades. Joaquín explica que al no poder contactar con Francisco, la familia comenzó a preocuparse aún más cuando escucharon al alcalde de Pedralba declarar en la televisión que no había víctimas mortales. “Pensamos que eso implicaba que no lo iban a buscar y eso nos dio la alarma”, dice Joaquín. Movido por esta inquietud, Joaquín se desplazó a Pedralba junto a su cuñada para buscar a su hermano por sus propios medios. Al llegar, descubrieron la casa en completo silencio, con una de las perritas de Francisco recostada en el sofá, pero sin rastro de él ni de su coche.

La familia comenzó a buscar desesperadamente, iniciando una búsqueda exhaustiva por las cercanías del río, incluso adentrándose en la vegetación y los escombros. “Estuvimos mirando, pero se hizo de noche; vimos que no estaba el coche y salimos a buscarlo, tocando con palos y todo por la vegetación”, relata. Lo que debería haber sido una búsqueda coordinada y eficaz, se convirtió en un esfuerzo desgarrador de familiares y amigos que, con escasos recursos, intentaban localizar a Francisco en medio de la devastación dejada por la tormenta.

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Un río convertido en un monstruo.

La búsqueda se intensificó, y la familia, temiendo lo peor, intentó coordinarse con los servicios de emergencia. Sin embargo, al intentar comunicarse con el 112 y el teléfono de desaparecidos, se encontraron con líneas colapsadas y una atención insuficiente para la magnitud de la catástrofe. Al mismo tiempo, consideraron la posibilidad de emplear drones para abarcar más terreno en la búsqueda, pero los permisos necesarios para esta herramienta tampoco llegaron. “La policía, cuando llegamos a la casa por primera vez, ni siquiera entró a buscar: en general no se han manchado de barro ni las botas en todos estos días”, lamenta Joaquín, recordando la frustración de esos días.

El viernes, día festivo, el pueblo entero de Pedralba se movilizó para ayudar en la búsqueda, mientras el alcalde permanecía, según la familia, ausente e inalcanzable. “Se habría cogido puente”, expresa Joaquín, entre el dolor y la impotencia. A pesar de esta falta de liderazgo, un concejal y personas de la localidad de Bigastro, de donde procedía la familia, ofrecieron su apoyo y maquinaria. Finalmente, el sábado por la mañana llegó la maquinaria pesada necesaria para avanzar en la búsqueda; esta comenzó a desmantelar partes de la casa en un esfuerzo final por localizar a Francisco.

Un desenlace amargo.

A primera hora de la tarde del sábado, el coche de Francisco fue encontrado río arriba, pero no había señales de él. Al regresar al pueblo, la familia recibió la trágica noticia: Francisco había sido hallado, sin vida, bajo los escombros de su propia vivienda. “La riada no fue solo de agua, sino de cañas, casas, coches, árboles de 50 metros, fue brutal”, relata su hermano, en un intento de expresar la magnitud del desastre.

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Francisco, de 44 años, deja un vacío en su familia y en todos aquellos que lo conocieron. “Era un trozo de pan”, afirma Joaquín, conmovido. “Lo daba todo por los suyos, sé que eso se dice de toda la gente cuando se muere, pero esa es la realidad”. Joaquín lo describe no solo como una persona bondadosa, sino también inteligente y cautelosa. Por eso, la familia considera tan impactante y doloroso este desenlace.