Un capítulo de supervivencia.
Cuando Miguel Rosa regresó a lo que él mismo llamaba “su campamento”, no imaginaba la escena que le esperaba. Patrullas de la Guardia Civil y de la Policía Local lo buscaban entre los escombros dejados por una devastadora riada. “¿Qué buscáis?”, preguntó con sorpresa al encontrarse con los agentes. “Estoy vivo de milagro”, dijo, dejando perplejos a quienes temían lo peor.

Este giro del destino bien podría ser el inicio de un libro, pero para Miguel, es solo el desenlace de uno de los capítulos más oscuros de su vida. Este sintecho, originario de Córdoba y residente en Roquetas de Mar, ha pasado años escribiendo su propia historia, literal y figurativamente. “Ya lo tengo terminado, pero ahora necesito que alguien lo pase a ordenador porque está escrito a mano”, comenta emocionado, viendo cómo su realidad se transforma tras haber enfrentado una tragedia que casi lo engulle.
La vida bajo el puente no era fácil, aunque Miguel había logrado adaptarse a su peculiar hogar en la Rambla de Aguadulce. «Llevaba tres noches sin dormir por la crecida del río», recuerda. En medio de la inseguridad y las tormentas, siempre encontraba en su pequeño refugio una sensación de libertad, a pesar del miedo constante al clima y al futuro.
Un gesto que cambia vidas.
Afortunadamente, Miguel no estaba solo. Los vecinos de la zona, que lo conocían bien, no solo le brindaban apoyo ocasional, sino que también se preocupaban profundamente por su bienestar. Hace apenas unas semanas, uno de ellos dio un paso más allá: le ofreció un trabajo cuidando el jardín de su casa en Aguadulce. Pero la oferta no terminaba allí; junto con el empleo, Miguel recibiría un techo donde vivir.
LAS INUNDACIONES EN ALMERÍA SE LLEVAN EL PUENTE DE MIGUEL. Por suerte, hacía unos días que ya no vivía allí . Un vecino le dejó su casa con el encargo de cuidársela. Desde que conoció a Jorge Gallego y le regaló el libro ‘Me viene mal que te mueras’, su vida cambió pic.twitter.com/InfkQKsDCs
— Maite Cabrerizo (@kalores67) November 13, 2024
Así comenzó su nueva etapa, dejando atrás la incertidumbre del puente para trasladarse a una casa dentro de un chalet. Su nuevo hogar no solo le brinda abrigo, sino también dignidad: dos habitaciones, un salón acogedor, baño y cocina. Para Miguel, es mucho más de lo que podía soñar en las frías noches bajo el puente.
Desde su llegada, ha puesto manos a la obra cuidando el jardín, tarea que realiza con dedicación gracias a sus conocimientos agrícolas. Cada día, siente cómo su vida comienza a tener más sentido. La oscuridad y el peso del puente han quedado atrás, y ahora, las visitas de sus vecinos le recuerdan que no está solo en este camino.
La riada que pudo ser tragedia.
El destino tenía un cruel desenlace preparado que, por suerte, Miguel logró esquivar. A principios de la semana, las lluvias torrenciales inundaron por completo su antiguo hogar bajo el puente, arrasando con todo a su paso. Los vecinos, al no encontrar rastro de él, temieron lo peor y denunciaron su desaparición. Pero Miguel, ya lejos de esa precariedad, estaba a salvo.
Cuando regresó a observar el lugar, el panorama era desolador. Allí estaban los agentes que lo buscaban, temiendo encontrar un cuerpo donde Miguel, contra todo pronóstico, seguía vivo y dispuesto a seguir luchando. “Todo ha quedado en un susto”, dice con alivio, agradeciendo una vez más la decisión que le permitió escapar a tiempo de una tragedia segura.
Un trébol de deseos.
Entre las muchas historias que Miguel guarda, hay una que parece salida de un cuento. Este verano, mientras dibujaba sin grandes intenciones, trazó lo que parecía un trébol de cuatro hojas. En cada hoja escribió un deseo: escribir un libro, vivir de manera más digna, tener salud y perdonarse por los errores del pasado.
Hoy, esos deseos comienzan a tomar forma. Aunque aún no se han cumplido todos, Miguel sonríe con la certeza de que tiene vida para intentarlo. Y, sobre todo, para escribir un nuevo capítulo en su historia, esta vez desde un lugar seguro y lleno de esperanza.