Las cosas se tensan.
A estas alturas del concurso, la tensión entre los participantes de Supervivientes suele alcanzar su punto más alto. Después de semanas compartiendo pruebas, comida escasa y emociones a flor de piel, las máscaras se han caído y las alianzas se redefinen cada día. Pero no solo pesan las relaciones internas: ya empiezan a intuir quién gusta fuera, quién tiene el favor del público, y eso siempre cambia el juego.

Con la final a la vuelta de la esquina, cualquier movimiento puede ser decisivo. El mínimo error estratégico o una palabra de más pueden costar la victoria. La sensación de estar bajo la lupa —de compañeros, presentadores y audiencia— se intensifica y convierte los días finales en una guerra silenciosa por conquistar la simpatía general.
Escassi se adelanta.
En la última gala dominical, Escassi logró hacerse con el último collar de líder, lo que le asegura un puesto en la final sin necesidad de pasar por la criba de las nominaciones. Su victoria frente a Montoya en la exigente “noria infernal” no solo le blindó físicamente, también elevó su perfil como competidor fuerte en la recta final.

Desde el plató de Vamos a ver, varios colaboradores no dudaron en elogiar su evolución. Alessandro Lequio destacó que el jinete había sabido leer perfectamente el formato y jugar sus cartas desde el principio. Apostó por lo físico, rindió en pruebas, se mantuvo lejos de los conflictos y ahora recoge los frutos.
Antonio Rossi fue más allá, señalando que su estrategia silenciosa había sido clave para mantenerse a salvo durante semanas. Cuando finalmente empezó a mostrarse más activo y a participar en la narrativa del concurso, lo hizo en el momento justo. Para él, Escassi representa un perfil de concursante “completo”.
Anita también gana terreno.
En el debate sobre quién merece alzarse con el título, el nombre de Anita suena con fuerza. Kike Calleja resaltó su capacidad para reinventarse tras su paso por La isla de las tentaciones, afirmando que el reality le ha servido como redención pública. La joven ha sabido ganarse tanto a compañeros como a espectadores.

Su vínculo con Montoya, aunque a veces polémico, ha sido también un motor narrativo clave. Para muchos tertulianos, esa historia sentimental ha reforzado la imagen de ambos como personajes entrañables y combativos. Anita, aseguran, ha mostrado una mezcla poco común de fortaleza emocional y cercanía.
Alexia Rivas apuntó que su tolerancia con Montoya es casi un mérito en sí mismo. “Aguantarlo suma puntos”, bromeó. Lo cierto es que, entre sus altibajos emocionales y su entrega física, Anita ha conseguido consolidarse como una favorita inesperada para muchos.
Montoya divide opiniones.
Montoya, por su parte, despierta sentimientos encontrados. Algunos analistas coinciden en que su concurso ha estado lleno de momentos desafiantes, aunque ha sabido resurgir con más fuerza desde la marcha de Carmen. “Se nota más centrado, gana pruebas, está más implicado”, opinó Alejandra Prat.
No obstante, su imagen no ha sido tan homogéneamente positiva. Algunos colaboradores lo ven como una figura que, si bien suma junto a Anita, en solitario pierde impacto. Aun así, se perfila como un finalista probable, sobre todo por su relevancia en las tramas personales del concurso.
Borja, por otro lado, aparece como la incógnita de esta edición. Aunque no todos lo ven en la terna definitiva, hay quienes no lo descartan del todo. Su evolución ha sido más discreta, pero en un reality eso no siempre juega en contra: la sorpresa del público también cuenta.
Favoritismos incómodos.
Uno de los debates más comentados en los pasillos de Mediaset no tiene que ver con los concursantes, sino con los presentadores. Joaquín Prat, conductor del magacín diario, no se ha cortado a la hora de expresar su preferencia. Afirmó que votaría por Anita o Escassi, y dejó claro que se inclina más por quienes han protagonizado una narrativa fuerte.

Este tipo de comentarios, aunque comunes en los programas de análisis, no siempre son bien recibidos en la cadena. Hacer campaña desde la mesa de debate puede generar suspicacias sobre la neutralidad de la cobertura. Más aún cuando nos acercamos al momento en el que la audiencia tiene la última palabra.
En definitiva, mientras los concursantes se juegan sus cartas finales en la playa, en los platós también se juega otro tipo de partida. Y está claro que la cadena no verá con buenos ojos que uno de sus rostros estrella incline la balanza antes de tiempo.