Van a un restaurante y tras cenar, al llevarles la cuenta, dicen que no la van a pagar: “No tenemos dinero, llama a la policía”

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Bares, restaurantes y la obligación de pagar

En cualquier ciudad del mundo abundan los bares y restaurantes donde reunirse con amigos para comer o beber algo. Los hay de todo tipo: más caros, más asequibles, de cadena, especializados en comida rápida o en servicio a domicilio. Sin embargo, todos tienen un punto en común: el cliente consume y, por tanto, paga.

Hay quienes deciden saltarse esta regla básica y optan por hacer un “simpa”, es decir, marcharse sin abonar lo consumido. En España esta práctica no es una simple travesura: está tipificada como delito de estafa contra el establecimiento. La Policía, a través de su perfil oficial en TikTok, recuerda que los artículos 248 a 251 bis del Código Penal contemplan sanciones que van desde multas leves hasta penas de prisión que pueden alcanzar los 8 años, dependiendo de la gravedad.

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El caso viral en redes sociales

La cuenta oficial de X *Soy Camarero*, que comparte experiencias curiosas y a menudo surrealistas vividas por trabajadores de hostelería en España, difundió un vídeo que no tardó en generar polémica. En él aparece un cliente que, tras terminar de comer junto a un amigo en un restaurante Goiko, se niega rotundamente a pagar la cuenta.

Cuando la camarera se acerca a la mesa con el ticket, el cliente ya está grabando con su móvil y le suelta sin rodeos que no abonarán nada y que, si lo desea, llame a la policía. La empleada insiste en que no es una opción, que están obligados a pagar, pero el cliente le responde que no tienen dinero.

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Excusas y tensiones en la mesa

El acompañante interviene para justificar la situación: asegura que no llevó efectivo porque su amigo le había dicho que lo invitaría. Aun así, la trabajadora vuelve a insistir en que, independientemente de lo que haya pasado entre ellos, el consumo debe pagarse. La respuesta es la misma: “llama a la policía”.

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Desconcertada, la camarera les pregunta por qué fueron a un restaurante si sabían que no tenían dinero. “Yo si tengo hambre me voy a mi casa”, les reprocha la empleada. El cliente, en cambio, se limita a responder que simplemente tenían hambre y decidieron entrar a comer en el Goiko, sin preocuparse por el dinero. “Dile a la encargada o a la policía, pero no vamos a pagar”, concluye con firmeza.