La foto que hizo famosas a las hijas de Zapatero.
José Luis Rodríguez Zapatero fue presidente del Gobierno de España entre 2004 y 2011, liderando dos legislaturas marcadas por reformas sociales y una profunda crisis económica. Al frente del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), se convirtió en una figura clave de la política nacional durante la primera década del siglo XXI. Tras abandonar la primera línea institucional, su presencia mediática ha disminuido, aunque su nombre sigue despertando interés, especialmente cuando lo acompaña algún eco familiar.

Y es que, aunque Zapatero ha optado por un estilo discreto desde que dejó la Moncloa, su entorno más cercano ha protagonizado momentos de gran exposición pública. El más recordado, sin duda, tuvo lugar en 2009, cuando una fotografía junto a Barack y Michelle Obama convirtió inesperadamente a sus hijas adolescentes en figuras virales. Aquel instante congelado frente al presidente estadounidense se volvió una referencia pop de la política española.
Un recuerdo imborrable.
“¿Qué ha sido de Laura y Alba Rodríguez Espinosa?” es la pregunta que vuelve a circular estos días, reactivada por nuevas informaciones que las sacan de ese silencio en el que han vivido la última década. Desde aquella imagen tomada en Nueva York, ambas habían optado por mantenerse lejos de los flashes, sin dar pie a nuevas noticias. Pero eso no ha impedido que, de vez en cuando, resurjan detalles sobre sus vidas, especialmente ahora que sus decisiones personales y profesionales han adquirido una dimensión pública.

La última novedad tiene que ver con sus movimientos inmobiliarios. Según ha desvelado el medio Voz Pópuli, las hijas del expresidente han empezado a construir su propio patrimonio. En 2024, Laura, la mayor, adquirió una vivienda en el barrio madrileño de Valdezarza. Una operación realizada en solitario, que marca un paso importante en su autonomía económica.
Valdezarza, el nuevo enclave familiar.
Siguiendo los pasos de su hermana, Alba ha hecho lo propio este verano. Con 30 años recién cumplidos, ha firmado una hipoteca por valor de 240.000 euros, también en Valdezarza, a escasa distancia de la casa de Laura. El préstamo se extenderá durante los próximos treinta años, en una operación que evidencia estabilidad financiera y confianza en el futuro. Ambas propiedades quedan, además, cerca del chalé que sus padres compraron recientemente en la exclusiva zona de Puerta del Hierro.

Más allá del ámbito inmobiliario, también han trascendido datos sobre sus trayectorias profesionales. Las dos estudiaron carreras vinculadas a la Comunicación Audiovisual e Imagen y Sonido, y desde hace unos años trabajan en ese mismo sector. En 2019, Laura fundó una agencia especializada en publicidad para el entorno de los videojuegos: WhatTheFav. Un proyecto al que Alba se unió en 2023, consolidando un perfil de empresa familiar con crecimiento sostenido.
Negocios que crecen en la sombra.
Los números no mienten: en 2023, la agencia facturó 400.000 euros, un 33,17% más que el año anterior, según cifras publicadas por Vanitatis. Tras abonar impuestos, los beneficios superaron los 105.000 euros, lo que representa un incremento del 86,38% respecto al ejercicio previo. La mayor parte de ese beneficio, concretamente unos 74.000 euros, fue repartido entre las dos socias en forma de dividendos.

WhatTheFav, con sede en el barrio de Tetuán, cuenta con un equipo de unas siete personas, combinando contrataciones fijas y temporales. El proyecto, aunque lejos del foco público, se ha consolidado como una firma rentable en un sector altamente competitivo. El recorrido empresarial de las hermanas Rodríguez Espinosa sorprende a muchos que aún las recuerdan por aquella instantánea que recorrió el mundo.
Una foto que marcó una generación.
La noticia ha vuelto a situarlas brevemente bajo los focos, generando numerosas reacciones en redes sociales. Muchos usuarios han recordado, con cierta nostalgia y humor, aquella famosa imagen con los Obama que se convirtió en meme involuntario. Aunque han construido sus vidas lejos del ruido mediático, su apellido sigue siendo sinónimo de curiosidad pública. Y, como demuestra esta historia, basta un simple titular para que todo vuelva a empezar.