Ecos de una despedida.
Hay muertes que, aunque ocurran lejos de nuestro día a día, se sienten cerca. No porque conozcamos personalmente a quien se va, sino porque su trabajo ha estado ahí, acompañando épocas, gustos y recuerdos. En esos momentos, la sociedad se detiene un instante y mira hacia lo que permanece. Y lo que permanece, casi siempre, es una obra.

Cuando desaparece alguien relevante en su campo, no solo se apaga una voz: se cierra una manera de hacer las cosas. Queda la sensación de que algo se vuelve irrepetible, como si una puerta se quedara entornada para siempre. Por eso esos nombres generan conversación incluso entre quienes no los seguían con detalle. El impacto nace de la huella, no del volumen de fama.
En la cultura esto se nota con una intensidad especial, porque se construye a base de gestos pequeños que terminan siendo colectivos. Un disco, una canción o una idea musical pueden atravesar generaciones sin pedir explicaciones. Y, de repente, al conocerse una pérdida, muchas personas entienden que también estaban conectadas a esa historia. Es un duelo silencioso que une sin avisar.
Lo que queda cuando falta alguien.
La despedida de figuras esenciales tiene algo de espejo: nos recuerda quiénes hemos sido como público. También nos obliga a reconocer influencias que quizá dábamos por sentadas, como si siempre hubieran estado ahí. En esos días, los recuerdos no llegan ordenados, sino en forma de melodías, fotos, frases y anécdotas. Y el legado se mide en la cantidad de caminos que abrió.

En ese contexto se ha conocido la muerte en Alginet de Remigi Palmero (1950), músico y compositor, una de las personalidades más singulares del pop valenciano. Su trayectoria discográfica fue breve, pero su importancia cultural resultó decisiva desde muy pronto. Fue pionero del rock en valenciano a finales de los sesenta con Els 5 Xics y, más tarde, impulsó el llamado rock mediterráneo junto a Pep Laguarda y Julio Bustamante. Quienes lo siguen de cerca coinciden en que su ausencia deja un espacio difícil de ocupar.
A Palmero se le reconoce, sobre todo, por haber demostrado que la lengua propia podía sonar contemporánea, cálida y popular. Su estilo mezcló tradición y modernidad sin caer en solemnidades ni en fórmulas previsibles. Con pocos discos logró fijar una estética que otros terminaron explorando durante décadas. Por eso, al hablar de pop hecho desde València, su nombre aparece como un punto de referencia inevitable.
Un disco que cambió el mapa.
Si hay una obra que explica ese peso, es Humitat relativa. Se grabó en 1978 en los estudios Tabalet, bajo la dirección de Lluís Miquel Campos, y vio la luz un año después con el sello Pu-Put!, vinculado a Zafiro. Con el tiempo se ha colocado junto a Brossa d’ahir de Pep Laguarda i Tapineria y Cambrers de Julio Bustamante como un triángulo fundacional del rock mediterráneo valenciano. “Es tan intenso, tanta es su luz y tanto el calor que irradia, que escucharlo es como mirar al sol con los ojos abiertos”, escribió el periodista Juan Puchades sobre el disco.
Lo llamativo es que, en su estreno, apenas circularon unas pocas centenas de copias. Aun así, los años hicieron su trabajo y el álbum creció hasta convertirse en un faro para el pop estatal. La mezcla de folk, rock, jazz y funk, con ecos latinos, africanos y flamencos, terminó pareciendo adelantada a su época. Esa combinación influyó después en artistas como Òscar Briz, Antònia Font, Manel, Arthur Caravan, Els Jóvens o Sénior i el Cor Brutal.
Antes de ese hito, Palmero ya llevaba ventaja. Se incorporó con solo diecisiete años a Els 5 Xics como guitarrista y cantante, en un circuito de verbenas, clubes y salas de baile que lo curtiría para siempre. Él mismo presumía de ser un músico “no universitario”, formado en el directo y en la cultura popular. En 2015, en una entrevista con Rockdelux, lo resumió así: “Los veía diferentes a mí. Y en esa diferencia empecé a concebir hacer un pop en catalán… normal, por decirlo de alguna manera”.
Entre raíces y mestizaje.
Ese deseo de un pop “normal” en lengua propia terminó marcando el resto de su recorrido. Tras la etapa del servicio militar y la disolución del grupo, empezó a ordenar ideas que más tarde desembocarían en Humitat relativa. A su regreso se integró en la bohemia musical valenciana de finales de los setenta, junto a Pep Laguarda, Tico Balanzà y Julio Bustamante. Compartían la intención de hacer música de raíces, pero abierta, híbrida y sin corsés.
El disco, grabado en el verano de 1978, fue especialmente innovador por su sonido y por su forma de construirse. Contó con músicos africanos —los hermanos Louis y Pepe Dougan, además de instrumentistas de Guinea Ecuatorial—, y esa suma amplió el horizonte de la grabación. La mezcla unía Mediterráneo y psicodelia, funk y flamenco, y dejaba momentos tan especiales como la versión aflamencada del poema de Estellés Plens de sol de bon matí. Con el tiempo, esa apuesta se entendió como una lección de libertad creativa.
Palmero no ocultaba su distancia con ciertos códigos de su época. Sobre la Nova Cançó decía que era “plana y aburrida”. “Queríamos que la música fuera más sensual y menos politizada, y demostrar que el valenciano tenía una sonoridad perfecta para el pop o el funki”, explicaba. Y añadía una idea que repitió en distintas ocasiones: “Siempre he creído que politizar la lengua es sinónimo de poca cultura”. Sus frases, discutidas o celebradas según quien las escuchara, retrataban una personalidad artística sin atajos.
Con los años también mostró incomodidad con cómo se publicó el álbum, al considerar que salió a partir de premezclas sin rematar y por decisión del sello. Esa tensión lo llevó a distanciarse de reediciones posteriores, incluida la de 2018 con La Casa Calba. “Yo quería algo más, depurarlo, revisitarlo. Han tenido miedo y no han arriesgado”, afirmó entonces. Tras Humitat relativa editó Provisions y Sense comentaris, impulsó el proyecto In Fraganti y, ya más tarde, se retiró a Alginet para llevar una vida también dedicada a la pintura, el yoga y la reflexión creativa, mientras las redes sociales se han llenado de comentarios sobre el suceso.