Una cita que vuelve a captar miradas.
El programa nocturno de Cuatro continúa demostrando que sabe cómo enganchar al público con historias cotidianas y giros inesperados. Cada emisión es un pequeño retrato social en el que caben risas, afinidades y silencios elocuentes. El formato mantiene intacta su capacidad para sorprender sin necesidad de artificios. Por eso, una simple conversación en la barra puede convertirse en tema de debate al día siguiente.

No es casualidad que First Dates siga despertando tanta curiosidad tras años en antena. El espacio ha logrado consolidarse como un lugar donde los encuentros fluyen con naturalidad y espontaneidad. El propio Carlos Sobera suele subrayar cuando una cita arranca con energía especial, algo que el público reconoce de inmediato. Ese tono cercano es parte esencial de su éxito continuado.
En esta ocasión, el primer contacto entre los protagonistas estuvo marcado por una conexión inmediata. Antes incluso de sentarse a la mesa, ya compartían anécdotas y sonrisas cómplices. El presentador no dudó en definir el arranque como “efervescente”, una palabra que resume bien la química inicial. Momentos así explican por qué el programa sigue generando expectación noche tras noche.
Entre motes, parecidos y primeras impresiones.
La conversación avanzó entre risas cuando surgió un pequeño lapsus con el nombre del soltero. «José, aunque me llaman ‘Parrilla’ mis amigos», aclaró con naturalidad. El comentario dio pie a otra confesión inesperada: «El Pedro Pascal de Aliexpress me dicen también…». Lejos de incomodarse, ambos tomaron el comentario con humor.

La reacción de Alma fue inmediata y sincera, dejando uno de los momentos más comentados de la velada. «¡Ay, es verdad! No me había fijado. Claro, con el bigotillo y moreno… Tal cual, eh». Aunque José se mostró escéptico con la comparación, ella insistió sin dudar. «Se parece a Pedro Pascal y eso es una ‘green flag’. Él es un amor, me encanta».
Ese intercambio espontáneo reforzó la sensación de complicidad entre ambos. El parecido con Pedro Pascal se convirtió en una anécdota simpática más que en un elemento decisivo. Lo importante era la comodidad con la que se comunicaban y la naturalidad del diálogo. Una fórmula que el programa maneja con soltura desde hace tiempo.

Estilos de vida que también conectan.
Más allá de las bromas, la cita permitió descubrir facetas personales que despertaron interés mutuo. Alma habló de su furgoneta «tamaño turismo», adaptada con sus «propias manitas» para viajar junto a su perrita. «Nunca estoy sola», explicó con orgullo, destacando su afán por moverse y conocer nuevos lugares. Esa inquietud llamó especialmente la atención de su acompañante.

José, por su parte, reveló un perfil mucho más metódico a la hora de viajar y organizar su día a día. Admitió necesitar tenerlo todo «muy bien organizado», lo que llevó a Alma a preguntarle si era un auténtico «chico Excel». La respuesta afirmativa no la decepcionó en absoluto. «Admiro a las personas que son capaces de organizarse tan bien», reconoció con entusiasmo.
El encuentro cerró dejando claro por qué el programa sigue dando que hablar. La mezcla de personalidades, comentarios espontáneos y afinidades inesperadas volvió a funcionar. Como era de esperar, las redes sociales se llenaron de opiniones enfrentadas sobre lo ocurrido. Los espectadores se dividieron entre quienes celebraron la química y quienes cuestionaron algunos detalles, manteniendo vivo el debate más allá de la pantalla.