Un atropello inesperado a la salida de Atresmedia

Lo que debía ser una jornada laboral más terminó convirtiéndose en una experiencia límite para Marina Valdés, periodista de La Sexta. Hace apenas una semana, tras abandonar las instalaciones de Atresmedia en San Sebastián de los Reyes (Madrid), la comunicadora fue atropellada por un vehículo en las inmediaciones del recinto. La escena, tan repentina como violenta, quedó grabada a fuego en su memoria. En una entrevista concedida a ¡Hola!, la periodista ha desgranado con crudeza cada pensamiento que cruzó su mente en esos segundos suspendidos entre el asfalto y el aire. “Recuerdo que, en el momento en que estaba en el aire, pensé: ‘esto es una…’. O sea, fue como muy dramático, y eso no me gustó nada», relató, describiendo la sensación casi cinematográfica que la envolvió en pleno impacto.
“Sentí de verdad que me iba a morir”
El golpe no fue leve ni mucho menos un simple susto. La sensación de gravedad fue inmediata. “Yo sentí de verdad que me iba a morir porque, claro, sentí un golpe muy fuerte, me vi en el aire y pensé: o sea, me han atropellado, ¿sabes?“, confesó Marina, dejando claro que en aquel instante no hubo espacio para pensamientos trascendentales ni escenas idílicas de despedida. “Esto que dice la gente de que piensas en tu vida, piensas en alguien y tal, pues no. Yo no pensé nada de eso. Me dio como mucho fastidio pensar que me iba a morir por no haberlo visto”. Lejos de los tópicos, lo que predominó fue la incredulidad y una mezcla de rabia y desconcierto ante lo absurdo de la situación.
El instante eterno en el aire
En ese brevísimo lapso de tiempo que, sin embargo, se le antojó interminable, la periodista trató de reaccionar con sangre fría. ”Tuve otro pensamiento; pensé: ‘bueno, intenta al caer poner los brazos, ¿vale?’. Yo pensé en la cabeza, en proteger la cabeza, y de hecho caí como de costado», explicó. Aun así, el impacto contra el suelo fue demoledor. “Entonces caí con un golpe muy seco y recuerdo abrir los ojos y tener el bordillo de la acera a nada, a un centímetro, y pensar: ‘Dios’”. La imagen del bordillo tan cerca de su rostro le hizo comprender hasta qué punto el desenlace podría haber sido fatal. “No se dio en la cabeza, pero si hubiera caído en el bordillo sí que me habría dado en la mandíbula o en la cabeza o algo así”. La diferencia entre salir ilesa o sufrir consecuencias irreparables fue cuestión de centímetros.
El dolor más intenso de su vida
Tras el impacto, ocurrió algo que la propia Marina no esperaba. “Yo me senté sola en la acera, o sea, me incorporé. Es verdad que yo no sentí dolor”, explicó. Sin embargo, esa aparente calma fue efímera. “Entonces se ve que yo hice como el ademán de levantarme y, al intentar levantarme, me vino una oleada de dolor brutal, pero brutal, un dolor que yo no había sentido en mi vida, y entonces, del dolor, perdí el conocimiento durante unos segundos”. Aquella explosión de dolor la sumió en un breve desmayo y en un nuevo episodio de miedo extremo. El pánico se apoderó de ella mientras a su alrededor comenzaban a movilizarse los servicios de emergencia.
Un final milagroso tras el susto
“Me asusté muchísimo. O sea, aquí me entró un pánico terrible. Ya llamaron a la ambulancia y vinieron la policía local y una ambulancia”, relató. El traslado y la posterior revisión médica fueron determinantes para conocer el alcance real del accidente. Y fue entonces cuando llegó la noticia inesperada: “Vino a decirme que, milagrosamente, no tenía nada roto. Me insistió mucho en que había tenido muchísima suerte”. Contra todo pronóstico, no sufrió fracturas ni lesiones graves, un desenlace que tanto ella como los médicos califican casi de milagro. Hoy, con la serenidad que da el paso de los días, Marina Valdés puede contarlo como una experiencia límite que le recordó, de la forma más brusca posible, la fragilidad de la vida.