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Cachondeo por la metedura de pata de una soltera al tirarle la caña a su cita: «Me muero de vergüenza»

Samantha no se pudo contener.

Parece que First Dates sigue, un año más, manteniendo intacta su capacidad de sorprender. Algo que parece increíble, si tenemos en cuenta que trata de un programa con varios años a sus espaldas. Afortunadamente para Cuatro, sigue manteniendo una audiencia fiel, y un gran seguimiento en las redes sociales.

Pero lo mejor de todo es que, gracias al programa que sigue presentando Carlos Sobera, estamos aprendiendo mucho sobre cómo ligar en el mundo moderno. De paso, también visibiliza a minorías o nos da verdaderas lecciones de tolerancia… y, a veces, nos enseña qué es lo que bajo ningún concepto tenemos que hacer en una cita.

Que se lo digan a Samantha. A esta mujer barcelonesa de 50 años la gente la suele llamar pija, pero aclara que no lo es en absoluto. Se considera segura, independiente y carismática, y ha trabajado durante 18 años como tripulante de cabina de mar y aire. La vida de trotamundos le ha puesto difícil crear vínculos amorosos, pero reconoce que ella tampoco ha puesto mucho de su parte.

«Soy dificilona», dijo de sí misma, pero ahora, eso ha cambiado. Divorciada y con dos hijos, quiere una relación divertida, por eso acude al programa para buscar un hombre que además de aportarle serenidad y tranquilidad, comparta aficiones como viajar. Así, First Dates acertó al presentarle a Jordi, un hombre de 54 años residente en Castellón.

Este empresario madurito e interesante es reincidente en el programa de citas de Cuatro, donde sigue buscando un amor estable. Al igual que Samantha, cree que se encuentra en el punto óptimo de madurez para pensar en tener una pareja. Él asegura estar buscando a una mujer coqueta y a la que le guste cuidarse.

A falta de saber si reúne las demás cualidades que desea en su media naranja, comprobó que su cita andaba sobrada de elegancia y buen porte. Según comentó a cámara, Samantha le pareció a simple vista la típica chica que le haría tilín si se la encontrara fuera de First Dates. Por su parte, ella cayó rendida al atractivo de Jordi nada más saludarse… Nada hacía presagiar el mal momento que pasaría más tarde.

Samantha se lanzó.

La velada arrancó de maravilla por ambas partes. «Es un hombre que impacta mucho. Me ha encantado. Y además cocina, me parece super sexy», confesó ella. Él, por su parte, destacó el don de comunicación de ella. Samantha fue, desde luego, un torbellino, y se le notó durante toda la cena.

Uno de los mejores puntos de la cita fue cuando ella le dijo que le gustaba mucho su mirada rasgada. “Mis padres son chinos”, le dijo él para explicarle el origen de sus ojos rasgados. “Vale, no me lo puedo creer”, contestó Samantha sorprendida y encontrándose con un “yo tampoco” de su cita. Jordi consiguió que su cita se creyera su broma y protagonizaron un momento muy divertido y lleno de complicidad.

No había duda de que la cita estaba fluyendo. Pero, en un momento dado, la comensal pisó demasiado el acelerador. Charlando sobre los muchos deportes que ambos practican, ella dijo que le gusta mucho andar. Concretamente por el Camino de Ronda, un lugar especial para ella ya que lo ha recorrido muchas veces.

Casualmente, resultó que su cita también es asiduo a ese paraje de la Costa Brava. Nada más averiguarlo, la soltera aprovechó la ocasión para «tirarle la caña». «Ya me invitarás», dejó caer. Al obtener la callada por respuesta, fue más directa si cabe. «Dame una segunda cita, que me muero de vergüenza».

«Es educado, afable y me ha gustado mucho como persona y como hombre», explicó cuando tuvieron que tomar la decisión final. Afortunadamente, Jordi tampoco dudó una vez llegado el punto de dejar fluir la relación, asegurando que le aceptaría a Samantha todas las citas necesarias para abrir su corazón.