Durísimas críticas a TVE por lo que ocurrió con Shakira en el especial de Nochevieja: «Qué mal…»

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Una noche que marca el calendario televisivo.

Los Especiales de Fin de Año se han convertido en una cita casi ritual para millones de espectadores. Funcionan como un cierre simbólico del año y, al mismo tiempo, como una carta de presentación del tono con el que se quiere empezar el siguiente. Las cadenas saben que esa franja concentra atención, expectativas y conversación colectiva. Por eso, cada decisión creativa se observa con lupa y se comenta durante días.

En ese contexto, RTVE apostó por una despedida de 2025 con nombres reconocibles y fórmulas que ya forman parte del imaginario popular. José Mota volvió a ocupar un lugar central con su especial, un formato que muchos identifican con la Nochevieja desde hace años. A su lado, la música actuó como hilo conductor de una velada pensada para todos los públicos. La combinación buscaba equilibrio entre humor, emoción y espectáculo.

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Este tipo de programas despiertan interés porque condensan lo que ha sido el año en unas pocas horas. Reúnen artistas de distintas generaciones y estilos, lo que favorece que varias audiencias se sientan interpeladas. Además, el directo o la sensación de evento único aporta una carga emocional difícil de replicar en otro momento. Todo ello explica que cada gesto sea analizado al detalle.

Escenarios, canciones y una identidad muy definida.

La Casa de la Música fue el gran escaparate musical de la noche y destacó por su planteamiento visual. Rosario Flores, Amaia Romero, Ana Torroja, Lola Índigo, Nicki Nicole, La Oreja de Van Gogh y Shakira formaron un cartel que prometía variedad y momentos memorables. Las actuaciones se repartieron por enclaves emblemáticos del país, reforzando la idea de viaje emocional y cultural. El lugar elegido para cada canción sumaba significado a la interpretación.

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Amaia Romero regresó a Navarra para cantar Aralar desde el Monasterio de Iratxe, un gesto que conectó su música con sus raíces. El retorno de Amaia Montero junto a La Oreja de Van Gogh tuvo como escenario el Palacio Miramar de San Sebastián, una elección que no pasó desapercibida. Lola Índigo, por su parte, se desplazó a Granada para rendir homenaje a Federico García Lorca desde la Alhambra con verde. Cada actuación parecía pensada como una pequeña pieza audiovisual con identidad propia.

Ese cuidado por el contexto fue precisamente lo que más valoró buena parte del público. La coherencia estética y la relación entre canción y espacio generaron una sensación de proyecto común. Sin embargo, esa línea tan marcada también hizo que cualquier ruptura resultara más visible. Y ahí apareció el elemento que descolocó a muchos espectadores.

El contraste que encendió la conversación digital.

En X, donde los usuarios comentaban el programa con la etiqueta #LaCasaDeLaMúsicaRTVE, una actuación concentró la mayor parte de las críticas. Shakira había sido anunciada como uno de los grandes reclamos de la noche, lo que elevó aún más las expectativas. En lugar de una pieza creada para el especial, se emitió un vídeo de su gira grabado en Florida con la canción Soltera. El contraste con el resto de propuestas fue inmediato.

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Las reacciones no tardaron en multiplicarse y algunas fueron especialmente directas. «Shakira mandado un vídeo de un concierto de su gira con su papo gordo. Pues perfecta», escribió un usuario. Otros apuntaron a la falta de coherencia: «La actuación de Shakira ha sobrado totalmente, no ha aportado nada, y no encajaba en el espíritu de #LaCasaDeLaMúsicaRtve». También se repitieron mensajes como «Ay lo de Shakira queda muy mal. Todo tenía como una identidad estética de una actuación grabada para el programa, pero la de Shakira es como si hubieran puesto un vídeo random de YouTube de un concierto suyo» y «Que mal queda después de ver actuaciones bien realizadas y en sitios emblemáticos poner una actuación de la gira de Shakira».

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Más allá del caso concreto, lo ocurrido confirma por qué estos especiales generan tanto debate. Cada detalle se amplifica y encuentra eco inmediato en el entorno digital. Al finalizar la noche, las redes sociales ya estaban llenas de comentarios, análisis y opiniones sobre lo sucedido. Una prueba más de que la Nochevieja televisiva no termina cuando se apaga la pantalla.