El estremecedor mensaje de la madre de dos niñas asesinadas por sus padre: “Obligar a…”

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El eco de la tragedia: una sociedad que no escucha.

Hay eventos que estremecen el alma colectiva de una sociedad. Nos sacuden de tal manera que se hace difícil comprender cómo es posible que sucedan, pero ocurren, y a menudo sin que estemos preparados para reaccionar. La violencia vicaria, esa que se ejerce contra los hijos como una forma de dañar a la madre, es una de las manifestaciones más crueles y devastadoras de esta realidad.

Cuando los gritos de auxilio no son escuchados, el resultado puede ser fatal, como ocurrió el 25 de septiembre de 2018. Itziar Prats es una de las voces que ha decidido alzar en medio del horror. Madre de dos niñas, Nerea y Martina, quienes perdieron la vida en Castellón a manos de su propio padre, la tragedia no solo arrebató su futuro, sino que destrozó a una familia.

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La psicóloga, que en ese momento atravesaba un proceso de separación, había denunciado las amenazas del padre, pero como tantas veces sucede, sus palabras no fueron tomadas en serio. Su historia no es un caso aislado; es una tragedia reflejo de un sistema que aún tiene grandes vacíos en su capacidad de proteger a las víctimas.

Latido de las mariposas: el renacer en medio del dolor.

Después de la muerte de sus hijas, Itziar emprendió un camino de resiliencia, llevando consigo la memoria de las pequeñas, pero también una misión: evitar que otros sufran lo mismo. Junto a Isabel Gallardo, fundó Latido de las mariposas, una iniciativa social destinada a educar en igualdad y a luchar contra la violencia de género. Este proyecto busca incidir en las escuelas y en otros espacios de la sociedad para que se comprenda la gravedad de los abusos y el impacto que tienen sobre la vida de las víctimas.

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La labor de Latido de las mariposas se basa en transformar el dolor personal en un compromiso con la justicia social. A través de talleres, charlas y recursos educativos, intentan sensibilizar sobre la importancia de reconocer las señales de violencia y la necesidad de prevenirla desde la infancia. Itziar y su equipo trabajan incansablemente para derribar los muros de silencio que permiten que la violencia de género siga existiendo y, peor aún, que se invisibilice el sufrimiento de las víctimas más vulnerables: los niños y niñas.

Un sistema que necesita cambiar.

Este fin de semana, Prats participó en el IV Encuentro Estatal sobre Violencia Vicaria y Violencia de Género Institucional en España. En su intervención, denunció una realidad alarmante: miles de niños y niñas en el país siguen conviviendo con padres maltratadores, a pesar de las órdenes de protección. “La ley ya contempla que ningún agresor, por estar denunciado, tiene derecho a visitas, y muchísimos las tienen incluso con sentencia de violencia. Y obligar a niños y mujeres a tener una conciliación con su agresor es una de las mayores perversiones que hay en este sistema. Me parece aberrante», afirmó, dejando claro que el sistema aún falla en su función de protección.

Las palabras de Prats resuenan con la misma contundencia de una llamada de alerta. A pesar de las leyes y las normativas que se han ido implementando en los últimos años, la realidad es que muchos de estos agresores siguen ejerciendo su poder sobre las víctimas, ahora a través del contacto forzado con sus hijos. Esta situación, lejos de garantizar la seguridad de los menores, la pone en peligro de manera directa. Las sentencias de violencia de género a menudo no se cumplen de manera efectiva, y es el bienestar de los niños lo que queda en segundo plano.

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La violencia de género no tiene fronteras.

El caso ocurrido ayer, en el que un hombre mató a su hija de 13 años antes de suicidarse en Bilbao, ilustra de manera cruda lo que ocurre cuando el sistema no actúa de forma adecuada. La tragedia sigue repitiéndose, y la violencia vicaria, lejos de disminuir, parece continuar ganando terreno. Estos sucesos son un recordatorio de que el cambio no puede esperar más. La falta de acción y la normalización de la violencia dentro de muchos hogares están llevando a más niños y mujeres a vivir en un constante estado de vulnerabilidad.

Es urgente que la sociedad en su conjunto reaccione frente a este panorama y que las autoridades actúen con mayor firmeza para proteger a las víctimas. Las organizaciones como Latido de las mariposas están haciendo una labor fundamental al dar visibilidad a estos problemas, pero es necesario que se sumen más voces y que, finalmente, se logren reformas profundas en el sistema judicial y en las políticas públicas. Sólo así se podrá garantizar un futuro en el que la violencia de género, en todas sus formas, sea erradicada de una vez por todas.

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