Llegan nuevas informaciones sobre el trágico suceso.
En una reciente emisión del programa ‘Vamos a ver’, un familiar del padre de los niños asesinados por su abuelo en Granada compareció para arrojar luz sobre las tensas y preocupantes interacciones previas que el hombre tenía con su familia y, en particular, con sus nietos.

Describiendo el carácter perturbador del abuelo, el familiar no dudó en señalar la gravedad de sus acciones previas: “Era un hombre complicadísimo. Ya había amenazado al padre con escopeta varias veces, la Guardia Civil sabía que tenía escopeta y permiso de armas y no han tenido c***nes a quitársela”. Esta declaración revela la preexistente amenaza y la notable inacción de las autoridades locales, que a pesar de estar al tanto de la posesión de armas por parte del agresor, no lograron prevenir la tragedia.
Por su parte, Juan y Manuel, amigos cercanos del hombre que posteriormente se quitó la vida tras cometer el atroz acto, también ofrecieron su perspectiva sobre la personalidad y los cambios que habían observado en él a lo largo del tiempo.
Creen que lo tenía todo planeado.
Manuel explicó con detalle la transformación que sufrió el abuelo tras un desafortunado accidente que marcó un antes y un después en su comportamiento: “Todo el pueblo está consternado, no lo tenemos asimilado todavía. No tenía un carácter violento, Pepe era una persona normal, tranquilo, de una familia buena. A partir del accidente le cambió la vida y no paraba de sentirse culpable. A raíz del accidente se volvió muy cerrado, estaba apartado de la gente. Le he visto alguna vez con la bicicleta, pero no daba conversación ni nada». La descripción de Manuel pinta el retrato de un hombre que, abrumado por la culpa y la soledad, se fue aislando progresivamente de la comunidad que antes lo consideraba un miembro pacífico y normal.

Además, Juan relató una interacción inquietante que tuvo lugar justo antes del fatídico suceso. “El domingo por la mañana vino a buscarme para que yo le diera un contrato para poder alquilar o traspasar su nave, pero le dije que tenía que ser el lunes y me dijo que no, que tenía que ser sí o sí el domingo exactamente. Vino a mi casa y se lo entregué”. Este comportamiento inusual, insistiendo en una urgencia inusual para un trámite aparentemente rutinario, podría haber sido una señal de la trágica resolución que tenía en mente.
Finalmente, Manuel compartió una reflexión que resonó con la incredulidad de todo el pueblo: “Creemos que él tenía ya todo planeado ese día por la mañana lo que ha hecho, pero nunca imaginamos que sería a los niños, jamás… nadie en el pueblo pensaba que le haría eso a los nietos porque tenían muy buena relación con ellos. Nadie se lo explica». Este testimonio subraya la conmoción y el desconcierto que ha dejado este acto brutal en una comunidad incapaz de entender cómo alguien aparentemente cercano y afectuoso con sus nietos podría cometer un crimen tan horroroso.
Estos testimonios y revelaciones pintan un cuadro inquietante y doloroso de una tragedia que quizás pudo haberse evitado, dejando una estela de preguntas sobre la prevención, el reconocimiento de señales de alerta y la responsabilidad de las autoridades en la protección de los más vulnerables.