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El socorrista que rescató a la joven que se cayó de un mirador de Benidorm por sacarse un selfie: “Todo por una foto”

La joven se subió a la balaustrada, perdió el equilibrio y se cayó al mar.

Una joven de 26 años está ingresada en estado crítico tras precipitarse este martes por el Castell, uno de los principales atractivos turísticos de Benidorm, mientras intentaba hacerse un selfie en uno de los puntos turísticos más conocidos de la localidad alicantina. El incidente tuvo lugar sobre las seis de la tarde, cuando se encontraba lleno de público. Entre todos ellos, dos chicas de Ucrania que habían venido a pasar unos días de vacaciones en la zona y se alojaban en un apartamento turístico de la Cala de La Vila.

Como todos los turistas que visitan el lugar, decidieron hacerse una foto como recuerdo. Una de ellas se subió a la emblemática balaustrada, con la mala suerte de que, por causas impredecibles, perdió el equilibrio. La mujer se despeñó hasta el mar desde una altura de unos veinte metros y fue rescatada, en parada cardiorespiratoria, por socorristas que le practicaron maniobras de reanimación antes de trasladarla al puerto.

Según ha informado el CICU, hasta el lugar de los hechos se desplazó una unidad del SAMU y otra de SVB, cuyo equipo médico realizó la reanimación cardiopulmonar avanzada a la joven ucraniana, que estaba inconsciente, y otras técnicas de estabilización hasta que lograron recuperar sus constantes vitales.

Posteriormente, fue trasladada por politraumatismo y síntomas de ahogamiento al Hospital General Universitario de Alicante, donde permanece ingresada con pronóstico muy grave.

“Solo pensaba en sacarla del agua”.

Días después del incidente, el socorrista que rescató a la joven comienza a asimilar la acción casi heroica que llevaron a cabo tanto él como sus otros tres compañeros: Adam Fernández, José Bautista y Daniel Jiménez, el patrón de la embarcación. “En el momento, lo único que se pasó por mi cabeza fue llegar lo antes posible a donde estaba la chica y poder sacarla”, dijo.

“Ahora, cuando he visto las imágenes, me he dado cuenta del riesgo que corrimos y se me ponen los pelos de punta”, contó este joven, que reconoce que el del martes fue el rescate más “gordo” y más arriesgado al que se ha enfrentado en sus cinco años de carrera. Pero asegura que lo volvería a hacer: “Lo bonito de este trabajo es salvar la vida de quien nos necesita”, explicó.

Cuando ocurrió el suceso, alguien llamó inmediatamente al 112. “Íbamos en la lancha por Levante, rumbo al puerto, cuando nos llegó el aviso”, recordó Alejandro. Sin saber muy bien qué había ocurrido, pusieron rumbo a la zona, pero el mar estaba bastante revuelto y no conseguían dar con el paradero de la mujer. “La gente desde el Castillo nos hacía señales para indicarnos, pero no la veíamos. Tuvimos que acercarnos bastante y, en el momento en que la pudimos ver, el patrón me dijo que al agua y yo me lancé a por ella”, dijo.

Alejandro estuvo varios minutos forcejeando con la bravura del mar, que en repetidas ocasiones les arrastró a ambos contra las rocas. Muestra algunas magulladuras que aún tiene en el cuerpo por los golpes. “Las olas no me dejaban cogerla. Una de las veces se me escapó de las manos cuando ya la tenía, pero seguí intentándolo. Veía que mis compañeros venían nadando desde la playa para ayudarme y eso me dio fuerzas”, contó.

Cuando lograron finalmente hacerse con ella, la subieron a la lancha e iniciaron las maniobras de reanimación, pues la joven no tenía constantes vitales. Finalmente, con el apoyo de otros compañeros y de los sanitarios del SAMU, lograron reanimarla antes de su traslado al Hospital, donde permanece en estado muy crítico.

Ahora, Alejandro, que compagina su labor en las playas con trabajos de socorrismo en piscinas o en la hostelería durante el invierno y prepara unas oposiciones para el Ejército, reconoce tener sentimientos encontrados: satisfacción por lograr rescatar a la joven con éxito y preocupación por su evolución clínica. “Ojalá salga adelante”, dijo.