Un anuncio que abre conversación.
Eduardo Casanova es actor, director y una de las figuras más reconocibles de su generación en el audiovisual español. Muchos lo identifican por su irrupción temprana en la televisión, donde destacó por un personaje que marcó a toda una audiencia. Con el tiempo, su carrera se ha desplazado hacia un terreno más autoral y arriesgado. Ahí ha construido una identidad creativa muy personal, alejada de lo convencional.

Nacido en Madrid y con apenas treinta y cuatro años, Casanova ha sabido moverse entre distintos lenguajes narrativos. Ha trabajado delante y detrás de la cámara con la misma intensidad. Su cine se caracteriza por una estética reconocible y por una mirada que interpela al espectador. Esa coherencia artística lo ha convertido en una voz singular dentro del panorama cultural.
Más allá de la interpretación, Casanova ha firmado proyectos que dialogan con temas íntimos y sociales desde la ficción. Su trabajo no busca complacer, sino provocar reflexión. Esa forma de entender el arte ha sido constante desde sus primeros pasos. También explica por qué cada decisión pública suya suele generar debate.
Una voz que decide cuándo hablar.
Esta semana, el creador ha compartido una información personal que llevaba años reservándose. Lo hizo a través de sus redes sociales, con un texto medido y profundamente reflexivo. “Hoy rompo este silencio tan desagradable y doloroso después de muchísimos años. Un silencio que guardamos y sufrimos muchísimas de las personas con VIH”, escribió. Desde ese primer mensaje dejó claro que hablaba desde la experiencia y desde la calma.
En la misma publicación explicó las razones y el momento elegido para hacerlo público. “Lo hago cuando yo quiero. Cuando yo puedo. Lo hago por mí, pero deseo que esto pueda ayudar a más gente. Lo hago a mi manera, a través del cine, que es mi forma de comunicarme. Pero sobre todo lo hago con dignidad. La dignidad debería ser la forma en la que todas las personas con VIH pudieran salir del armario”, añadió. También recordó que “cerca del 80 por ciento de las personas con VIH no ha compartido con casi nadie que tiene la infección, por un estigma que nos condena al rechazo sistemático y más injusto del mundo”. El mensaje fue recibido con una oleada de apoyo.
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Casanova acompañó el anuncio con el adelanto de un proyecto cinematográfico muy personal. “Quiero explicar brevemente lo que es esto: es una película documental, no es un programa de televisión. Se estrenará en cines, pronto, el año que viene. Ya habrá tiempo para explicar más cosas”, aclaró a sus seguidores. El documental, producido por Jordi Évole, se estrenará en enero y se ha rodado este otoño. En él se muestra un proceso íntimo que combina memoria, emoción y cine.
Apoyos, reacciones y debate público.
En uno de los fragmentos compartidos, el director verbaliza el peso de contar su historia. “A mí todo el mundo me ha dicho: ‘No hagas esto’”, afirma ante la cámara. Cuando Évole le pregunta “¿Y por qué lo haces?”, responde: “Pues porque es insoportable. Yo no puedo vivir así. Contarlo es buscar ayuda”. El proyecto dialoga con trabajos anteriores del autor y permite entender mejor su recorrido vital y creativo.
Las muestras de respaldo no tardaron en llegar desde distintos ámbitos de la cultura. Paco León compartió el tráiler del documental y escribió simplemente: “Bravo Edu”. En la misma publicación, añadió: “Ay amigo….convertir la herida en arte. Y el arte en necesidad. GRACIAS!”. No fue el único gesto, pero sí uno de los más comentados.

La repercusión de la noticia ha sido internacional y ha generado múltiples lecturas. Entre ellas, las declaraciones de Begoña Villacís, quien afirmó: “Que una voz como la de Eduardo Casanova diga en alto que tiene VIH es muy valiente”, y añadió que “además es importante distinguir que tiene VIH, no sida, que no es lo mismo”. Tras difundirse estas palabras, las redes sociales se han llenado de críticas y comentarios cuestionando el enfoque y el tono de su intervención. El debate digital ha vuelto a poner el foco en cómo se habla públicamente de estas realidades.