Cuando el adiós de alguien estremece a todos.
Hay pérdidas que trascienden lo personal y se sienten colectivas, como si golpearan el corazón de una ciudad entera. Cuando alguien deja huella en un ámbito tan arraigado a la identidad local, su partida no es solo noticia: es un luto compartido. Esta semana, Valencia amaneció conmocionada por la noticia de un accidente inesperado que segó una vida muy querida.

Julián Carabantes, conocido simplemente como “Carabantes” en el entorno fallero, falleció tras un accidente mientras decoraba la sede de la Agrupación-Federación de Fallas del Marítimo, organización que presidía. Fue trasladado de urgencia al hospital, donde permaneció en estado crítico hasta que su luz se apagó horas después. El vacío que deja entre los suyos es inmenso, pero su legado lo es aún más.
Más que un líder, un alma creativa.
Carabantes no solo fue un referente en las Fallas, sino un impulsor de iniciativas que marcaron época. Presidió durante años la falla del Barrio Beteró, intervino como tertuliano en el programa Tot es Festa, y brilló como organizador de eventos y jurado en concursos teatrales. Su talento creativo lo llevó a transformar espectáculos internacionales en versiones falleras, como cuando adaptó The Book of Mormon en clave de sátira local para las Galas de la Cultura.

Su presencia era constante en todo lo que implicara escenario y espectáculo. Desde las galas para elegir a las cortes de honor hasta las producciones teatrales más ambiciosas, Carabantes combinaba humor, ingenio y pasión. Muchos lo recuerdan no solo como un líder, sino como el alma de las fiestas, capaz de sacar sonrisas y emociones genuinas incluso en los momentos más protocolarios.
Un hombre, dos pasiones.
Pero su entrega no se limitó al universo fallero. Durante años, Carabantes fue también el corazón del Valencia CF… literalmente. Dentro del disfraz de mascota del club recorrió estadios, acompañó al equipo en desplazamientos y animó a la afición con incansable energía. Aunque en los últimos tiempos había dejado el traje, seguía vinculado al club, organizando actividades en el Tour Mestalla y dinamizando los descansos de los partidos.
El homenaje no tardó en llegar desde todos los frentes. Figuras políticas como el president Carlos Mazón, la delegada Pilar Bernabé y la alcaldesa María José Català expresaron públicamente su pesar. Las redes sociales se llenaron de mensajes que mezclaban dolor y gratitud, recordando al hombre que, desde las Fallas o desde Mestalla, siempre estuvo allí para dar lo mejor de sí mismo.
Carabantes deja atrás mucho más que cargos y reconocimientos. Deja una estela de pasión desbordante, de compromiso con la cultura popular, de amor por la fiesta y el deporte que marcó a generaciones. Y aunque su ausencia duele, Valencia no lo olvidará: su nombre seguirá sonando cada marzo, cada gol, cada aplauso.