Trágica noticia.
Hay muertes que trascienden lo personal para convertirse en un golpe colectivo. El fallecimiento de ciertas figuras públicas, aquellas que han acompañado durante décadas a millones de personas desde una radio, un periódico o una pantalla, deja un vacío que no se mide solo en el ámbito profesional. Son ausencias que remueven recuerdos, rutinas y voces que parecían eternas.

En el mundo del periodismo deportivo, algunas firmas y voces se convierten en auténticos referentes. No solo por la información que transmiten, sino por la pasión y cercanía con la que lo hacen. Cuando desaparecen, no se va únicamente un profesional, sino una forma muy concreta de entender el deporte y de vivirlo junto a la afición.
El último adiós ha llegado ahora para “Manuel Esteban Fernández”. Conocido por todos como “Manolete”, murió a los 68 años en Madrid, la ciudad que lo vio nacer y crecer profesionalmente. Su batalla contra el Parkinson fue larga, pero nunca le robó la chispa que lo caracterizaba frente a los micrófonos y en sus textos.
Del papel a la radio, siempre Atlético.
Su historia profesional comenzó en la agencia Efe y continuó en las páginas del diario Marca, hasta encontrar su casa definitiva en el diario AS. Allí, “a cargo de las noticias del Atlético de Madrid”, dejó claro que su vínculo con el club colchonero era algo más que periodístico: era un acto de lealtad.
Pero “Manolete” no se limitó a la prensa escrita. Su voz se convirtió en una de las más reconocibles de la Cadena SER, participando en programas tan emblemáticos como Carrusel Deportivo y El Larguero. Desde esos micrófonos, llevó la emoción de los partidos a miles de hogares, convirtiéndose en compañía habitual de la afición.
Un colaborador incansable.
La lista de medios en los que trabajó es tan extensa como su trayectoria: Radio Popular de Madrid, Onda Madrid, Radio España, Telemadrid, Don Balón, Punto Pelota y Sport. En cada uno de ellos dejó una huella reconocible, una forma de narrar y opinar que no se confundía con ninguna otra.
Su partida deja un hueco difícil de llenar, tanto en las redacciones como en la memoria sentimental de quienes crecieron escuchándolo o leyéndolo. Porque hay periodistas que, más allá de informar, se convierten en parte de la historia emocional de sus lectores y oyentes. “Manolete” fue, sin duda, uno de ellos.