Estudio confirma que las personas que son muy blancas no se vuelven morenas por decirlas que están muy blancas

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El inalcanzable bronceado: Un misterio científico desvelado

En una revelación que tiene a los científicos rascándose la cabeza y a los entusiastas del bronceado refunfuñando bajo sus sombrillas, un reciente estudio ha confirmado lo que muchos sospechaban pero pocos se atrevían a decir en voz alta: por mucho que le digas a una persona de piel extremadamente blanca que está «demasiado blanca», esta no se bronceará mágicamente por el simple poder de tu observación.

El poder de la palabra, ¿un mito?

El estudio, llevado a cabo por un grupo de investigadores con mucho tiempo libre y una inclinación por lo obvio, se propuso desmitificar esa creencia tan extendida entre amigos y familiares. Durante años, personas de todo el mundo han creído firmemente que señalando lo pálida que está una persona, de alguna manera desencadenarían un proceso milagroso en el cual la epidermis respondería con un cambio de color digno de un concurso de bronceado. Sin embargo, los datos obtenidos muestran que, a pesar de las miradas juzgadoras y los comentarios sarcásticos, la piel blanca permanece… bueno, blanca.

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Científicos en la búsqueda del bronceado instantáneo

Los autores del estudio, después de analizar la información recopilada durante varios veranos y numerosos eventos sociales, concluyeron que el color de la piel de una persona no responde a comentarios, por más insistentes que sean. «Nos sorprendió descubrir que la piel pálida no se tiñe de dorado bajo la presión social», explicó el Dr. Juan Torrefactor, quien lideró la investigación. «Incluso cuando a los participantes se les dijo repetidamente que parecían fantasmas o que el blanco no les sentaba bien, sus melanocitos se mantuvieron impasibles, como si estuvieran acostumbrados a los intentos fallidos de crítica constructiva».

¿La solución? ¡Más sol y menos palabras!

Mientras tanto, los científicos sugieren que aquellos preocupados por la blancura de su piel quizás deban buscar soluciones más prácticas, como la exposición gradual al sol (con protección, claro está) o, en casos extremos, considerar un viaje a un destino tropical. Los investigadores, sin embargo, advierten que no importa cuántas veces se le diga a alguien que necesita «un poco de color», las palabras no funcionarán como un sustituto de los rayos UV.

Así que la próxima vez que sientas la tentación de decirle a alguien que está «demasiado blanco», recuerda: el poder de tu palabra tiene sus límites, y la ciencia lo ha demostrado. Al final del día, quizás lo mejor sea dejar que cada uno se broncee —o no— a su propio ritmo, sin la presión social de parecerse a un anuncio de protector solar.

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