Antonia Dell’Atte, una figura que nunca pasó desapercibida.
Durante los años 80 y 90, Antonia Dell’Atte se convirtió en uno de los rostros más icónicos de la moda europea. Su elegancia, carácter fuerte y presencia escénica la llevaron a trabajar con las casas más prestigiosas y a convertirse en una habitual de la prensa del corazón en España e Italia. Pero detrás de esa imagen sofisticada se escondía una historia personal compleja y profundamente marcada por el dolor.

La italiana, musa de Giorgio Armani en su juventud, vivió un intenso romance con Alessandro Lecquio, aristócrata y personaje habitual de la televisión española. Aquella relación, que comenzó con glamour y titulares, acabó convertida en un episodio que marcaría su vida para siempre. Dell’Atte, que se trasladó a España para formar una familia, acabó enfrentándose a una realidad muy distinta de la que imaginaba.
Con el paso del tiempo, su nombre dejó de estar únicamente ligado al mundo de la moda para asociarse también a una lucha pública por contar su versión y reclamar justicia. Esa determinación la ha llevado, décadas después, a conceder una entrevista en la que ha relatado con crudeza lo que vivió durante su matrimonio con Lecquio.
Una confesión sin adornos.
En una conversación publicada por El País, Antonia Dell’Atte describe con contundencia el “infierno” que asegura haber atravesado junto a su entonces pareja. Relata que en su momento presentó una denuncia por violencia machista contra él, aunque posteriormente la retiró. Años más tarde, la justicia le dio la razón, confirmando judicialmente lo que ella había contado durante tanto tiempo.

La exmodelo sostiene que la existencia de unas cartas escritas por Lecquio fue clave en el proceso judicial. “¿Si yo no hubiese encontrado esas cartas que él reconoció ante el juez que escribió? Hubiese tenido que resarcirlo económicamente. Yo a él. Mientras, en la tele se habla de trapos sucios. No son trapos sucios, son malos tratos”, afirma con rotundidad, rechazando que su historia pueda reducirse a un asunto privado.
Un relato estremecedor.
Dell’Atte no se limita a generalidades: también rememora episodios concretos que, según su testimonio, marcaron el inicio de su pesadilla. “La primera patada que me dio Lecquio, estando embarazada, fue a la vuelta de la luna de miel. Llegamos, abrí el buzón, cogí una carta con mi nombre y dijo: ‘tú ya no te llamas Antonia Dell’Atte, tú eres la condesa Lequio’. Le dije: ‘no, yo soy Antonia Dell’Atte’. Y ahí llegó la primera patada y mi gran pesadilla”.

Asegura, además, que fue víctima de un aislamiento progresivo: “Me enteré de que llamaba a mis amigos y los amenazaba si no me dejaban en paz”. Esta supuesta estrategia de control habría contribuido a que se sintiera sola en un país que no era el suyo, enfrentándose a una situación extremadamente difícil sin apoyos cercanos.
La lucha contra la imagen pública.
Además de lo vivido en la intimidad, Dell’Atte recuerda cómo fue retratada por ciertos medios durante aquellos años. Según explica, la prensa de la época contribuyó a reforzar una imagen negativa de ella: “He luchado sola contra la complicidad de la prensa rosa. Tenía que proteger a mi hijo, tenía muchas presiones, estaba sola en España, y no tenía pruebas”. Palabras que reflejan el desgaste personal de enfrentarse simultáneamente a una batalla legal y a una mediática.
Su testimonio no se queda en el pasado. La italiana dirige ahora sus críticas a Telecinco, cadena en la que colabora Lecquio, reclamando que se tomen medidas. “Telecinco, director de comunicación, tenéis que alejarlo. Tienes que apartarlo porque tenéis pruebas suficientes para que esa persona no esté sentada en un programa de máxima audiencia, porque sois manipuladores de la información. Manipulando, blanqueando y encubriendo a un maltratador”, sentencia, apelando incluso al Ministerio de Igualdad.
Una entrevista que ha generado repercusión.
Las declaraciones de Antonia Dell’Atte no han pasado desapercibidas. La entrevista ha despertado un intenso debate público y ha sido ampliamente compartida en redes sociales, donde muchos espectadores han comentado la crudeza de su relato y el impacto de sus palabras. La conversación ha reavivado viejas heridas y ha puesto en el centro del foco mediático un episodio que, décadas después, sigue generando controversia.