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La hilarante reflexión de esta madre después de comprar vitaminas para su hijo, lo está petando en las redes sociales

Es difícil ser madre hoy en día. A veces parece que si cometes un pequeño error, o incluso si te atreves a dar el pecho a tu hijo en público en el lugar “equivocado“, eres un auténtico monstruo… —que se lo digan a Tania Llasera.

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Esta madre se encontró recientemente de madrugada comparando dos marcas de vitaminas para niños que costaban una fortuna.

Se puso a pensar en cuando era niña y no recordó que su madre tuviera que preocuparse por cosas como esta. Así que hizo lo que muchas otras madres modernas, y se puso a despotricar en Facebook.

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Empezó explicando su problema:

“Ser un padre moderno es terrible. Daría mi rodilla izquierda por haber vivido la paternidad en los 70 o los 80, cuando todo lo que tenías que hacer para ser considerada una buena madre era recordar bajar las ventanillas cuando fumabas en el coche. No estoy hecha para esto.

¿Sabéis lo que he estado haciendo esta mañana? COMPRANDO VITAMINAS. He estado comparando vitaminas infantiles durante 45 minutos, leyendo reseñas online, y entradas en blogs sin ninguna ciencia detrás que me provocan a la vez miedo y respeto. Solo tengo dos sujetadores decentes, pero estoy lista para gastarme 100 dólares en vitaminas para niños, probióticos (que parecen cocaína prensada muy fina y no tienen sabor pero si no las compras tu hijo se muere), y suplementos.”

Y después empezó a explicar cómo era crecer cuando ella era niña.

“¿Sabéis qué vitaminas tomé cuando crecía? NINGUNA. LA LUZ DEL SOL ERA MI VITAMINA. Ocasionalmente, una vez al año, mi madre nos daría una de esas vitaminas que parecían piedras del riñón pero solo teníamos que tomarlas un par de días antes de que se despreocupara de nuestra salud.

Alguien me dijo que mis hijos necesitan aceite de pescado que cuesta 60 dólares. Lo más parecido a aceite de pescado que tuve cuando era niña fue aquello que el Capitán Pescanova pescaba, empanada y freía. Una vez tuve un plato especial de palitos de merluza porque estaban de oferta. El aceite de pescado se supone que es bueno para el cerebro pero estoy segura que, como las vaginas, los cerebros se limpian solos y no necesitan jabones especiales.

He estado comprando las vitaminas de mis hijos en el mismo sitio en el que compro alargadores y enfriadores de botellas, pero recientemente he escuchado que las vitaminas de Cars de Disney Pixar son una basura azucarada que causan lepra y síndrome de déficit de atención, así que ahora estoy dispuesta a comprar otra cosa. No hay nada en la maternidad moderna que sea fácil y eso me irrita. He visto la manera en la que me miran algunos padres cuando le doy a mi hijo un bric de zumo en el parque. Es zumo, no es Red Bull o un coctel margarita, así que cálmate Jackie, sí, he dicho tu nombre.

“Cuando era niña vivía a base de Tampico. Es zumo de naranja para pobres. Se vende por garrafas, lo espesan con cheques de la beneficencia hechos puré, vienen en tres colores (naranja queso-gubernamental, rojo estoy-a-punto-de-empezar-a-vender-sangre y azul no-puedo-permitirse-estos-niños). Mis padres compraban este zumo sin frutas con cheques de comida, y a pesar de mis problemas mentales estoy perfectamente.”

Puede que sea una de las reflexiones de una madre cabreada más divertida que hemos leído en mucho tiempo.

“Ahora por fin, voy a gastarme lo que costará una factura de la luz en vitaminas porque, en 2016, no quieres realmente a tus hijos si no eres un guiñapo paranóico sobre su bienestar físico dispuesto a gastar una fortuna en pasta de dientes libre de colorantes hecha en los bosques con sabor a saúco y privilegio.

Si me necesitáis, estaré delante de mi ordenador llorando lágrimas amargas y buscando sales de baño sin ftalatos. Ni siquiera sé qué es el ftalato.”

¿Qué os parece a vosotros? Contádnoslo en los comentarios.

Por cierto, que este chat entre una madre y su hija comprando tampones se ha vuelto viral por la mejor razón posible.

Vía Elegí mal día.