La hipocresía de Pablo Motos: se queja de la falta de libertad de expresión pero censura a los que le critican

Pablo Motos, el presentador de El Hormiguero, se ha convertido en el blanco de las críticas de varios cómicos y personajes públicos que han denunciado en las redes sociales su actitud censora y autoritaria. Según estos testimonios, Motos no tolera que se hagan chistes sobre él o que se le lleve la contraria y usa su poder e influencia para presionar y amenazar a quienes lo hacen.
Esto contrasta con el discurso que Motos mantiene en su programa, donde se presenta como un defensor de la libertad de expresión y se lamenta de que ya no se pueda decir nada sin ofender a nadie. Sin embargo, parece que esta libertad solo la reclama para él y sus colaboradores, mientras que intenta silenciar a los que le molestan o le ridiculizan.
Los casos de Facu Díaz, Raúl Salazar y Bob Pop: víctimas de las llamadas de Motos
Uno de los que ha acusado a Motos de censura es el cómico y humorista Facu Díaz, quien ha revelado en su canal de Twitch que el presentador de El Hormiguero le ha llamado varias veces para pedirle explicaciones por hacer chistes sobre él o por criticarle en público. Díaz ha calificado esta actitud de “incoherente” y ha dicho que Motos está obsesionado con su imagen y su reputación.
Otro que ha sufrido las presiones de Motos es el humorista gráfico Raúl Salazar, quien trabaja en la revista El Jueves. Salazar ha contado que recibió una llamada de un “lacayo” de Motos para reprocharle unas viñetas en las que se burlaba del presentador. Salazar ha ironizado sobre el hecho de que Motos se queje de la falta de humor cuando él mismo lo reprime.
También ha denunciado la situación el activista y colaborador de Hoy por Hoy, Bob Pop, quien ha afirmado que Motos no solo ha llamado a cómicos y viñetistas, sino también a periodistas y productoras para exigir que despidan o castiguen a los que le han criticado. Bob Pop ha dicho que muchos de sus amigos han vivido esta situación, pero que no se atreven a hacerla pública por miedo a las represalias.