Trágico suceso.
Algunas historias logran paralizar a toda una comunidad. Son esos sucesos que no se comprenden, que invitan al silencio y al respeto. Cuando ocurren, la reacción colectiva es siempre la misma: un escalofrío, una pausa, un nudo en la garganta. A veces, la cotidianidad se ve interrumpida por una sacudida que nadie espera.

Esta vez, la conmoción se ha sentido con fuerza en A Coruña. La noche del domingo dejó una tragedia que ha helado a la ciudad entera: un niño muy pequeño ha perdido la vida en su propia casa. A partir de ahí, las preguntas se amontonan y las explicaciones duelen. Todo apunta a un accidente doméstico que tuvo consecuencias irreparables.
La tragedia ocurrió en un domicilio de la calle Ángel Senra, una zona tranquila donde nadie imaginaba algo así. Poco después de las once de la noche, un vecino hizo una llamada desesperada al servicio de emergencias. Alertaba de que un menor no reaccionaba, y pedía ayuda con urgencia. En segundos, el protocolo de emergencia se puso en marcha.
Una llamada que lo cambia todo.
El 112 Galicia avisó al instante al servicio sanitario y a los distintos cuerpos policiales. Al lugar se desplazaron equipos del 061 y patrullas de la Policía Nacional, Local y Autonómica. La respuesta fue rápida, pero el desenlace ya no podía evitarse. Lo que encontraron los servicios de emergencia fue una escena desgarradora.
Los profesionales sanitarios no pudieron hacer nada más que confirmar el fallecimiento del menor. Según fuentes consultadas, el pequeño tenía aproximadamente dos años de edad. Todo indica que se habría enredado con los tiradores de un estor, en lo que parece ser un trágico accidente. La investigación continúa abierta para esclarecer todos los detalles.
En situaciones tan dolorosas, es fundamental el acompañamiento psicológico. Por eso, se activó al Grupo de Intervención Psicológica en Catástrofes y Emergencias del Colegio Oficial de Psicología de Galicia. Su labor consiste en prestar apoyo inmediato a los familiares, en medio del caos emocional. Están entrenados para asistir donde las palabras ya no bastan.
Un barrio en silencio.
La noticia ha corrido rápido por la ciudad, dejando una estela de tristeza. Los vecinos están consternados y muchos han expresado su dolor con flores y mensajes. Hay una sensación de incredulidad que cuesta despejar, como si nadie pudiera terminar de asimilar lo ocurrido. Porque cuando muere un niño, toda la comunidad se rompe un poco.
El caso ha abierto un debate silencioso sobre la seguridad en el hogar. Son muchos los padres que, al conocer la noticia, han revisado sus propias casas con nuevos ojos. Accidentes como este son extraños, pero no imposibles, y eso inquieta. La prevención, aunque nunca garantiza todo, se vuelve más urgente tras cada tragedia.
Por ahora, solo queda el duelo. El que atraviesa esa familia y el que acompaña la ciudad entera, aún en shock. A veces, la vida da zarpazos que no se entienden, solo se sienten. Y este ha sido uno de esos momentos que dejan una herida colectiva.