Ecos de una despedida familiar.
Hay noticias que, sin buscarlo, atraviesan a miles de personas porque hablan de lo esencial: la familia, el paso del tiempo y la fragilidad. Son sucesos que trascienden lo privado y se convierten en conversación colectiva, incluso entre quienes no conocen a sus protagonistas. En estos casos, el interés no nace del morbo, sino del reconocimiento de algo común: todos hemos temido alguna vez recibir una llamada así.

En esa línea se enmarca el fallecimiento de José Bisbal Carrillo, padre de David Bisbal, ocurrido este martes, 10 de febrero, en Almería, a los 84 años. La noticia, adelantada por la prensa almeriense, ha supuesto un golpe duro para los suyos, que llevaban tiempo volcados en su cuidado. En los últimos años, la familia había vivido de cerca el desgaste de la enfermedad, una experiencia que muchas casas comparten en silencio y que, cuando se hace pública, genera una ola de empatía.
El propio artista había relatado en el pasado cómo se vive ese proceso desde dentro, con palabras que conectaron con mucha gente. «Nosotros ya nos hemos ido acostumbrado, pero es duro la primera vez que no te reconoce… Se te parte el alma. Empiezas a notar que no conoce ni a sus nietos. Es durísimo», confesó con emoción. Y completó el retrato de esa realidad cotidiana: «Ya no me reconoce ni a mí, ni a mi hermana, ni a mi hermano… A veces tampoco a mi madre, que siempre está con ella. Sin embargo, sí que se acuerda de su época de boxeador».
El nombre que dejó huella en el ring.
Antes de ser conocido como el padre de un artista internacional, José Bisbal Carrillo ya tenía un lugar propio en la historia del deporte. Nacido en 1941 en Almería, comenzó en el boxeo en 1961 y se retiró en 1976, firmando una trayectoria de siete campeonatos de España. Su figura también ganó notoriedad por abrir camino fuera de nuestras fronteras, con hitos que la prensa especializada recordó durante años. Entre ellos, «mítico el que disputó en Götenborg ante el sueco Jan Persson», un rival al que llegó a vencer en dos ocasiones.

Aquella carrera, seguida de cerca por aficionados y periodistas, fue descrita con admiración por quienes entendían el boxeo como disciplina y técnica. «Bisbal gustaba a los que saben apreciar al boxeo como noble arte, a quienes agrada la esgrima de buena ley, la habilidad», señalaba Mundo Deportivo en una página dedicada al deportista almeriense. Ese tipo de frases ayudan a entender por qué su nombre permaneció en la memoria de muchos, incluso después de colgar los guantes. Con el paso de los años, ese reconocimiento deportivo terminó mezclándose con la dimensión familiar y humana que hoy vuelve a primer plano.
David Bisbal, que no llegó a verlo competir en directo, habló en una ocasión del orgullo que le provocaban esos recuerdos ajenos que le devolvía la gente. «Nunca pude verlo ejercer su profesión de deportista, ya que cuando yo nací, él ya estaba retirado desde hace un tiempo. Me encantaría poder mirar por una mirilla al pasado y verlo triunfar en el ring, ya que cuando toda la gente me habla de lo que representó mi padre en su deporte se me cae la baba, siento un orgullo y una admiración que se me caen las lágrimas de la emoción», declaró. Sus palabras dibujaban una relación marcada por la admiración y por esa curiosidad inevitable de los hijos que heredan una leyenda doméstica.
Más allá del foco, la vida en familia.
Fuera del ring, José —a quien todos llamaban Pepe— cultivó otra pasión que lo acercaba al mundo de su hijo: la música. Llegó a participar en programas de radio como *Cantando se va a la fama* y *Ondas de medianoche*, y en casa ese gusto se vivía de manera natural, casi cotidiana. «Lo recuerdo cantando copla y flamenco por los pasillos de nuestra casa. A veces todavía nos arrancamos con alguna copla cuando estamos juntos y se echa unos bailes en nuestras reuniones familiares», contó el cantante, poniendo el acento en esos rituales que hacen hogar.
La pérdida deja un vacío evidente en su esposa, María Ferre, y en sus tres hijos, María del Mar, José María y David, además de su entorno más cercano. También ha sido muy mencionada la relación afectuosa que mantenía con su nuera, Rosanna Zanetti, quien solía referirse a él con cariño. «Está como está, pero es un campeón», expresó emocionada, en una frase que resume la mezcla de ternura y admiración con la que la familia lo miraba.
En las últimas horas, el fallecimiento ha generado una reacción inmediata en el espacio público digital, donde la frontera entre lo personal y lo compartido se vuelve difusa. Las redes sociales se han llenado de mensajes de pésame, recuerdos y palabras de apoyo, muchas de ellas de personas que han visto reflejada su propia experiencia en esta despedida. Entre comentarios y gestos de cariño, se repite una idea: el dolor no necesita presentación cuando habla de lo que nos iguala a todos. Así, el adiós a José Bisbal Carrillo se ha convertido también en un relato colectivo sobre la memoria, el cuidado y la pérdida.