Ni de Francia, ni de Marruecos… Sale a la luz el verdadero origen de las patatas que vende Mercadona a partir de ahora

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Un alimento de siempre, una conversación nueva.

La patata lleva siglos en nuestras cocinas, pero en internet vive una segunda juventud. Basta con que cambie una etiqueta o se mueva un lineal para que el tema salte a los móviles. En pleno invierno, cuando mucha gente revisa su cesta con lupa, cualquier detalle sobre el origen se convierte en asunto comentado. Y esta vez la protagonista no es una receta, sino una elección de suministro.

Hay informaciones que, por sencillas que parezcan, en redes despiertan una curiosidad inmediata. Un producto cotidiano se transforma en tendencia cuando toca dos teclas muy sensibles: precio y procedencia. La patata, barata y agradecida, encaja en ese tipo de historias que se comparten sin pensarlo demasiado. Y por eso su disponibilidad en enero ha llamado la atención de tanta gente.

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En los primeros días del año, con frutas y verduras que a menudo llegan desde fuera, un anuncio sobre producto nacional se lee casi como una “buena noticia doméstica”. Se comenta en grupos, se reenvía en chats y alimenta debates de pasillo virtual. No es solo una compra: es la sensación de que lo de aquí sigue teniendo sitio en la lista. Mercadona, en ese contexto, pone el foco en patata de origen español cuando arranca enero.

Cuando el origen se vuelve titular.

Que una cadena apueste por un tubérculo puede sonar poco épico, pero la fórmula tiene miga. La clave está en una planificación que se apoya en dos campañas del año para mantener la patata presente y en varias variedades. Así, el producto aparece en función de lo que pida la cocina: cocer, freír o guisar, sin que el consumidor tenga que hacer cálculos. La promesa implícita es clara: continuidad, frescura y utilidad.

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Esa apuesta se sostiene con números grandes y una red de colaboradores repartida por España. La previsión de compra de la última campaña supera las 180.000 toneladas, un volumen que dice mucho del peso del producto en el día a día. Para conseguirlo, Mercadona trabaja con nueve proveedores nacionales de distintas zonas, entre ellos Hijolusa, Meléndez, Gómez y Udapa. Con ese mapa, el surtido puede ajustarse según la temporada y el tipo de consumo en cada hogar.

Además, el lineal no se concibe como un bloque único, sino como una oferta que se mueve con el calendario. Formatos diferentes, usos distintos y la idea de que la patata no es “una”, sino varias maneras de resolver comidas. De acuerdo con Laura Merino, portavoz de Mercadona, la compañía «sigue apostando por las cosechas de patata nueva, ya que son las que más garantías de calidad tienen para sus clientes». En esa frase se resume el argumento: priorizar lo recién cosechado cuando el ciclo lo permite.

El calendario oculto detrás del lineal.

Para asegurar el suministro durante unos ocho meses al año, la cadena apoya su estrategia en un sistema de doble cosecha. La primera etapa llega con el buen tiempo, a partir de mediados de mayo, cuando entra la patata nueva. En esos meses la producción procede de distintas áreas del país y, a partir de agosto, gana peso Castilla y León como gran zona productora. La empresa considera que esta patata nueva es la que ofrece mejores garantías de calidad para el consumidor.

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El verdadero giro, sin embargo, aparece cuando el invierno aprieta y mantener el origen nacional se vuelve más complicado. Ahí entra la campaña verdete, una pieza pensada para que enero, febrero y buena parte de marzo sigan teniendo patata española en tienda. No es un truco reciente, sino un trabajo agrícola muy específico, limitado a zonas donde el clima y el riego lo hacen viable. Murcia y Andalucía concentran buena parte de ese esfuerzo por sus condiciones más suaves.

De esa campaña sale, además, una variedad apreciada como la Soprano, conocida por su rendimiento estable y por encajar en muchos platos. Gracias a ese engranaje, el surtido nacional aguanta también en los meses fríos y el lineal evita vacíos. Cuando la producción local no alcanza, se recurre puntualmente a patata importada como apoyo, sin convertirla en la base de la oferta. Y justo esa decisión —la de priorizar origen nacional con una planificación milimétrica— es la que ha llenado las redes de comentarios, entre aplausos, preguntas y comparaciones sobre cómo cambia la compra cuando el calendario manda.

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