El imbatible encanto de First Dates.
Desde su estreno en 2016, First Dates se ha convertido en mucho más que un simple programa de citas: es un escaparate de emociones reales, momentos incómodos y carcajadas inesperadas. Presentado por Carlos Sobera, el formato ha demostrado que, aunque los hábitos televisivos cambien, la curiosidad por espiar las primeras interacciones entre desconocidos sigue siendo irresistible. Cada noche, millones de espectadores se sienten partícipes de esas historias fugaces que pueden acabar en flechazo… o en catástrofe.

Parte del éxito radica en su capacidad para reinventarse sin perder su esencia. En un panorama saturado de estrenos y competencia feroz, el restaurante más famoso de la televisión sigue siendo un refugio donde lo imprevisible reina. Las personalidades extravagantes, las conversaciones incómodas y los giros inesperados mantienen la frescura del formato, que ha sobrevivido a modas y tendencias pasajeras.
Además, First Dates ha logrado algo poco común en televisión: convertirse en un fenómeno social que traspasa la pantalla. Los momentos más surrealistas se viralizan al instante, las frases más polémicas acaban en memes y, sobre todo, los espectadores sienten que pueden reconocerse en los nervios, expectativas y desilusiones de los participantes. Eso es, precisamente, lo que lo mantiene vigente después de casi una década en antena.
El regreso de las citas incómodas.
La nueva temporada televisiva arrancó el pasado lunes 1 de septiembre, y todas las cadenas han apostado fuerte por renovar sus parrillas. El mes trae estrenos, cambios estratégicos y movimientos audaces para atrapar a la audiencia en prime time. Entre ellos, Telecinco ha decidido mantener su gran baza: First Dates, un clásico que sigue garantizando conversación y polémica a partes iguales.
La franja de access prime time está más reñida que nunca. Pablo Motos continúa con su liderazgo gracias a El Hormiguero, pero desde este lunes tiene un nuevo competidor directo: la segunda temporada de La Revuelta, con David Broncano al frente. Telecinco, lejos de arriesgar con un formato nuevo, confía en que Sobera y su restaurante sigan atrayendo a los curiosos que disfrutan viendo cómo el amor —o el desastre— puede surgir en una primera cita.

Y precisamente desastre es lo que presenciaron los espectadores este lunes. Judith, administrativa contable de 34 años y autoproclamada persona “muy positiva”, llegaba con ilusión desde Barcelona en busca de un chico “hablador, familiar y aventurero”. Su cita: Alberto, un agente funerario de 36 años, también de Barcelona, que se definía como “extrovertido, alegre, familiar y simpático”. Sobre el papel, el match parecía prometedor.
Vestido negro, discusión eterna.
Sin embargo, bastaron segundos para que la velada se torciera. La primera impresión de Alberto fue demoledora: “No me ha gustado porque va de negro y el negro es ruina. Para una cita, una mujer que va de negro es como ‘mírame, pero no me toques’”, sentenció sin filtros. Sobera, en su papel de mediador elegante, los acompañó a la mesa, pero el tono ya estaba marcado.

El color del vestido se convirtió en un tema obsesivo. “Las personas que van de negro no me transmiten nada, solo desilusión. No me ha llamado nada la atención”, insistía él, incapaz de pasar página. Judith, incómoda pero tratando de mantener el humor, intentó salir airosa: “Sabía que eras funerario y he dicho ‘vamos a enlazar el tema’”, bromeó. Ni siquiera eso logró suavizar el ambiente.
“Has venido de luto”, repetía una y otra vez Alberto, provocando que la paciencia de Judith empezara a agotarse. Ella misma lo resumía después: “Una y otra vez el tema del vestido y ha llegado un momento que ya me había enterado que iba de negro”. Entre tensiones y silencios incómodos, la cita comenzaba a hacer aguas por todos lados.
La cena que nunca empezó.
En mitad de la velada, Judith buscó refugio en el baño, donde no se mordió la lengua: “No me gusta nada, os vais a reír de mí. Estoy hasta incómoda. Nada más sentarme me ha dicho que doy mala suerte por ir de negro. A mí este vestido me encanta y no doy mala suerte”, confesó a las cámaras.

Mientras tanto, Alberto no desperdiciaba la oportunidad de reafirmar su teoría ante el equipo y hasta con el personal del restaurante. “Los ángeles cuando van de luto traen mala suerte. ¿Nunca te han dicho eso?”, preguntaba a una de las camareras, que le contestó con ironía: “No y eso que he ido muchas veces de negro”. El cruce de miradas entre el personal lo decía todo: incomodidad absoluta.
Finalmente, Judith, agotada por los comentarios, tomó la única decisión que parecía sensata: marcharse. “Me voy a ir. Estoy muy incómoda y no hay química”, afirmó con firmeza. Alberto, sin embargo, siguió en su línea: “No me has gustado porque vas de luto”, recalcó mientras pedía quedarse para cenar.


La camarera, en un gesto de sororidad, lo dejó claro: “La chica puede ir como quiera”. Él, por su parte, remató la velada con una frase que ya es viral: “Ningún ser humano se puede querer vistiéndose así. Cuando ella se ha ido, he empezado a disfrutar”.