Marisa Paredes: un adiós inesperado a una vida de cine.
Con el rostro visiblemente afectado, Chema Prado acudía al tanatorio de San Isidro para despedir a Marisa Paredes. El fotógrafo, última pareja de la emblemática actriz, no se separó de ella en sus últimos momentos. Según su entorno, Paredes comenzó a sentirse mal y tuvo que ser trasladada de urgencia al hospital. Prado estuvo presente antes del trágico desenlace, despidiendo a quien fue su compañera en los últimos años de su vida.

“Soy la abuela más entregada y enamorada”. Con estas palabras, Marisa Paredes solía describir la inmensa felicidad que le trajo su nieta, Thelma. La actriz, que nos deja a los 78 años, tuvo una única hija fruto de su relación con Antonio Isasi-Isasmendi, reconocido director de cine. María, su hija, decidió seguir sus pasos en el mundo de la interpretación, un legado que Paredes llevaba con orgullo.
Un desenlace fulminante.
La muerte de Marisa Paredes ha sido tan inesperada como dolorosa. Chema Prado, aún conmocionado, explicaba lo sucedido: “Ella no se encontraba mal, tuvo un fallo cardíaco y eso es fulminante. El domingo estuvo viendo a su hija”. La actriz, apenas días antes, había acudido al teatro y no mostraba señales de enfermedad. “Estaba como siempre”, recuerda Prado, quien ha querido honrar la memoria de su compañera.
Chema Prado, pareja de Marisa Paredes desde hace 40 años, pide que recuerden a la actriz como a «una extraordinaria persona»: «Estoy muy afectado. Ha sido muy repentino» https://t.co/RZxq676xQj pic.twitter.com/Cxowe6NrVq
— Europa Press (@europapress) December 17, 2024
Su fallecimiento ha dejado un vacío no solo en sus familiares más cercanos, sino también en la industria cinematográfica. Prado fue el primero en llegar al tanatorio, donde amigos, compañeros de profesión y admiradores se acercan para rendirle un último homenaje. Una despedida que refleja el impacto de una mujer cuya vida estuvo marcada por la entrega y la lucha.
Un camino que empezó en la infancia.
Hija de portera y nieta de campesinos, Marisa Paredes tuvo que desafiar todas las expectativas cuando, siendo niña, confesó a su madre que quería ser actriz. A los 6 años ya tenía clara su vocación y, con apenas 13, formó parte de su primera compañía teatral. Fernando Fernán Gómez, mentor y maestro, la descubrió y fue clave para que su talento brillase.

Su vida profesional se cruzó con la personal cuando conoció a Antonio Isasi-Isasmendi. El director de cine no solo trabajó con ella en un proyecto que quedó para el recuerdo, sino que también se convirtió en el padre de su hija, María. Pese a que su relación se rompió años después, Paredes siempre mantuvo la unión a través de lo más importante para ambos: su hija.
El amor que llegó dos veces.
Después de la separación con Isasi-Isasmendi, la vida sentimental de Marisa Paredes tuvo un nuevo capítulo. Chema Prado, fotógrafo y exdirector de la Filmoteca Española, fue su último gran amor. La complicidad entre ambos trascendió lo profesional, convirtiéndose en compañeros de vida y lucha. Prado fue, sin duda, un apoyo incondicional hasta el último instante.
“La llegada de mi nieta me dio la vida”, declaraba Marisa en una entrevista. Thelma, hija de su hija María, llegó en un momento en que la actriz no atravesaba su mejor etapa. Su nacimiento fue un bálsamo, una razón para seguir adelante con fuerza renovada. Desde entonces, Thelma fue su ojito derecho, la inspiración que necesitaba para mirar al futuro.
Una abuela entregada.
El vínculo entre Marisa Paredes y su nieta Thelma fue inquebrantable. La actriz hablaba con ternura de su papel como abuela y de cómo esa pequeña criatura trajo consigo una nueva perspectiva de vida. En sus últimos años, los momentos con su hija y su nieta se volvieron fundamentales, regalándole la serenidad que tanto buscaba.
Paredes, siempre comprometida y luchadora, también confesaba los temores que la acompañaban al pensar en el futuro de Thelma. La actriz, con una vida llena de logros y desafíos, nunca dejó de batallar por lo que más quería. La llegada de su nieta la hizo revivir, una etapa que siempre describía como la más plena y significativa. Hoy, con su despedida, queda el legado de una mujer que no solo fue una leyenda del cine, sino también un símbolo de lucha y amor incondicional.