Nos deja trágicamente un icono de la música: Adiós y gracias por todo

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Cuando una voz se apaga, el país escucha.

Hay muertes que no se limitan a una familia o a un círculo de amistades: se sienten como un golpe compartido. Ocurre sobre todo cuando quien se va ha acompañado a varias generaciones, aunque sea desde un escenario, una pantalla o un micrófono. En esos casos, el duelo se vuelve conversación de sobremesa y noticia repetida en la radio. Y, casi sin querer, uno repasa dónde estaba la primera vez que escuchó ese nombre.

La sociedad se queda más quieta cuando desaparece alguien que, sin ser de casa, parecía cercano. Es la paradoja de la fama: no te conocen, pero te han tenido presente. De pronto, un disco, una actuación o una frase vuelven a colocarse en primer plano. Y la pérdida se convierte en un recordatorio colectivo de que el tiempo no perdona ni a los iconos.

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También influyen los símbolos: hay personas que representan épocas enteras, sonidos que marcaron años, gestos que definieron un estilo. Cuando falta una de esas figuras, el vacío se mide en recuerdos. Se habla de legado, de oficio, de lo que cambió gracias a su trabajo. Y se intenta poner en palabras esa sensación de “esto no puede ser” que llega sin avisar.

El peso del legado en la memoria.

En esa misma lógica se entiende el estremecimiento que provoca la muerte de alguien importante en su ámbito, aunque no encabezara siempre los titulares. A veces, quienes sostienen una historia cultural lo hacen desde la segunda fila: coros, orquestas, técnicos, manos que empujan el foco hacia otros. Su ausencia revela lo mucho que había detrás de una canción o de una noche televisiva. Y el reconocimiento llega, incluso, con el asombro de descubrir todo lo que hicieron.

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En El Puerto de Santa María ha fallecido a los 89 años Mercedes Valimaña, conocida por todos como la Macaria, la cantante que más veces representó a España en Eurovisión. Su apodo, heredado de una tradición familiar ligada al popular Cine Macario, terminó siendo una tarjeta de presentación. Fue una voz lírica notable y una presencia habitual en escenarios donde se escribía la memoria musical del país. Su trayectoria quedó marcada por una constancia poco frecuente: cinco participaciones eurovisivas no se cuentan todos los días.

Su debut llegó en 1968, cuando el festival se convirtió en una página histórica para España con el primer puesto de Massiel y su La, la, la. Valimaña formó parte del llamado trío La, la, la, situado en el centro del coro durante aquella actuación en el Royal Albert Hall de Londres. Aquel triunfo se resolvió por un margen estrecho frente al Congratulations de Cliff Richard. Y, detrás del brillo, también quedaron anécdotas que con el tiempo han explicado el ritmo frenético y la improvisación de aquella edición.

Eurovisión como mapa de una carrera.

Con los años, el trío recordaría detalles menos amables de aquel periplo, como el hecho de tener que comprarse los vestidos por su cuenta en una tienda madrileña. También dejaron constancia de su disgusto por el trato recibido en aquella aventura acelerada que se organizó tras un cambio de última hora. La trastienda del festival, a menudo, dice tanto como los puntos del jurado. Y Macaria estuvo ahí, en el lugar donde se canta y también donde se sostiene todo lo demás.

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Tras la victoria compartida de 1969, Valimaña volvió a Eurovisión como parte del equipo que acompañó a un joven Julio Iglesias en Gwendolyne, que quedó cuarto en 1971. Un año después, el trío —con María Jesús Aguirre y María Dolores Arenas junto a Mercedes— viajó a Dublín con Karina y En un mundo nuevo bajo la dirección de Waldo de los Ríos. Aquel segundo puesto se vivió como una oportunidad rozada con la punta de los dedos. Incluso hoy se recuerda el episodio del arranque fallido, aún sin una explicación definitiva entre un problema de sonido o un despiste.

Todavía regresaría en 1975 con Sergio y Estíbaliz y su Volverás, que terminó en décima posición, y en 1978 junto a José Vélez con Bailemos un vals, interpretado con orquesta en vivo a un tempo más rápido de lo previsto. Esos años dibujan un retrato de profesionalidad: estar cuando toca, adaptarse y sacar adelante la actuación. Más allá de puestos y clasificaciones, Macaria acumuló experiencia en el escenario europeo como pocas. Y, como guiño de época, hasta un tropiezo camino del escenario quedó apuntado como “momentazo” que hoy sería carne de viral.

Fuera del festival, su carrera fue igual de extensa: formó parte de coros en giras iniciales de Julio Iglesias y trabajó con artistas como Camilo Sesto o Luis Aguilé. Su voz también quedó fijada en jingles publicitarios, grabaciones de estudio y bandas sonoras de cine y televisión, ese lugar donde la música se vuelve cotidiana. En TVE, acompañó a orquestas y programas musicales con nombres como el maestro Ibarbia o Augusto Algueró, en espacios como Galas del sábado o Gente joven. Y, tras conocerse la noticia, las redes sociales se han llenado de mensajes de despedida, recuerdos eurovisivos y agradecimientos por una trayectoria que muchos descubren ahora con asombro.

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