
Del fenómeno televisivo al cambio de rumbo
David Janer fue, durante años, el rostro más reconocible de uno de los éxitos más rotundos de la televisión pública española. En “Águila Roja”, se metió en la piel del héroe enmascarado durante más de 100 episodios, dando forma a un personaje inolvidable que, entre intrigas cortesanas y ansias de justicia, dejó huella en toda una generación. Sin embargo, tras la emisión del capítulo final en 2016, Janer decidió desmontar el set mental y alejarse del rodaje para explorar nuevas sendas.
Aunque siguió apareciendo en la pequeña pantalla —con un papel amplio y consistente en “Amar es para siempre”—, el actor catalán empezó a gestar, en paralelo, una metamorfosis personal que poco tenía que ver con la interpretación. Mientras rodaba series diarias, estudiaba enología. Y no fue un impulso pasajero: la pasión por el vino llevaba tiempo rondándole, hasta que terminó convirtiéndose en su nueva vocación.
Del guion a la copa: una nueva vida
Hoy, David Janer ejerce como sommelier titulado y su rutina está más vinculada a la vid, las barricas y las catas que a los guiones o los focos. Sus redes sociales son el reflejo de este giro vital: referencias constantes al mundo del vino, recomendaciones, maridajes y paisajes de viñedos ocupan ahora el espacio que antes tenían los anuncios o las alfombras rojas. Lo suyo, en este momento, es la tierra, el aroma y la calma de una copa bien servida.
En 2024 presentó “Enológica”, una breve serie documental de tres episodios disponible en Prime Video, donde fusiona su bagaje como actor con su saber vinícola. Se trata de una manera de enlazar dos ámbitos aparentemente distantes, pero que en su caso encuentran una armonía natural: la interpretación y la enología requieren sensibilidad, atención y ritmo propio.
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Un presente sereno, un futuro abierto
Además del vino, Janer ha demostrado interés por la filosofía y las ideas contemporáneas. Avanza a su propio paso, sin buscar grandes titulares ni pronunciamientos espectaculares. No ha proclamado su adiós definitivo al cine o la televisión, aunque tampoco parece ansioso por regresar. Si vuelve, será mediante un proyecto que realmente le inspire, no por inercia profesional.
Quizá por ello su camino posterior a “Águila Roja” resulta especialmente atractivo. En lugar de aferrarse a la fama, David Janer ha elegido un modo de vida más reposado, más fiel a sus intereses auténticos. Ya no requiere máscaras ni vestuarios históricos: ahora apuesta por la transparencia, entre vinos, paisajes y reflexiones pausadas.