El fenómeno inagotable de ‘First Dates’.
Desde su estreno en 2016, ‘First Dates’ ha demostrado ser mucho más que un simple programa de citas. La propuesta de Cuatro, conducida por Carlos Sobera, ha conseguido mantener el interés del público gracias a su capacidad de sorprender en cada emisión. No importa cuántas veces se repita la mecánica: un restaurante, dos desconocidos y la posibilidad de que surja el amor. Siempre hay algo nuevo que comentar.

El secreto de su éxito radica en la diversidad de sus participantes y en la espontaneidad de los encuentros. Desde historias emotivas hasta situaciones incómodas o incluso cómicas, el formato se ha convertido en un escaparate de la sociedad actual. Las redes sociales, además, juegan un papel clave, amplificando las mejores (y peores) citas hasta convertirlas en virales.
Sin embargo, encontrar el amor en el programa no es tarea fácil. Son muchos los que entran con ilusión y salen con una nueva anécdota que contar. Y eso fue precisamente lo que ocurrió en la cita entre Beatriz y Carlos, quienes no tardaron en descubrir que no estaban hechos el uno para el otro.
Una primera impresión difícil de salvar.
Beatriz, una creadora de contenido de 47 años procedente de Logroño, llegaba al programa con la esperanza de encontrar a alguien especial. »Subo ocio nocturno de Logroño, grabo a la gente desde el balcón, y también subo contenido de humor», explicaba, convencida de que su carácter extrovertido podía encajar con el de su cita. Pero no tardó en darse cuenta de que no iba a ser así.

Carlos, informático de 50 años y natural de Burgos, también tuvo claras sus impresiones desde el primer momento. »Es guapa pero no del guapo que me gusta a mí. Me gustan raras», reconocía sin tapujos. Beatriz, por su parte, tampoco estaba demasiado entusiasmada. »No me gusta que está un poco gordito. Para gorda ya estoy yo», comentaba sin rodeos.
A pesar de las evidentes diferencias, ambos decidieron continuar con la cena, aunque la conversación pronto se convirtió en otro obstáculo difícil de superar. Lo que podría haber sido una oportunidad para conectar terminó convirtiéndose en un desencuentro tras otro.
Las redes sociales, el gran punto de discordia.
El primer gran choque llegó cuando Beatriz descubrió que Carlos no usaba redes sociales. »Ni me va ni me viene, no veo nada de redes sociales. Me he negado desde el principio a tener redes», afirmaba él, sin imaginar la reacción que esto provocaría en su cita. »Me parece alucinante que en estos tiempos no tenga redes y más cuando está con el ordenador todo el día», respondía ella, visiblemente sorprendida.

Para Beatriz, las redes sociales forman parte de su vida, tanto personal como profesional, por lo que no podía concebir una relación con alguien que se mantiene al margen de ellas. Para Carlos, en cambio, su mundo giraba en torno a la moto y los videojuegos, dos aficiones que no despertaban el menor interés en su acompañante.
Una cita incómoda de principio a fin.
El ambiente se volvió cada vez más tenso y el silencio se hizo notar. Ninguno de los dos parecía tener ganas de esforzarse por encontrar un punto en común. »Estaba nervioso y no sabía de qué hablar, de esto que se te queda la mente en blanco», confesaba Carlos. La velada se convertía en un auténtico reto para ambos.

Cuando Beatriz mencionó su pasión por la lectura de libros de desarrollo personal, el desencuentro se hizo aún más evidente. »Es algo que no trago, no me ha gustado nunca, me parece todo una secta», sentenciaba Carlos, dejando claro que no compartía el entusiasmo de su cita. Con este panorama, la decisión final estaba cantada: ninguno de los dos quería repetir la experiencia.
Sin química, sin segunda oportunidad.
Como era de esperar, cuando llegó el momento de decidir si habría o no un segundo encuentro, ambos coincidieron en su respuesta. La falta de conexión fue tan evidente que no había razón para prolongar lo inevitable. Así, Beatriz y Carlos se despidieron con la certeza de que su historia no pasaría de una cena televisada.

Una vez más, ‘First Dates’ cumplió con su misión: no siempre se trata de encontrar el amor, sino de recordar que en la diversidad de citas reside su verdadero atractivo. Y, por supuesto, de seguir ofreciendo a la audiencia momentos que den de qué hablar.