Se presenta en ‘First Dates’ con la ilusión de encontrar a su «Chayanne», y se topa con su peor pesadilla: «Se parece a Jesús Gil»

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‘First Dates’ no deja de sorprender.

¿Te gustan los programas de citas? Si es así, seguro que conoces ‘First Dates’, el espacio de Cuatro que cada semana nos trae historias de amor, desamor y mucha diversión. El programa lleva ya varios años en la parrilla, pero no se cansa de sorprendernos con sus pretendientes, que nos hacen reír, llorar y comentar en las redes sociales. Cuatro ha encontrado un filón con este formato, que tiene una legión de fans que no se pierden ni una cita.

‘First Dates’ no es solo un programa de entretenimiento, sino también una escuela de seducción. Con Carlos Sobera al frente, el show nos muestra cómo ligar en el siglo XXI y nos enseña valores como el respeto, la tolerancia y la diversidad. Además, a veces nos da algunos trucos y consejos para tener éxito en una cita, algo que nos viene muy bien a los que estamos buscando el amor.

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Pero no todo es color de rosa en el programa de Mediaset España. A veces, los participantes tienen que enfrentarse a situaciones incómodas o decepcionantes cuando conocen a su cita. Eso es lo que le pasó a Sole, una soltera de Almería que tenía muy claro lo que quería.

Buscaba «un Chayanne», pero…

Sole, de 58 años, llegó al restaurante de ‘First Dates’ con muchas ganas de encontrar a su media naranja. Pero no a cualquiera, sino a alguien que se pareciera a su ídolo: «Chayanne». «Que sea un bailarín, que tenga un cuerpazo, que me haga volar y que me vuelva loca», pedía. La almeriense contaba que había estado casada dos veces y que llevaba un año soltera.

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Su cita era Antonio, un murciano de 61 años, que se definía como una persona de mente abierta, pero de estilo clásico. El primer encuentro entre los dos no fue muy bueno, ya que Sole se quedó helada al ver a Antonio. «Me parece muy viejo. Este no es Chayanne, este es Jesús Gil», decía.

Después de presentarse y de decir de dónde venían y a qué se dedicaban, Laura Boado les llevó a su mesa, donde iban a empezar la cena. Pero antes de entrar al comedor, Sole se dio cuenta de que Antonio le había echado «un buen vistazo». «Me ha gustado un poco menos de caderas, pero en general está bien», opinaba él.

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«¿Y a mí qué me cuentas?»

La cita se inició con Antonio contando su afición por los barcos, aunque admitía que no tenía ninguno y que odiaba la playa. «A mí los barcos no me gustan porque me mareo», respondía ella. De repente, Antonio decía que Almería estaba muy lejos de Murcia, mientras que Sole le contradecía y le decía que no era para tanto. «Pero bueno para mí está muy lejos», bromeaba ella.

Más tarde, el soltero le contó a la soltera una apasionante historia sobre los problemas que había tenido con su coche. Una historia que a Sole le pareció un rollo. «¿Y a mí qué me cuentas?», pensaba. La cena seguía y los solteros estaban en polos opuestos. Mientras que Antonio se sentía cada vez más cómodo con Sole, Sole estaba segura de que Antonio no era el hombre de su vida.

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«Además de no ser muy guapo, no tiene mucha gracia», criticaba ella. «Es una mujer muy bonita y me ha caído muy bien. Hemos tenido una charla muy amena, nos hemos reído, tenemos muchas cosas en común», elogiaba Antonio.

«Yo no he visto ningún parecido», afirmaba ella. Y es que además de no coincidir en la playa, el soltero confesaba que el baile tampoco era lo suyo. «No le gusta nada, no lo entiendo», se quejaba ella. Por eso, al final de la cena, Sole no dejó que el soltero pagara la cuenta, aunque Antonio insistía en que la cena se le había pasado volando. En la decisión final no hubo sorpresas y Sole rechazó a Antonio porque no era el «Chayanne» que buscaba.

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