La sombra detrás de las cámaras.
Matthew Perry, cuya imagen como el sarcástico y entrañable Chandler Bing en la serie «Friends» se grabó en la memoria de millones, vivió sus últimos días atrapado en una trampa mortal tendida por un grupo de estafadores que explotaron su lucha contra la adicción. Recientes investigaciones en torno a su trágica muerte han sacado a la luz una oscura conspiración que involucra a cinco personas, quienes se aprovecharon de su frágil estado emocional y físico para su propio beneficio. Entre los detenidos se encuentra Kenneth Iwamasa, el asistente personal de Perry, quien jugó un papel crucial en este perturbador entramado.

Iwamasa, que ha confesado haber administrado ketamina a Perry de manera descontrolada, no actuaba solo. Su participación era parte de una red más grande y organizada, que utilizaba nombres en clave como «Dr. Pepper» y «bots» para ocultar sus actividades ilícitas. Esta red se especializaba en la distribución de ketamina, una droga peligrosa que se usaba para mantener al actor bajo su influencia y, en última instancia, explotar su dependencia.
Detrás de la máscara del éxito.
El fiscal del Distrito Central de California, Martin Estrada, no ha dejado espacio para la ambigüedad al referirse a los responsables: “Sabían que lo que hacían estaba mal y que era un riesgo muy grande para él, pero lo hicieron igualmente”. Estas palabras revelan la indiferencia y el cinismo con los que este grupo trató a Perry, no solo aprovechándose de su situación, sino también menospreciándolo. Las ganancias obtenidas a costa del sufrimiento del actor fueron acompañadas de un desprecio profundo hacia su persona.

Una evidencia particularmente impactante proviene del teléfono del médico Salvador Plasencia, uno de los arrestados, donde se encontró un mensaje que encapsula el desdén con el que trataban al actor. “Me pregunto cuánto estará dispuesto a pagar este idiota”, escribió Plasencia a otro médico, dejando claro cómo veían a Perry: no como una persona en necesidad, sino como una fuente de ingresos que podía ser manipulada a voluntad. La lucha del actor contra la depresión fue trivializada y convertida en un juego perverso por aquellos en quienes confiaba para recibir ayuda.
Una trama desconocida hasta ahora.
La investigación ha dado un paso más allá, descubriendo conexiones entre este grupo y otros casos de distribución de ketamina que resultaron fatales. Uno de los nombres que ha surgido es el de Jasveen Sangha, conocida en los bajos fondos como la «Ketamine Queen».
Sangha está siendo investigada por su posible implicación en la muerte de Cody McLaury, otro individuo cuya vida fue segada por una sobredosis de esta peligrosa sustancia. La red criminal no se limitaba a Perry; sus tentáculos alcanzaron a otros, extendiendo su influencia nefasta más allá de lo que se había imaginado inicialmente.
Un familiar de McLaury, devastado por la pérdida, confrontó a Sangha, acusándola directamente: “La ketamina que le vendiste a mi hermano le mató”. Este reclamo apunta a la responsabilidad directa de Sangha en otra tragedia. Además, la investigación sobre la muerte de Perry ha revelado que Sangha, en un intento por cubrir sus huellas, buscó información en internet sobre la posibilidad de que la ketamina pudiera ser detectada como causa de muerte. Este comportamiento solo refuerza la evidencia en su contra, colocando a la «Ketamine Queen» en el centro de un torbellino de acusaciones que podrían llevar a nuevas revelaciones sobre esta red de muerte y engaño.