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«Soy famoso, soy como Bretón» Sergio Morate «orgulloso» de su crimen seis años después tras desvelarse su conversación con un policía

La conversación de Sergio Morate en el avión de regreso a España revela su frialdad y «orgullo» por ser un asesino «famoso

Ya se han cumplido seis años desde que Sergio Morate asesinara en Cuenca a dos amigas: Laura del Hoyo y Marina Okarysnka, de 24 años. Un crimen imposible de olvidar, sobre todo las familias de las víctimas.

El 6 de agosto de 2015 la familia alertó a la policía de su desaparición cuando fueron a una comisaría a denunciarlo. Ni en sus peores sueños imaginaron que las dos jóvenes habían sido asesinadas por la misma persona, tal y como se confirmó unos días después cuando sus cuerpos fueron localizados.

Sergio Morate tenía con antecedentes penales y mantenía relación sentimental con Marina, de origen ucraniano. Esto le convirtió en el máximo sospechoso desde el primer momento y se activó su búsqueda. Morate había sido condenado con anterioridad a año y medio de prisión por un episodio de violencia de género.

Su perfil criminal era claro, se trataba de una persona fría, violenta y obsesiva. Tanto es así que viajó hasta Ucrania para tratar de arreglar su relación. Pero Marina pensó que lo mejor era quedarse en su país para estar lo más alejada posible de Sergio.

Su perfil criminal se hace evidente en su conversación con el policía que le trajo de vuelta

La investigación dio sus frutos y Morate acabó detenido tras una fuga peliculera a Rumanía, allí estaba refugiado en casa de un viejo amigo que conoció en la cárcel. Ahora un avión militar le trajo de vuelta a España. El digital EPE ha detallado como fue ese viaje de regreso y su conversación con el policía experto en esas situación que estuvo hablando con él.

«¿Cómo ves la situación? ¿qué esperas que pase ahora?».

Morate dijo cuatro palabras:-«La que he liado».

Y luego se acordó de su madre, la persona que más le había ayudado en su vida, y de lo que estaría sufriendo por su culpa, otra vez:

-«¿Qué tal está mi madre? Porque tú eres Fran, verdad?, dijo mirando al policía. Mi madre me ha hablado de ti. Dice que te haga caso, que eres un buen tío», le espeta Morate al especialista en ganarse la confianza de los asesinos.

El investigador responde rápido, sabe que no debe mentir al detenido ni darle falsas esperanzas:

-«No sé si soy un buen tío o no, Sergio. Lo que sé es que yo estoy aquí para intentar que pases muchísimo tiempo en la cárcel».

La conversación en el avión militar entre el policía y duró una hora, pero continuó en el coche que los llevó desde Torrejón de Ardoz hasta Cuenca, un viaje de unos 120Km.

En el trayecto, Morate sigue inquieto y habla de su fuga a Rumanía, de sus paradas en gasolineras, de un accidente que tuvo en Italia, en plena huida. Y de cómo, días antes de los crímenes, cavó en el monte un hoyo para meter el cuerpo sin vida su novia, Marina, pero no pensaba matar a Laura. «Si las entierro bien, no me pilláis ni de coña», presume ante el policía.

En la entrada de la comisaría de Cuenca no hay nadie esperando para insultarlo ni pidiendo que lo linchen. Entonces, Morate ve a una cara conocida. Se llama Javier. Coincidieron varias veces, tiempo atrás, machacándose en el gimnasio. Ahora Javier es policía. Sergio, siempre con las esposas puestas, se acerca y le pregunta:

-«¿Qué haces aquí?».

-«Ya ves, empiezo en la Judicial y el primero al que me toca detener es a un conocido. Detenerte a ti, Sergio».

Morate responde rápido. El ya no es un chaval anónimo de Cuenca, un ciudadano cero:

-«Has detenido a un famoso, Javi. Me han traído en el avión de los ministros. He estado en la misma sala de espera del aeropuerto que usa el Rey de España. Soy como Bretón, soy famoso».

Morate ha explicado al policía que no quiere que lo metan en la cárcel de Cuenca. Lo conocen y algunos irán a por él después de lo que ha hecho. Ya estuvo en prisión hace años, después de atacar a otra novia que se atrevió a dejarle. Conoce ese mundo, sabe qué les hacen a algunos asesinos y violadores famosos.