Problemas para Telecinco.
‘Gran Hermano’ fue, a comienzos de siglo, el formato que cambió para siempre la manera de hacer televisión en España. Un grupo de desconocidos encerrados en una casa, cámaras vigilándolo todo y la promesa de que cualquier momento podía convertirse en tema de conversación nacional. La mezcla de convivencia forzada, nominaciones y expulsiones semanales convirtió el concurso en un fenómeno social que desbordó la pantalla. Desde entonces, el reality se ha ido adaptando a los cambios de la industria manteniendo una marca reconocible que Telecinco considera uno de sus activos más valiosos.

Dos décadas después, la franquicia ha acumulado ediciones numeradas, versiones VIP y derivadas de todo tipo. No todas han brillado igual en audiencias, pero el nombre sigue funcionando como un imán para parte del público y para los anunciantes. Cada nueva temporada llega cargada de la nostalgia de quienes recuerdan los primeros encierros y de la curiosidad de los que se enganchan por primera vez. Para una cadena en plena reordenación de su parrilla, recuperar la potencia de ‘Gran Hermano’ equivale a intentar reactivar el corazón de su oferta de entretenimiento.
Con la vigésima edición, Telecinco aspiraba a demostrar que el formato aún podía liderar el prime time y arrastrar al resto de la programación. La renovación de la casa, la actualización de las pruebas y un casting pensado para generar conflicto prometían una temporada de alto voltaje. La campaña de promoción ha sido intensa, con avances constantes en los magazines, presencia en redes y grandes despliegues en las franjas de mayor consumo. En los despachos se daba por hecho que el regreso del reality, combinado con una estrategia de explotación multiplataforma, debía convertirse en el gran revulsivo del otoño televisivo.
Motor de la parrilla.
El plan pasaba por algo más que por la clásica gala semanal con expulsiones y nominaciones. La cadena diseñó una presencia casi omnipresente del concurso, con dos grandes noches reservadas en el prime time y contenidos asociados en distintos tramos del día. La idea era que cualquiera que encendiera la televisión en Telecinco se encontrara, de un modo u otro, con la casa, sus conflictos y sus protagonistas. De esa manera, el reality debía alimentar tertulias, debates y secciones en otros programas, reforzando la sensación de que la vida de los concursantes avanzaba en tiempo real.

Esta apuesta llegaba en un momento delicado para la cadena, que lleva meses encadenando cambios en busca de un nuevo equilibrio de audiencia. La estrategia de Mediaset consistía en hacer de sus realities un armazón sobre el que sostener el resto de espacios, desde la tarde hasta el access prime time. A ‘Gran Hermano 20’ se le encomendó la tarea de abrir camino, mientras ‘La isla de las tentaciones 9’ debía consolidar la línea de entretenimiento emocional que tan buenos resultados le ha dado en el pasado. El mensaje interno era claro: si los dos grandes formatos funcionaban, el resto de la programación tendría más margen para respirar.
Sin embargo, la jugada no ha salido como estaba prevista en uno de sus pilares, la nueva tira diaria dedicada al concurso. El espacio GH: La vida en directo, programado en el tramo final de la tarde como aperitivo de las galas, apenas ha permanecido tres días en emisión antes de que la cadena decidiera retirarlo de la parrilla. La despedida llega de forma precipitada, justo antes de la gala principal de este jueves en prime time. Además, el último programa no lo conducirá Jorge Javier Vázquez, sino Nagore Robles, un relevo que refuerza la sensación de improvisación en un formato que aspiraba a asentarse.
Giro inesperado.
El desenlace contrasta con la presentación oficial que Telecinco hizo del espacio a finales de octubre, cuando lo vendió como un boletín diario llamado a convertirse en cita fija para los seguidores. En aquella nota de lanzamiento, la cadena describía así el proyecto: “GH. La Vida en Directo con Jorge Javier Vázquez. Nuevo formato que la cadena emitirá de lunes a viernes a las 20:15h con la última hora de la convivencia, conexiones en directo con la casa, nuevas dinámicas que influirán en el día a día de sus habitantes e importantes decisiones que podrá tomar la audiencia. Nagore Robles sustituirá al presentador los viernes”. La promesa era clara: información fresca desde la casa, interacción constante con los espectadores y decisiones en directo que afectaran al devenir de los concursantes. Sobre el papel, parecía la forma idónea de reforzar el vínculo entre el público y un reality que vive precisamente de esa sensación de estar viendo la vida ajena en tiempo real.
Los datos, sin embargo, han desmentido esas expectativas desde el primer día. El lunes se estrenó con un 5,8% de cuota y 607.000 espectadores, el martes bajó ligeramente a un 5,7% y 567.000 seguidores, y el miércoles continuó el descenso hasta un 4,9% y 512.000 televidentes. La media, en torno al 5,5% y poco más de medio millón de personas, queda muy lejos de lo necesario para competir en una franja en la que Antena 3 mantiene el dominio con Pasapalabra y La 1 resiste con Aquí la Tierra. Ante ese panorama, el propio Jorge Javier Vázquez anunció en la entrega del miércoles que no iba a ponerse al frente del programa del día 13, adelantando que Nagore Robles asumiría esa conducción en su lugar.
El siguiente indicio de que algo no iba bien llegó cuando, este jueves, la parrilla oficial de Telecinco dejó de incluir GH: La vida en directo en la franja final de la tarde del viernes. Fuentes de Mediaset consultadas por distintos medios especializados confirman que la emisión de este jueves será la última, de modo que el espacio se despedirá con solo cuatro entregas y tres días de trayectoria real en pantalla. La cadena se ve ahora obligada a recomponer su tarde, previsiblemente alargando el magacín El tiempo justo y recolocando el resto de contenidos como estaban antes de la llegada de la tira diaria. El intento de plantar cara a Pasapalabra y Aquí la Tierra con un producto ligado a ‘Gran Hermano’ ha durado menos de una semana, mientras que La isla de las tentaciones mantiene su apuesta con una gala semanal y dos citas en access que, por ahora, sí parecen ir encontrando su hueco frente a El Hormiguero y La Revuelta.
En paralelo, el recorrido de ‘Gran Hermano 20’ en prime time también ha mostrado luces y sombras. La gala de estreno, emitida el jueves 6 de noviembre, arrancó con un 15,8% de cuota y 889.000 espectadores, suficiente para liderar y alimentar el optimismo en la cadena. Sin embargo, el primer Debate del domingo 9 de noviembre cayó hasta el 9,4% y 740.000 seguidores, convirtiéndose en tercera opción en su franja y encendiendo algunas alarmas. Que la franja diaria haya naufragado tan rápido no ayuda a reforzar la marca, que ahora tendrá que confiar en que las tramas de la casa ganen intensidad y logren recuperar terreno en las noches fuertes.
Crisis de formatos.
El tropiezo de GH: La vida en directo se suma a una lista de experimentos fallidos con los que Telecinco ha intentado recomponer su access prime time en los últimos meses. El ejemplo más evidente es Cuentos chinos, el espacio de humor presentado también por Jorge Javier Vázquez que fue lanzado como alternativa a El Hormiguero y que apenas sobrevivió un par de semanas antes de ser retirado por sus flojos registros. La apuesta pretendía recuperar al presentador emblema de la cadena y ofrecer un tipo de entretenimiento más gamberro, pero nunca llegó a conectar con la audiencia mayoritaria. Su rápida cancelación dejó claro que competir en esa franja requiere una paciencia y una construcción de marca que Telecinco no siempre se puede permitir.

En las tardes tampoco han faltado los intentos sin recompensa. Así es la vida, el magacín que tomó el relevo del histórico Sálvame con el objetivo de suavizar el tono y atraer a nuevos perfiles de espectadores, no logró consolidarse pese a varios cambios de rumbo y de secciones. Los datos nunca acompañaron lo suficiente y el programa acabó siendo sustituido, dejando de nuevo la sensación de que la cadena no encuentra un relato claro para su franja vespertina. La cancelación exprés de la tira diaria de ‘Gran Hermano’ refuerza esa impresión de inestabilidad y de ensayo y error permanente.
Algo similar ocurrió con la serie diaria Mía es la venganza, que nació para reforzar las sobremesas y terminó pasando desapercibida entre el aluvión de ofertas de ficción. Ni sus tramas melodramáticas ni la presencia de rostros reconocibles fueron suficientes para sostener un share competitivo, y la producción fue clausurada antes de tiempo. A ello se suman otros proyectos como el regreso de Factor X, que tampoco ha logrado recuperar el brillo de sus primeras ediciones y ha evidenciado la dificultad de resucitar viejas marcas en un mercado saturado. En este contexto, la caída de GH: La vida en directo no es un caso aislado, sino otro síntoma de la batalla que Telecinco libra para redefinirse en un escenario en el que las certezas de antaño ya no garantizan el éxito.