Un martes marcado por el infortunio.
El fatídico martes que cambió la vida de Victoria y Candi quedará grabado en la memoria colectiva de España como una tragedia inolvidable. Victoria relataba la semana pasada en Espejo Público cómo vivió los sucesos que culminaron en la pérdida de su pareja, un testimonio que, entre lágrimas y amargura, revela el calvario que atravesaron durante esas horas de incertidumbre y desesperación.

Para Victoria, recordar la riada que arrasó con numerosos municipios, especialmente en la provincia de Valencia, es revivir una pesadilla. Su voz, marcada por el dolor, revela la impotencia y el trauma de ver cómo el agua se llevó todo a su paso, incluidos los sueños y la seguridad de una vida que hasta entonces era estable.
Candi, que aprovechaba su día libre para descansar en la parcela con una pequeña caseta que poseían junto al río en Cheste, no imaginaba que ese remanso de paz pronto se convertiría en un escenario de desesperación. Allí estaba con sus perros, disfrutando de una jornada tranquila, hasta que el caudal del río, inesperadamente furioso, comenzó a subir de forma imparable.
Una llamada angustiante desde el tejado.
La situación pronto se tornó desesperada, y Candi, buscando refugio, subió a lo alto de la caseta con la esperanza de mantenerse a salvo. Victoria recuerda, estremecida, cómo mantuvo una última conversación con él mientras intentaba calmarlo, a pesar de que ella misma era consciente del peligro. «La casa no aguantó», lamentaba entre sollozos, describiendo cómo la estructura y la valla que delimitaba el terreno cedieron ante la fuerza arrolladora del agua. «Se ha llevado todo por delante», añadía, incapaz de disimular el dolor.

En la llamada, Victoria se vio obligada a mentir a Candi para brindarle un poco de tranquilidad en esos momentos críticos. Le aseguró que los equipos de emergencia estaban en camino, aunque en realidad nadie respondió a sus reiteradas llamadas de auxilio. “Le tuve que mentir y decirle que iban a ir a buscarlo. No fue nadie a buscarlo”, confesó. Su testimonio coincide con las quejas de muchos sobrevivientes que insisten en la falta de advertencia por parte de las autoridades sobre la gravedad de la DANA.
Una búsqueda cargada de esperanzas truncadas.
Victoria, incansable en la búsqueda de su pareja, se unió a otros voluntarios, conocidos y desconocidos, en un esfuerzo conjunto para localizar a Candi. Entre los que acudieron a ayudar estaban varios clientes habituales de su establecimiento, movidos por la empatía y la solidaridad. Ninguno de ellos sabía que Candi ya había sido encontrado sin vida el día 31, esperando en el anonimato de una morgue a ser identificado.

La gestión de la crisis por parte del Gobierno de la Generalitat, dirigido por Carlos Mazón, fue duramente criticada por Victoria, quien considera que la falta de respuesta contribuyó a la tragedia. “El señor Mazón (…) tendría que irse de Valencia, porque estamos todos… La culpa ha sido de él”, afirmó en tono acusador. En su testimonio, mencionaba cómo algunos colegios y centros educativos cerraron por la mañana, mientras la población en general no fue informada de la magnitud del riesgo, lo que en su opinión, pudo evitarse.
Un dolor inconsolable y la espera del adiós.
En medio de su intervención, una llamada de la funeraria interrumpió a Victoria, reforzando su convicción de que la falta de comunicación y acción de las autoridades no tuvo justificación. “Mazón ha sido el culpable de todo”, sentenció. Aunque Candi fue hallado en un campo de naranjos en Cheste, Victoria confesaba: “Pensaba que se le había llevado el río, yo qué sé a dónde…”, mostrando el dolor y la confusión que ha marcado su vida desde ese día.
Ahora, Victoria solo espera que los forenses terminen su labor y le entreguen el cuerpo de su pareja para darle un último adiós. La riada no solo se llevó las pertenencias materiales y el hogar que compartían; se llevó también un pedazo de su corazón y la certeza de una vida que, sin Candi, ha quedado irremediablemente vacía.