Última hora: Fallece trágicamente el mítico Jaimito

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La muerte de una leyenda une a sus espectadores.

Cuando se apaga una figura que marcó la historia del cine, algo se remueve en quienes alguna vez rieron, soñaron o simplemente crecieron con sus películas. No importa si la pantalla era de cine, de televisión o improvisada en una sala familiar: los personajes que nos acompañaron se cuelan en la memoria colectiva y nos hermanan en la despedida. Hoy, el mundo del espectáculo llora la pérdida de un rostro inolvidable del humor popular.

Alvaro Vitali, el eterno bufón del cine italiano de los setenta, ha fallecido en Roma a los 75 años. Su muerte, provocada por una bronconeumonía que lo mantuvo hospitalizado durante dos semanas, ha sido confirmada por diversos medios italianos y por su exmujer, Stefania Corona. La noticia deja huérfanos a quienes alguna vez conocieron al gamberro entrañable conocido como Jaimito.

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De Trastevere a Fellini.

Pocos imaginarían que aquel joven electricista del barrio romano de Trastevere acabaría pisando los platós de Federico Fellini. Nacido en el seno de una familia trabajadora, Vitali creció entre ladrillos y cine: su padre tenía una constructora modesta, y su madre trabajaba para Titanus, una de las grandes productoras de Italia. La casualidad —o el destino cinematográfico— quiso que el director de Fellini Satiricon lo eligiera para un papel secundario, marcando así el comienzo de una carrera inesperada.

No fue flor de un día. Vitali se convirtió en un habitual del universo felliniano, participando en títulos como Los clowns, Roma y, sobre todo, Amarcord, donde su presencia cómica añadía una nota humana entre el surrealismo. Aquella visibilidad atrajo a otros directores, y su rostro comenzó a multiplicarse en producciones donde la risa era esencial.

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El nacimiento de un arquetipo: Jaimito y el cine de picardía.

A mediados de los años 70, Alvaro Vitali encontró el papel que marcaría para siempre su carrera. Mientras en Hollywood los héroes eran musculosos y sobrios, Italia celebraba la llegada de Pierino, un escolar tan maleducado como hilarante que, en España, sería rebautizado como Jaimito. En el cuerpo de un adulto y con la libido disparada, el personaje se convirtió en sinónimo de comedia gruesa y desenfreno.

La película Jaimito contra todos (1981) lo catapultó como fenómeno popular, y su rostro empezó a invadir las salas con títulos donde la estructura era simple: chistes, erotismo y caos escolar. El personaje tenía tal arrastre que incluso se le adjudicaban películas donde ni siquiera aparecía, con tal de enganchar al público español. Era la era dorada del “humor sin filtros”.

Del éxito masivo al silencio.

Como ocurre con muchos ídolos de un género efímero, la popularidad de Vitali comenzó a declinar. Tras una serie interminable de filmes como La profesora de educación sexual o Don Máximo el ligón, el interés del público fue menguando. En 1990, Pierino torna a scuola intentó revivir la chispa, pero el hechizo ya no funcionaba como antes.

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Los años siguientes fueron más duros. Aislado de las grandes producciones y marcado por problemas respiratorios, Vitali quedó fuera del foco. Los entresijos fiscales de la industria en la que trabajó le pasaron factura: su pensión no alcanzaba los 1.500 euros, muy lejos del caché que alguna vez cobró como estrella de la risa fácil.

Último acto: La breve vuelta al escenario.

Aun así, no todo fue olvido. Su aparición en la serie Vita di Carlo, emitida por Prime Video, ofreció un último guiño nostálgico a quienes no lo habían olvidado. Fue un cameo breve, pero simbólico: la pantalla volvía a abrirle espacio al hombre que alguna vez había sido omnipresente en los videoclubs y en las sobremesas familiares.

“Jaimito fue una válvula de escape en una Italia que necesitaba reírse de sí misma”, comentó un crítico tras conocerse la noticia de su muerte. Esa risa, aunque hoy parezca ingenua o pasada de moda, sigue sonando en la memoria de quienes alguna vez crecieron entre carcajadas maleducadas.

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