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Un cliente descubre que el tatuador fue condenado por un delito grave, y exigió que le devolvieran el dinero… pero la tienda le dio la respuesta perfecta

Todos conocemos historias en las que alguien –generalmente un amigo de un amigo– se levanta una mañana sin recordar nada… y con algún tatuaje donde antes no había nada. El protagonista de estas historias seguramente le echa la culpa a los chupitos de tequila de la noche anterior, ¿cómo si no le parecería tan buena idea decorar su cuerpo con algún extravagante dibujo? ¿O tan mala a la mañana siguiente?

Giphy

A veces la culpa no es de ese mal consejero que es el alcohol… y a veces el problema es a quién le encargamos el trabajo. Y es que tatuarse es una decisión importante, así que quieres saber bien lo que haces.

Elegir el diseño adecuado, la zona del cuerpo en que lo quieres… y un tatuador de confianza, con la mejor reputación posible entre los aficionados al tatuaje. Se trata de aspectos esenciales… pero parece que una persona se tomó demasiado a pecho lo de la “confianza”, tanto que investigó el pasado del tatuador que había contratado… y parece que no le gustó lo que encontró.

Decidió cancelar su cita, pero lo hizo de un modo tan pretencioso y moralista —incluso pidió que le dieran dinero por la “inconveniencia”—, que la tienda de tatuajes le contestó como se merecía. Además, la respuesta desató un importante debate sobre rehabilitación y el sistema de prisiones.

Juzgad vosotros mismos:

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