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Un escritor agradece a una cafetería de Getafe lo que hizo por él en 2007 con un post viral

En esta vida se puede ser de todo menos un coñazo, decía Michi Panero. Y yo añadiría que también hay que ser agradecido con la gente en algún momento se portó bien cuando nadie daba un duro por nosotros. Somos de olvidar rápido a los que, al principio del camino, te echaron ese cable que otros muchos te negaron y que sin ellos, posiblemente, tu vida habría sido completamente diferente.

El periodista y escritor Juan Soto Ivars cuenta en este post que ha publicado en su perfil de Facebook –y que se ha convertido en un fenómeno viral en las redes sociales– como el dueño de la cafetería Trébol, en Getafe, le dio los 100 euros que necesitaba para sacar adelante una revista, el Proyecto Ícaro, cuando una tras otra todas las puertas se le cerraron. Y ahora, después de tantos años, cuando le leen miles de personas, Ivars quiere devolverle el favor recomendando que si pasáis por Getafe os toméis una cerveza en el Trébol, porque merece la pena.

La historia se escribe con los giros de guion más pequeños, pero que pueden cambiar una vida por completo. No os perdáis el texto de este gran periodista donde agradece a ese anónimo propietario de una cafetería de Getafe el primer gesto de confianza cuando nadie daba un duro –o euro– por su proyecto. 

“Os voy a contar una historia. ¿Veis esta foto? Parece una cafetería española totalmente normal. Lo es. Se llama El Trébol, y está en Getafe, una ciudad sin encanto. Allí está la Carlos III, donde estudiaba periodismo. Yo era un mal estudiante, desmotivadísimo. Me gustaba más jugar a periodista, así que me apunté a una revista, el Proyecto Ícaro, que había montado un estudiante mayor que yo. Cuando este estudiante acabó la carrera me hice cargo de esa revista. Había quedado un remanente de una beca, pero no lo suficiente para sacar el siguiente número. Faltaban 100 euros. Así que me fui a buscar publicidad.

Recorrí todo Getafe y coseché muchas negativas. Yo les vendía una moto. Se imprimían 1000 ejemplares de la revista y las repartía yo por la universidad, pero les contaba a los anunciantes potenciales que los estudiantes acudirían en manada. Me había preparado un discurso totalmente desesperado. Nadie me hacía el menor caso.

Entré a este bar en el año 2007. Estaba cansado y fastidiado. Por dentro, El Trébol es muy modesto. El dueño se parecía mucho al hombre que hay detrás de la barra del bar normal en el que estáis pensando. Le solté el rollo y me interrumpió:
-¿Cuánto necesitas?
Le dije que había anuncios de 20, de 15, de 30, según página y tamaño. Me repitió la pregunta y le dije que me faltaban 100. Me los dio. No le importó el anuncio. Toma, chaval, saca tu revista. En ese momento me sentí un poco ofendido, flipad. Porque ese hombre me trataba como a un crío (lo era) y le daba igual el impacto de la publicidad en la sociedad universitaria (ja ja ja). Así que saqué la revista gracias a ese hombre.

Ahora que me lee mucha gente, muchos años después, me acuerdo y quiero devolverle el favor. Esta historia es un anuncio de un bar, El Trébol de Getafe, cuyo dueño es una buena persona que ayudó a un estudiante ilusionado con su revista. El otro día fui a la ciudad, al festival Getafe Negro que organiza Lorenzo Silva. Después de la charla me metí al Trébol, tomé una cerveza a solas, vi al dueño, me emocioné un poco, pero no le dije nada. Sólo hice esta foto de mierda.
Si vais a Getafe tomad una cerveza en El Trébol. Parece un bar normal y corriente pero es diferente. Siempre me he preguntado cómo hubiera sido mi vida sin esta experiencia, porque la vida se endereza o se tuerce con los giros más pequeños.”