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Un profesor hizo este test a los heterosexuales de clase y calló a boca a los homófobos like a boss

Año 2017: aún existe gente más preocupada en saber con quién se acuesta el vecino que en su propia vida. Tremendo.

En ciertos casos todavía es comprensible por la edad –personas mayores como nuestros abuelos–, pero cuando los protagonistas de estos comportamientos homófobos son adolescentes el problema es más grave de lo que parece. 

Parece mentira, pero entre nosotros hay personas que aún piensan que ser homosexual es una enfermedad y que debería de tratarse como tal. De locos.

Y no, no es libertad de expresión. Ni insinuar que la homosexualidad es una enfermedad mental, ni lo del autobús de ‘Hazte Oír’. Es una incitación al odio sobre un colectivo que en pleno siglo XXI aún puede ser condenado a muerte en algunos países. 

Respeto y tolerancia, palabras que suenan muy bien, pero que olvidamos con demasiada facilidad. Menos mal que hay profesores que intentan que sus clases sean un poco más como habríamos soñado hace veinte años. Chapó por él.