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Una caca, una ventana y bomberos: El resumen de la peor cita de Tinder de la historia

 

La primera cita, momento en el que sacamos lo mejor de nosotros mismos y escondemos todos nuestros defectos. Nervios, tensión, pellizco en el estómago y muchas ganas de agradar a la otra persona. Pero, por desgracia, no siempre triunfa el amor, y en ocasiones salimos del restaurante o bar sin querer volver a saber nada de nuestra acompañante.

Hay citas que acaban bien, regular y mal, pero ninguna como la que tuvo de protagonistas a una chica anónima y a Lyam Smith, un joven de Bristol. Según cuenta el muchacho, la velada iba como la seda, y después de cenar en un restaurante, se fueron a casa de él para “beber una botella de vino y ver un documental de cienciología”. Craso error. Cuando llegaron al domicilio de Lyam, a su acompañante le empezaron a rugir las tripas, y se excusó para ir al lavabo. Lo que viene después es lo más surrealista que hemos visto nunca.

Tras hacer sus necesidades, la joven volvió al salón y le explicó a Smyth que estaba haciendo caca pero la cisterna no funcionaba bien, así que había decidido sacar de la taza la mierda, con perdón, y tirarla por la ventana. Adiós a la cita, adiós al amor, adiós a todo.

Lyam, después de, suponemos, quedarse con la boca abierta y el culo torcido, le pidió a su acompañante que salieran a recoger “el regalito” y que harían como si nada de eso hubiese ocurrido: “Yo estaba preocupado y le dije que saliéramos para recoger la ofensiva caca, tirarla a la basura y hacer como si esa desagradable historia no hubiera ocurrido”. 

Pero la caca no estaba en la calle, qué va, estaba en un hueco que existe entre la ventana del piso del británico y otra doble ventana. La cosa se complicaba por momentos:

“Por desgracia, debido a un fallo de diseño de mi casa, la ventana del baño no da al jardín, sino a un espacio estrecho de medio metro, separado del mundo exterior por otra doble ventana (que no abre). Fue a esa zona intermedia donde mi cita tiró su caca”. 

¿Estais alucinando, verdad? Pues aquí es cuando de verdad empieza lo bueno. Viendo el panorama, y que alguien tenía que meterse en el hueco entre ventana y contraventanas para recoger el escurridizo cagarro, la joven se ofreció como voluntaria porque “practicaba gimnasia”. Se subió a la ventana, se deslizó, un poco más, otro poquito, y consiguió coger el papel que escondía el premio gordo, pero lo que no pudo es volver a salir, quedando atrapada en el hueco cabeza abajo:

“Me llamó para que la ayudara a salir de la ventana, la cogí por la cintura y tiré de ella, pero estaba atascada. Por mucho que lo intentamos, no conseguí sacarla de la ventana. Se había quedado atascada patas arriba en el hueco que había entre los dos paneles”. 

Después de muchos intentos, sólo quedaba una solución: llamaron a los bomberos, que rompieron el cristal y consiguieron desatascar a la muchacha. Menuda historia para contar a sus nietos en la cena de Nochebuena.

Pero la ventana estaba rota, la chica cagona había desaparecido sin dejar rastro y Lyam tenía que pagar los desperfectos, así que, ni corto ni perezoso, el joven lanzó una campaña de crowdfunding en Internet para poder costear el arreglo:

“Si no cambio la ventana, el casero me va a matar, así que, si me ayudáis, estaréis salvando una vida”

Las buenas noticias es que el joven ha logrado reunir el dinero para reparar la ventana y que su casero no lo eche a la calle; las malas es que su cita salió como una auténtica “caca”.