Vilaplana revela los mensajes que Mazón “whatsappeaba” en El Ventorro y que no han sido divulgados

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Cuando el país se detiene.

Hay acontecimientos que sacuden a una sociedad entera. Son esos días en los que la rutina se interrumpe y cada ciudadano siente un nudo en el estómago, incapaz de apartar la mirada de la tragedia. España ha vivido muchos episodios difíciles, pero algunos consiguen congelar el tiempo, dejar sin palabras a todos y obligar a mirar de frente lo que duele. La memoria colectiva los guarda con un silencio pesado, que a veces pesa más que cualquier discurso.

El 29 de octubre de 2024 fue uno de esos días que se recuerdan por generaciones. La devastadora dana dejó tras de sí una cifra insoportable de pérdidas humanas y materiales, sumiendo al país en una tristeza compartida. En medio del caos y la desolación, las instituciones se vieron puestas a prueba, con responsables obligados a tomar decisiones bajo una presión inimaginable. Y es precisamente ese contexto el que hoy vuelve a ocupar titulares, por las sombras que todavía planean sobre aquellas horas críticas.

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Entre las múltiples investigaciones abiertas, una ha despertado especial interés público: la que examina las comunicaciones del entonces president en funciones, Carlos Mazón, durante la jornada del desastre. Su conducta aquel día, según distintas fuentes judiciales, ha generado interrogantes sobre la gestión de la emergencia y las prioridades del dirigente en los momentos más delicados.

Las horas que nadie olvida.

Mazón habría detallado las llamadas que realizó la tarde del 29 de octubre, aunque persisten dudas sobre otras conversaciones mantenidas mientras se encontraba en el restaurante El Ventorro, junto a la periodista Maribel Vilaplana. La popular aplicación de mensajería instantánea también forma parte del foco de la investigación. Según consta en el acta de su declaración del 3 de noviembre, a la que tuvo acceso elDiario.es, Vilaplana explicó ante la jueza que Mazón “estaba con el móvil constantemente”.

Mientras la periodista decidió guardar su teléfono, el president lo mantenía sobre la mesa, atendiendo llamadas y escribiendo mensajes. “Recuerda que sobre todo whatsappeaba, o escribía mensajes”, indica el acta. La testigo no escuchó las conversaciones mantenidas con la entonces consellera Salomé Pradas ni con el equipo de Presidencia, aunque “cree que Mazón escuchaba más que hablaba”.

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Lo que revelan los documentos.

En su testimonio, Vilaplana añadió que el dirigente mantenía “conversaciones escritas”, sin precisar si eran a través de WhatsApp u otra aplicación. Por su parte, la exconsellera Salomé Pradas presentó de forma voluntaria un acta notarial con el registro de sus llamadas durante aquella jornada trágica, documento reproducido íntegramente por este medio. Sin embargo, nada se ha aportado en relación con sus mensajes, ni de WhatsApp ni de SMS.

Distinta fue la actuación del exsecretario autonómico de Emergencias, Emilio Argüeso, quien sí incluyó en el procedimiento un informe pericial con el detalle de sus llamadas y mensajes. Ese contraste en la transparencia de unos y otros ha alimentado las dudas sobre la coordinación institucional en el momento más crítico de la catástrofe.

La indignación que une a un país.

El caso ha reabierto heridas y despertado un profundo malestar entre los ciudadanos, que exigen claridad y responsabilidad ante una tragedia que marcó a toda España. La sensación general es de desconcierto y enfado por la falta de explicaciones convincentes. La sociedad, que todavía llora a las víctimas, observa con estupor cómo las sombras sobre aquel 29 de octubre siguen creciendo.

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A día de hoy, el sentimiento es unánime: la indignación ha calado hondo en todos los rincones del país. Los españoles, conmocionados y dolidos, reclaman verdad y respeto hacia quienes perdieron la vida. Porque hay heridas que solo pueden empezar a cerrarse con luz.