Cuando el bar se convierte en escenario.
Pocas cosas despiertan tanta atención en redes sociales como los relatos sinceros —y a menudo cómicos— sobre lo que ocurre en bares, restaurantes y cafeterías. Quizá se deba a que, en un país como España, donde el café de media mañana o la caña del viernes son rituales casi sagrados, todo el mundo tiene una anécdota para contar. Y cuando se habla de hostelería, el terreno está sembrado para que florezcan las historias: el cliente insistente, el camarero ingenioso, la frasecita que se repite hasta la extenuación.

Hay algo universal en estos relatos que engancha. Son experiencias compartidas que despiertan carcajadas o empatía según el lado de la barra que se ocupe. Así, no sorprende que cada cierto tiempo se viralicen mensajes sobre la vida diaria en la hostelería, especialmente cuando tocan un nervio tan común como las bromas que parecen eternas.
Manual del cuñadismo en barra.
«Ponme otra cerveza que este vaso tiene un agujero». La frase, que lleva años repitiéndose en los bares como si fuera la primera vez, es uno de los clichés que más agotan a los camareros. Ellos permanecen fijos en sus turnos mientras desfilan decenas de clientes, muchos con el mismo repertorio de chistes bajo el brazo.
Jesús Soriano, conocido como @soycomarero, lo recordó en una publicación que rápidamente prendió la mecha. En cuestión de horas, su comentario fue amplificado por decenas de trabajadores del gremio que no tardaron en confirmar que, efectivamente, la broma ya no tiene gracia —si es que alguna vez la tuvo. Algunos incluso confesaron sentir una mezcla de hartazgo y resignación.
Cliente: Ponme otra cerveza que este vaso tiene un agujero. pic.twitter.com/UG4thUp27I
— Soy Camarero (@soycamarero) September 19, 2023
Pero no todos se lo toman tan a pecho. «Literalmente, al cliente que me dijo esa broma le devolví el vaso lleno, pero con cinta americana por debajo… o paró de reírse», cuenta uno de ellos. Otro aporta una perspectiva global del asunto: «Soy camarero en Alemania y esa frase es mundial». La repetición no conoce fronteras, ni parece tener freno.
Cerveza, paciencia y sentido del humor.
Más allá del fastidio, muchos reconocen que estas frases forman parte del folclore de la barra. Eso sí, comparten podio con otras igual de trilladas, como el famoso «ponme una bicicleta» cuando se piden dos vinos de Rueda. El humor de bar, a veces, parece estar escrito en piedra.
Y mientras el repertorio se repite sin cesar, hay camareros que se preguntan cuánto habrían ganado si cobraran un euro cada vez que oyen la misma cantinela. Otros lo interpretan como un recordatorio constante de la paciencia infinita que exige su trabajo, no solo con bromistas, sino también con quienes se quejan del vaso, de la espuma o de que la cerveza está “floja”.
Una queja viralizada.
El fenómeno no ha pasado desapercibido. En apenas dos días, el hilo de X (antes Twitter) donde se comentaba la frase ha alcanzado casi 170.000 visualizaciones. El éxito no reside tanto en la opinión de Soriano —que se limita a citar la frase— sino en cómo ha resonado entre sus colegas y seguidores.
Porque lo que en apariencia es solo una broma repetida se convierte, en redes, en una especie de confesionario colectivo. Un lugar donde los trabajadores del bar pueden decir, por fin y sin tapujos, que están hartos del mismo chiste. Y donde los demás, quizá, empiecen a pensárselo dos veces antes de soltarlo otra vez.