Indignación por el trágico fallecimiento de Juan Manuel Serradilla, el profesor cordobés que permanecía ingresado en una UCI de Vietnam

Anuncios

Cuando la noticia detiene el pulso.

Hay fallecimientos que conmueven a un país entero. Ocurren de forma inesperada y dejan tras de sí una sensación colectiva de incredulidad, como si el tiempo se suspendiera durante unos segundos. Son historias que atraviesan fronteras y pantallas, que logran despertar empatía incluso entre quienes nunca conocieron a la persona. En esos casos, el dolor no pertenece solo a una familia, sino que se extiende como una sombra sobre toda la sociedad.

La despedida de Juan Manuel Serradilla ha sido una de esas historias que nadie quisiera leer. Profesor, cordobés y vecino de Astillero, falleció a los 77 años tras permanecer hospitalizado en Vietnam desde el pasado 10 de septiembre. Su viaje, que debía ser una experiencia de disfrute y descubrimiento, se convirtió en una carrera contrarreloj por la vida.

Anuncios

“Hace unas tres horas Juanma nos ha dejado. Que la tierra le sea leve. Nos quedan tantos buenos momentos compartidos y un gran vacío”, comunicó su amigo Fernando Béjar, portavoz de la familia. Sus palabras, sencillas y sinceras, lograron condensar la tristeza de todos los que lo conocieron.

El viaje que cambió de rumbo.

Juan Manuel había viajado junto a su pareja dentro de un grupo organizado por la Comunidad de Madrid. Todo marchaba con normalidad hasta que un intenso dolor abdominal obligó a ingresarlo de urgencia en el FV Hospital de Ho Chi Minh. El diagnóstico fue devastador: pancreatitis aguda con shock séptico. Desde entonces, su estado fue frágil y requería cuidados constantes, entre ellos diálisis por una afección renal.

Anuncios

Con el paso de las semanas, su salud se deterioró. Una nueva infección bacteriana agravó la situación hasta hacerla irreversible. “Desde la última comunicación, Juanma ha empeorado, y según nos dicen los médicos que le atienden, y varios especialistas españoles que hemos consultado, el pronóstico es muy negro. Ahora mismo solo podemos esperar”, declaró Béjar el 5 de noviembre. Dos días después confirmaría que su amigo se encontraba “en estado muy crítico”.

La familia, encabezada por su hija Sara, se aferró a cualquier posibilidad. Desde España, miles de personas siguieron las actualizaciones diarias con la esperanza de un milagro. Cada mensaje, cada gesto, se convirtió en una forma de acompañar a la distancia.

Una lucha desigual contra el tiempo.

La familia Serradilla intentó repatriarlo para que pudiera continuar su tratamiento en Córdoba. Sin embargo, la burocracia, los costes y las condiciones médicas complicaron cada paso. El seguro de viaje alcanzó su límite y solo cubría un traslado en vuelo comercial con escolta médica, algo imposible en su estado. “Estar en contacto con un ambiente bacteriano desconocido para su sistema inmunitario, como es el de este país, no es lo más recomendable”, explicaron entonces.

Anuncios

Sara Serradilla fue contundente: la “única alternativa médica segura para su repatriación a España, en cuanto su estado se estabilice mínimamente, sería mediante un avión ambulancia, cuyo coste es extremadamente elevado y está fuera de nuestro alcance económico”. Ante la falta de recursos, iniciaron una campaña de recaudación que pronto se viralizó.

La respuesta fue abrumadora. En cuestión de días, la solidaridad ciudadana logró reunir más de 174.000 euros. Cada aportación, pequeña o grande, representaba la esperanza de traerlo de vuelta a casa. “Siguen aumentando los gastos médicos, que podemos asumir gracias a vuestra generosidad. Sois la muestra de que aún hay esperanza para la humanidad”, escribió Béjar agradecido.

Silencio oficial y un país indignado.

A pesar del enorme apoyo social, la familia no obtuvo respuesta de las instituciones. Acudieron al Ministerio de Defensa, de Exteriores y de Sanidad, con la esperanza de que el Ejército del Aire pudiera facilitar un avión medicalizado. Ninguno contestó. La última opción que barajaron fue contratar una aeronave privada, cuyo coste ascendía a 335.000 euros, una cifra inasumible sin respaldo gubernamental.

Anuncios

El traslado, previsto solo si el paciente se mantenía estable, nunca llegó a realizarse. En sus últimos días, el estado de Juan Manuel empeoró y la posibilidad de regresar a España se desvaneció definitivamente. Su familia, agotada por semanas de incertidumbre, tuvo que asumir el desenlace lejos de casa.

Una pérdida que duele a todos.

La noticia del fallecimiento de Juan Manuel Serradilla ha sobrecogido a todo el país. En redes sociales, centenares de mensajes lamentan no solo la pérdida, sino la falta de apoyo institucional que sufrió durante su enfermedad. Muchos españoles se sienten indignados al saber que no recibió la ayuda que necesitaba en un momento tan crítico, y algunos han llegado incluso a señalar al gobierno por su inacción.

Su historia no es solo la de un profesor que perdió la vida en el extranjero; es también la de un sistema que, según muchos, no estuvo a la altura. Y sobre todo, es la historia de un hombre querido que logró unir a miles de personas en torno a la compasión y la esperanza. Una esperanza que, esta vez, no pudo vencer al tiempo.

Anuncios