Fallece trágicamente Alfonso Ussía

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Alfonso Ussía: el último columnista irreverente que dictó su adiós entre susurros

El escritor y periodista Alfonso Ussía ha fallecido a los 77 años en la localidad cántabra de Ruiloba, poniendo punto final a una trayectoria vital cargada de ironía, sátira y letras afiladas como bisturís. Ussía no fue un periodista al uso, ni mucho menos un escritor domesticado por la corrección política. Hasta en sus últimos días, con la voz apagándosele por la enfermedad, insistió en formar parte de la conversación pública: su última columna, sobre el humorista Miguel Gila, la dictó a su hija Isabel cuando ya no podía ni sostener un bolígrafo. Era su forma de resistir, su pequeña trinchera, un acto final de rebeldía con tono castizo. Él mismo se definía en redes como “escritor, madrileño, andaluz, vasco y montañés de vocación”, una mezcla que da pistas sobre su personalidad vasta, contradictoria y profundamente española.

Una genealogía llena de letras, galones y nobleza

Nacido en 1948, Alfonso Ussía venía de una familia que parecía sacada de una novela coral de altos vuelos. Hijo del II conde de los Gaitanes, Luis de Ussía y Gavaldá, y de María de la Asunción Muñoz-Seca —hija del célebre dramaturgo Pedro Muñoz Seca—, Ussía mamó la literatura y el compromiso ideológico desde la cuna. Su árbol genealógico estaba lleno de apellidos de peso: fue primo del escritor Borja Cardelús, sobrino del teniente general Jaime Milans del Bosch y padre del también novelista y columnista Alfonso J. Ussía. Una saga de tinta, uniformes y títulos que, lejos de condicionar su carácter, lo afiló aún más. En vez de acomodarse, prefirió hacerse un nombre propio con columnas cargadas de ironía y una verborrea elegante que no perdonaba ni a los suyos.

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De las aulas al papel: una carrera sin títulos pero con voz propia

Aunque pasó por los colegios del Pilar y Alameda de Osuna, y cursó Derecho y Periodismo, Ussía no terminó ninguna de las dos carreras. Pero su verdadera formación fue la vida misma, y sobre todo la prensa. Se fogueó en el diario *Informaciones*, bajo la dirección de Jesús de la Serna, y con Juan Luis Cebrián como subdirector. De ahí saltó a las páginas de *ABC*, y más tarde a *Diario 16*, *Ya*, y revistas como *Las Provincias*, *Litoral* o *El Cocodrilo*, esta última bajo su dirección. También tuvo una etapa en *La Razón*, en el semanario *Tiempo*, y en sus últimos años, en el digital *El Debate*, desde donde firmó sus columnas hasta el final. Su estilo, siempre cargado de humor mordaz, lo convirtió en una figura única en el panorama periodístico español.

Una voz que saltó del papel al micrófono y la pantalla

Además de escribir, Alfonso Ussía fue un habitual en las ondas y la televisión. Participó en programas como *Protagonistas* y *La Brújula*, ambos de Onda Cero, donde compartió micrófonos con grandes voces del periodismo radiofónico. En la televisión también dejó huella: fue parte del elenco del programa *Este país necesita un repaso* de Telecinco, donde compartió mesa con figuras como Antonio Mingote, Antonio Ozores, Chumy Chúmez, Tip y Coll, y Miguel Durán. Un verdadero “dream team” del humor crítico de los años 90. También ideó dos series televisivas: *El marqués de Sotoancho* (2000) y *Puerta con puerta* (1999), llevando su universo literario a la pequeña pantalla con un toque de sátira aristocrática.

Una obra escrita con colmillo y retranca

En su faceta como autor, Ussía firmó libros que hoy siguen resonando por su capacidad de retratar lo español desde la caricatura y el ingenio. Títulos como *Tratado de las buenas maneras*, *Manual del ecologista coñazo* o las célebres *Memorias del Marqués de Sotoancho* resumen su universo: un equilibrio entre la ironía, la crítica social y una visión profundamente personal del mundo. Su humor no era gratuito: era un mecanismo de defensa, una forma de entender la realidad sin filtros, con la elegancia de quien conoce la sátira clásica y la irreverencia de quien no teme al qué dirán.

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Reconocimientos a una pluma que nunca se vendió

Su carrera fue reconocida en numerosas ocasiones. Recibió el prestigioso premio de periodismo Mariano de Cavia, el González Ruano, la medalla de oro de la Comunidad de Madrid, la Gran Cruz del Mérito Naval con distintivo blanco y la Gran Cruz de la Orden del Dos de Mayo. Sin embargo, más allá de los galardones, lo que realmente consolidó su legado fue su coherencia: nunca se disfrazó, no cambió de voz para agradar a las modas ni escondió su pensamiento en la ambigüedad. Su columna era su trinchera, y desde ahí disparaba ironía, nostalgia, crítica y verdad.

El último artículo, el último suspiro

La escena final de Alfonso Ussía parece sacada de una película de esas que terminan con un golpe seco al corazón. Enfermo, sin voz, y sin fuerzas para escribir, dictó a su hija Isabel su última columna. Una despedida entre líneas, con tinta invisible pero imborrable. En ella hablaba de Miguel Gila, otro genio del humor, quizás como una forma de cerrar el círculo. Porque si algo fue Ussía, fue eso: un humorista serio, un periodista con alma de dramaturgo, y un escritor que usó la sátira no solo como arte, sino como arma.

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