Sale a la luz que significan en realidad los cables negros que a veces vemos en las carreteras

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Los cables negros que cruzan las carreteras: no son lo que crees

Puede que los hayas visto cientos de veces al conducir por alguna carretera secundaria o incluso por calles dentro de una ciudad: unos cables negros, finos y discretos, que cruzan de lado a lado el asfalto. Muchos conductores se preguntan si son algún tipo de radar, si sirven para poner multas, o si están ahí con algún fin oscuro que se nos escapa. Pero la realidad es mucho más técnica, y aunque estos elementos pasan desapercibidos, cumplen una función crucial para la gestión del tráfico y la mejora de la seguridad vial.

No son cables… son tubos con aire (y no te multan)

Para empezar, conviene aclarar algo que desmonta muchas teorías conspiranoicas: estos «cables» en realidad no son cables eléctricos, ni dispositivos que graben infracciones. Son tubos neumáticos, es decir, tubos rellenos de aire que detectan la presión cuando pasa un coche por encima. Se suelen fijar a elementos como postes, farolas o señales de tráfico, y su presencia no implica ningún tipo de vigilancia policial. Además, para multar sería necesario contar con cámaras que capturasen la matrícula del vehículo y registrasen el momento exacto de la infracción, algo que estos tubos no hacen.

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¿Quién los pone y para qué sirven realmente?

La instalación de estos tubos corre a cargo de organismos como la DGT o los ayuntamientos, y su propósito es meramente informativo. Sirven para contar cuántos coches pasan por una determinada vía, en qué franjas horarias lo hacen, a qué velocidad circulan y si se producen acumulaciones que puedan derivar en atascos o peligros potenciales. Con estos datos en la mano, las administraciones pueden tomar decisiones como mejorar las marcas viales, rediseñar intersecciones o estudiar la necesidad de construir nuevas infraestructuras. «De esta forma, los organismos que tienen la competencia en cada caso estudian si pueden mejorar la infraestructura y las marcas viales para resolver o, por lo menos, paliar este problema», detallan desde el club automovilístico RACE.

Todo queda registrado en mapas de tráfico públicos

Este trabajo de recopilación de datos no se queda guardado en un cajón. El Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible publica anualmente un archivo de mapas de densidad de tráfico que está disponible para cualquier ciudadano. En ellos se puede consultar información detallada sobre el volumen de vehículos, su distribución horaria, velocidad media, y hasta zonas donde se han producido accidentes. Estos mapas son herramientas clave para urbanistas, técnicos de tráfico, periodistas y cualquier persona interesada en el estado de nuestras carreteras.

Así funcionan los famosos cables negros

Aunque su aspecto es rudimentario, el sistema que hay detrás de estos tubos es bastante ingenioso. Tal y como explican desde la cuenta de TikTok «1 Datín», especializada en curiosidades, «al paso del vehículo, se ejerce una presión que es recogida por un sensor que se encuentra en el extremo». Este sensor transmite la información a una pequeña centralita, que suele estar dentro de una caja y que funciona con baterías. La centralita va almacenando los datos de todos los vehículos que pasan por encima del tubo, para que después, cuando se retire el sistema (porque son instalaciones temporales), se pueda analizar la información recogida y tomar decisiones con fundamento.

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Información, no vigilancia: una herramienta invisible pero vital

En un mundo cada vez más acostumbrado a las cámaras y a la vigilancia constante, estos tubos negros demuestran que todavía existen formas de recoger información útil sin invadir la privacidad. No graban, no identifican a los conductores, ni multan. Solo cuentan, registran y ayudan a que nuestras ciudades y carreteras funcionen mejor. La próxima vez que pases por encima de uno de ellos, recuerda: no te están espiando… solo están tomando nota.