Nos han dicho… Un Guardia Civil anónimo aclara si le han pedido que NO multe a los coches que no lleven la baliza V-16

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Caos en las carreteras por las balizas V16: multas, contradicciones y una Guardia Civil sin instrucciones claras

La confusión entre los conductores españoles está alcanzando niveles insospechados, y no es para menos. Desde hace meses se habla de la obligatoriedad de las famosas balizas V16, esos dispositivos luminosos que deben sustituir a los tradicionales triángulos de emergencia. Pero mientras las campañas informativas lanzan mensajes ambiguos, las declaraciones del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, hablan de «flexibilidad» y los medios informan sin parar, en la carretera lo único que reina es el desconcierto. ¿Son ya obligatorias? ¿Se puede seguir usando el triángulo? ¿Multan si no la llevas? En medio de este embrollo normativo y mediático, los únicos que de verdad tienen que hacer cumplir la norma —los agentes de la Guardia Civil de Tráfico— también parecen estar navegando en terreno pantanoso.

Un agente de tráfico rompe el silencio: “Nadie nos ha dicho que no multemos”

En un intento por esclarecer la situación, El Debate ha hablado con un agente de la Guardia Civil, que por razones obvias ha preferido mantener su anonimato. Sus respuestas, aunque breves, han sido demoledoras. “Nadie nos ha dicho que no multemos”, afirma con contundencia, desmintiendo cualquier interpretación laxa de la norma. Según él, la legislación vigente establece con claridad que los conductores deben llevar la baliza V16, y por tanto, no hay margen para la duda: si no la llevas, te pueden multar. Punto. Sin excepciones. Y sin flexibilidad que valga.

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¿Dónde están las balizas V16? “¿Usted las ve en la carretera? Nosotros tampoco”

Una de las declaraciones más llamativas del agente fue su respuesta a una pregunta directa: ¿se ven las balizas V16 en la carretera? Su reacción fue tan honesta como lapidaria: “Las balizas son un error. ¿Usted las ve en la carretera? Pues nosotros tampoco”. Este comentario refleja el gran abismo entre lo que dice la ley y lo que realmente ocurre en la práctica. Aunque reconoce que cada vez más conductores las usan, también admite que no tienen datos oficiales y que se guían únicamente por lo que ven en su día a día. Y lo que ven no es precisamente una autopista iluminada por luces V16.

Multas en el aire y órdenes que nunca llegaron

Otra de las grandes sorpresas que revela el testimonio del agente es la completa falta de coordinación dentro del propio cuerpo. Según comenta, no han recibido ninguna instrucción específica para sancionar —ni para no sancionar— en relación con la V16. Es decir, están en tierra de nadie. Lo que sí tienen claro es que su obligación es velar por la seguridad, y eso incluye verificar que se cumpla con la señalización en caso de emergencia. Si un conductor se queda tirado y no usa la baliza, entonces sí, la multa cae. Y en esos casos, la flexibilidad que prometía Marlaska brilla por su ausencia.

Una norma mal explicada, peor implantada y con cero pedagogía

Lo que está ocurriendo con la baliza V16 es el ejemplo perfecto de cómo no implementar una medida de seguridad vial. Pese a ser un dispositivo que nació con buena intención —hacer más segura la señalización de emergencias evitando que el conductor tenga que bajarse del coche en plena carretera— su puesta en marcha ha sido un absoluto despropósito. Hay desinformación, falta de campañas pedagógicas y una cadena de comunicación completamente rota entre la administración, los agentes y los ciudadanos. El resultado es que ni siquiera los que deben hacer cumplir la norma están seguros de cómo aplicarla.

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Una herramienta útil… que aún no ha arrancado

Y es que nadie niega que la V16 sea una buena idea en teoría. Su uso reduce el riesgo de atropellos y mejora la visibilidad en caso de avería. Pero mientras no se aclare cuándo exactamente es obligatoria, qué modelos están homologados, y si se puede o no usar junto al triángulo, los conductores seguirán confundidos. Algunos llevan la baliza, otros siguen con los triángulos, y otros directamente no usan nada. Mientras tanto, los agentes hacen lo que pueden con la información (o desinformación) que tienen, sin que nadie desde arriba les diga claramente qué deben hacer.

¿Y ahora qué? Una pregunta sin respuesta

En conclusión, lo que debería ser un paso adelante en seguridad vial se ha convertido en una fuente de frustración y confusión generalizada. El testimonio del agente de tráfico es un jarro de agua fría para todos aquellos que pensaban que podían esperar un poco más antes de comprar la baliza. Si no la llevas y te toca un control con un agente que interpreta la norma como debe interpretarse, la sanción está asegurada. Lo que queda claro es que en esta historia, ni hay flexibilidad, ni hay instrucciones claras. Solo hay una ley en vigor… y un caos monumental sobre cómo aplicarla.

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