
La ciudad de Bristol vive un clima de creciente indignación tras revelarse que Anthony Snook, posteriormente condenado por el asesinato salvaje de dos adolescentes, había sido parado por la policía solo ocho días antes del crimen. En aquel control, los agentes localizaron un machete en el maletero de su vehículo, pero lo dejaron continuar su camino después de que él afirmara que el arma pertenecía a su “equipo de pesca”.
Las víctimas fueron Mason Rist, de 15 años, y Max Dixon, de 16, quienes murieron apuñalados en plena vía pública. La Fiscalía calificó el suceso como un “ataque de venganza” motivado por una confusión de identidad. Los adolescentes habían salido a comprar pizza cuando Snook, de 45 años, apareció a bordo de su Audi junto a Riley Tolliver, de 18, y otros tres menores de entre 15 y 17 años.
El ataque captado por las cámaras
Las grabaciones de las cámaras de seguridad (CCTV) mostraron cómo el grupo descendió del coche y persiguió a los dos jóvenes durante 33 segundos. Durante la persecución portaban un machete, un cuchillo tipo “zombie” y un bate de béisbol, armas con las que finalmente los alcanzaron.
El patólogo que examinó los cuerpos describió las lesiones como “inevitables y letales”, subrayando la extrema violencia del ataque. El caso sacudió a la comunidad local y abrió un debate inmediato sobre la actuación policial previa al crimen.
Las denuncias de la familia
Nikki Knight, madre de Mason, denunció públicamente que las autoridades “fallaron gravemente” a los adolescentes. Según relató, fue informada de que el 19 de enero de 2024 la policía había detenido a Snook y encontrado un machete en su vehículo, el cual fue incautado, aunque él no fue arrestado ni sometido a una investigación exhaustiva.
“Lo dejaron ir. Ocho días después mató a dos niños inocentes”, expresó con dolor. En aquel momento, Snook justificó la posesión del arma alegando ser un “pescador entusiasta” y que el machete formaba parte de su equipamiento habitual.
Condenas y polémica institucional
El incidente quedó registrado para “más investigaciones”, pero no se adoptaron medidas adicionales. Tras el juicio, Snook fue condenado a una pena mínima de 38 años de prisión por el doble asesinato, mientras que Tolliver y los tres menores también fueron declarados culpables por su implicación en el ataque.
La policía de Avon y Somerset defendió su actuación, asegurando que la intervención previa fue “totalmente apropiada” y que el procedimiento no avanzó porque Snook ya había sido acusado y sentenciado por los asesinatos. Sin embargo, para Nikki y las familias afectadas, esta explicación resulta insuficiente. “Si hubiera estado en prisión preventiva, mis hijos seguirían vivos”, afirmó. “Las autoridades tenían la oportunidad de detenerlo y no lo hicieron”.
Una comunidad que exige respuestas
Bristol continúa profundamente conmocionada por lo ocurrido, mientras las familias de las víctimas reclaman una revisión exhaustiva de los protocolos policiales y de las estrategias de prevención de la violencia juvenil. La exigencia de responsabilidades y cambios estructurales sigue creciendo entre los vecinos de la ciudad.