La pizza, del placer italiano al problema del supermercado

La pizza es, sin discusión, una de las comidas favoritas de millones de personas en todo el mundo. Un icono de la gastronomía italiana que, cuando se elabora con ingredientes naturales, masa bien fermentada y la mano experta de un pizzero, se convierte en una auténtica obra de arte culinaria. Sin embargo, esa experiencia está muy lejos de lo que suele encontrarse en los lineales de los supermercados, donde la pizza se transforma en un producto rápido, industrial y, según la OCU, preocupante desde el punto de vista nutricional.
El análisis que no deja lugar a dudas
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha puesto bajo la lupa 62 pizzas refrigeradas de jamón y queso, queso, barbacoa y vegetarianas disponibles en supermercados españoles. El veredicto es demoledor: solo cinco alcanzan una valoración aceptable en el sistema Nutriscore y, de ellas, únicamente dos superan el examen de la Escala Saludable de la OCU, un baremo todavía más exigente que penaliza el grado de transformación industrial.
La sal: el ingrediente que se pasa de frenada
Uno de los principales problemas detectados es el exceso de sal. Según el estudio, una ración habitual de pizza de unos 400 gramos contiene de media 6,4 gramos de sal. Traducido a cifras claras: eso supone el 128% de la cantidad diaria recomendada para un adulto. Un abuso especialmente frecuente en las pizzas de jamón y queso, que concentran buena parte de este exceso.
Grasas saturadas que disparan las alarmas
La OCU también señala un consumo elevado de grasas saturadas, que representan alrededor del 5% del contenido total de la pizza, muy por encima del límite recomendado del 3,5%. Este problema es aún más habitual en las pizzas de queso y las vegetarianas, que a menudo se perciben como opciones más ligeras, pero que no siempre lo son.
Aditivos a mansalva: del laboratorio al horno
Si hay algo que define a estas pizzas es la presencia masiva de aditivos. La media es de siete aditivos por pizza, aunque en algunos casos la cifra se dispara hasta 17. Entre ellos aparecen colorantes como E-150c y E-150d y conservantes como E-211, E-250, E-251, E-252 y E-341. Una lista larga y poco apetecible que deja claro el alto nivel de procesamiento del producto.
Ultraprocesados y aromas artificiales
El estudio también detecta un uso intensivo de ingredientes ultraprocesados como aromas, jarabes y dextrosas. En una de cada cuatro pizzas se contabilizan más de diez de estos componentes, el doble del límite considerado aceptable. El aroma de humo, uno de los más utilizados para simular sabores intensos, se prohibirá a partir de julio en productos que no sean tradicionalmente ahumados.
Las cinco pizzas que se salvan del suspenso
Dentro de este panorama poco alentador, solo cinco pizzas logran una calificación de C en Nutriscore: la pizza jamón y queso de Eroski; la Prosciutto de Hacendado (Mercadona); la pizza jamón y queso de El Corte Inglés Selection; la pizza barbacoa de Mamma Mancini de Aldi; y la Pizza&Salsa Pollo BBQ de Campofrío. Un grupo reducido que destaca más por descarte que por excelencia.
Las dos menos malas… pero con matices
De todas ellas, solo dos pizzas son consideradas elecciones aceptables según la Escala Saludable de la OCU. Este sistema no solo evalúa los nutrientes, sino que también penaliza el excesivo grado de transformación industrial. La conclusión es clara: incluso las “mejores” pizzas del supermercado deben consumirse con moderación y sin olvidar que, frente a una pizza casera o de pizzería tradicional, el producto refrigerado sale perdiendo en casi todos los aspectos.